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Canangucha, fuente de vida y economía para comunidades indígenas

Mujeres indígenas del pueblo Murui-Muina, en el municipio de Leguízamo, trabajan en la conservación y la transformación de la palma de Canangucha.
Martha Rentería

La Canangucha, especie de palma silvestre de la Amazonía colombiana, se ha convertido en la fuente de vida y dinamizadora de la economía en las comunidades indígenas del municipio de Leguízamo (Putumayo).

Por su enorme potencial alimenticio, las utilidades de su fibra natural y su enorme aporte a la conservación del medio ambiente, las mujeres de la comunidad indígena, La Samaritana, se unieron para cuidar y transformar su fruto en productos del consumo diario y la comercialización.

Así, la Canangucha puede degustarse en postres, helados, caguana, natilla, chicha y mermeladas, con las propiedades y el sabor natural del fruto que se caracteriza por su sabor ácido y alto contenido nutricional.

“La iniciativa es una forma de generar ingresos a las familias indígenas y hacer un aporte a la investigación, así como a la reforestación. Somos 20 mujeres, lideresas que nos hemos unido para enfrentar el calentamiento global a través de la conservación de la palma de Canangucha”, dijo María Biguidima, líder del proyecto.

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El sueño de dar un uso amigable e innovador a la palma de Canangucha, inició bajo el liderazgo de María Biguidima, quien propuso su idea a nivel departamental y recibió el apoyo de Conservación Internacional, para empezar a trabajar junto a otras mujeres que se motivaron a conservar la palma y empezar a transformar la pulpa del fruto en lo que ellas denominan “Soluciones ambientales para el Putumayo y Colombia”.

Primera feria de la Canangucha en Leguízamo

Con el respaldo institucional, el apoyo de sus esposos y las autoridades tradicionales, las mujeres de Samaritana, realizaron la primera feria de muestra de la Canangucha. Un escenario que les permitió mostrar al público las múltiples utilidades de la palma, desde lo alimenticio hasta lo artesanal.

Danzas, cantos, decoraciones y sabores, todo basado en la palma de Canangucha, la misma que sirve de alimento para los niños indígenas que crecen en territorio putumayense.

“El proyecto es posible gracias al apoyo de las abuelas, de los esposos, de toda la comunidad, que le apuestan a la propuesta. Es un trabajo en equipo que contribuye a la resolución de conflictos y la conservación ambiental”, indicó, Daniel Osorio, de Conservación Internacional

Con la bendición ancestral dada por la autoridad tradicional, Jaime Toikema, la Canangucha fue catalogada como dadora y generadora de vida para toda la naturaleza en la Amazonía.

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Hoy el proyecto Canangucha, camina de la mano de las mujeres de Samaritana y el gran desafío radica en dejar a sus hijos el legado de la protección de la palma que los ha albergado por tantos años en medio de humedales.

“Hay que seguir empoderando a nuestras mujeres, para que la propuesta siga surgiendo en medio de las dificultades. Esta es una palma que usamos para rituales y ceremonias que se hacen en fechas especiales” puntualizó Andres Muñoz, líder indígena.

 

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