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Ocho datos que tal vez no conocías sobre el Peñón de Guatapé, Antioquia

Este lugar, conocido también como Piedra del Peñol, es un punto emblemático para el turismo en Colombia con miles de historias y mitos.
Peñón de Guatapé, Antioquia
Foto: Pixabay.
Daniel Santa

Son múltiples los mitos que adornan la historia de la popular ‘Piedra del Peñol’, su nombre legítimo es Peñón de Guatapé, porque está ubicado en jurisdicción del municipio que lleva el mismo nombre. Guatapé es un pueblo bellísimo de la región Embalses de Antioquia. Su ícono es, en efecto, este enorme batolito de 220 metros de altura que se alza como una joya visible, imponente y única.

Un incesante peregrinaje de turistas tiene lugar en este atractivo natural. Desde su cúspide han sido captadas, por fotógrafos profesionales y aficionados, varias de las postales más preciosas de los paisajes de Colombia. Pero este sitio encierra, como decía al principio, una larga lista de mitos, historias, ficciones y realidades que, sin duda alguna, comprueban una vez más los límites a los que puede llegar el ingenio paisa con sus cuentos populares.

Hay quienes juran que el Peñón de Guatapé era objeto de adoración por parte de comunidades prehispánicas. Otros agregan que es apenas la punta visible de un gran meteorito, o que las grietas que ostenta su superficie son marcas producidas por el hacha del diablo. Más que 774 metros perimetrales de roca, este batolito es, en realidad, un fenómeno natural extraordinario alrededor del cual, de modo insospechado, se escribió la historia oficial de Guatapé.

Piedra del Peñol, Guatapé
Foto: Pixabay.

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Por eso, hacemos honor a los mitos y realidades que esconde el Peñón de Guatapé con diez datos (o historias, o curiosidades) sobre el que, de seguro, es el atractivo turístico más visitado de Antioquia. Para ello hemos conversado con Álvaro Idárraga Alzate, un maestro jubilado de 67 años, oriundo de Guatapé, quien se califica como un hombre que no es caminante, pero camina; que no es periodista, pero escribe; que no es investigador, pero investiga el fenómeno de la piedra desde hace 40 años.

1. Si bien las palabras piedra, peñasco, peñón, roca y peñol son sinónimos, debe considerarse ‘Peñón de Guatapé’ como el nombre correcto de la piedra. Pero, ¿qué explicación tiene el nombre ‘Piedra del Peñol’? Diríamos que el nombre original del municipio de El Peñol, vecino de Guatapé, es San Antonio del Remolino. Antaño, por él cruzaba el camino principal para llegar a la piedra, razón por la cual el municipio decidió adoptar el nombre de El Peñol, en una suerte de estrategia de georreferenciación. Sin embargo, la piedra está ubicada en jurisdicción de Guatapé. Con todo, en el argot popular ambos nombres son comúnmente aceptados.

2. ¿Es cierto que el Peñón de Guatapé es apenas la punta visible de un gran meteorito? Falso. La piedra no es un aerolito, ni un pedazo de criptón, ni un cuerpo celeste. Es, en términos geológicos, un batolito. Esta palabra proviene del griego báthos, que significa ‘profundidad’, y líthos, que significa ‘piedra’. Para ser precisos, este atractivo natural es una masa de roca de grandes dimensiones, consolidada en la corteza terrestre a gran profundidad.

3. Del piso hacia arriba, la piedra mide 220 metros de altura, pero su profundidad, según Álvaro, alcanza los 2.500 metros (o dos kilómetros y medio). De este modo, para llegar a la cúspide, es necesario subir 740 escalinatas. “La piedra es como un alfiler que solo está mostrando la cabecita”, dice Álvaro, quien asegura tener en su poder trozos de la roca que fueron removidos durante la construcción de la Central Hidroeléctrica de Guatapé, a kilómetro y medio de profundidad.

“Esa piedra es como una mano, puesta con los dedos hacia arriba. La uña del dedo anular es el Peñón de Guatapé, pero la piedra nace en el Norte de Antioquia, en el municipio de Entrerríos, con el Peñón de Entrerríos, que es como el pulgar. En San Vicente, oriente antioqueño, hay otro llamado Peñolcito de San Vicente. Otro dedo es la piedra de El Marial; esa sí queda en el municipio de El Peñol. También están El Tabor, en San Carlos, y El Castellón, en San Luis. Todas me las he caminado”, asegura. En efecto: es una mano de seis o más dedos, porque existen otras piedras que sobresalen en diversos sitios de Antioquia, pero que permanecen cubiertos de vegetación.

Piedra del Peñol, Guatapé
Foto: Pixabay.

4. ¿Qué decir del nombre a medio escribir en la superficie de la piedra? Sí, sobre la piedra aparece, en letras blancas, la inscripción “GI”. Hoy por hoy, este no es más que el vestigio de la intención truncada de un antiguo líder local de escribir un monumental ‘Guatapé’ sobre la superficie del batolito. Aquellas serían siete letras de 30 metros cuadrados cada una, en una iniciativa que, en su momento, costó 5 millones de pesos. Pero los habitantes de El Peñol notaron que el enorme letrero quedaría frente a su municipio y, por obvias razones, la idea comenzó a disgustarles.

“Entonces utilizaron dos formas para interrumpir eso: la legal y la vía de hecho. El tema fue muy delicado, pero lo justificaron con una norma que decía que la piedra era un monumento natural que no debía ser maquillado”, señala Idárraga.

5. Esto cuenta Álvaro: “La piedra era un mojón que hacía lindero entre cuatro fincas. Luis Eduardo Villegas López fue el primero en subir la piedra. Fue una subida a pulpitazos; un cura loco, llamado Alfonso Montoya, instó a la gente de Guatapé, en medio de los sermones de las 40 horas de las fiestas patronales, a subir de una vez por todas. Él decía que la gente de Guatapé era como los sapos, que se quedaban contemplando las piedras y les daba miedo dar el salto, sabiendo que allá (arriba) iban a encontrar la imagen de un santo, un milagro y oro. Les metió un poco de cuentos. Entonces este señor (Villegas) escaló la piedra. Luego se compró un pedacito de tierra al frente, y después fue comprando las demás fincas alrededor, una por una”.


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6. Hubo épocas en que la piedra fue un centro de peregrinaje. Gente de varios rincones de Antioquia llegaba a pie o en mula. De hecho, en sus alrededores han hallado vestigios de presencia de comunidades indígenas, posiblemente guatapés, guarós, guatamas o pantágoras. “Para ellos la piedra era como la imagen de Dios. Por un lado, veían salir el sol y por el otro lo veían esconderse”, cuenta.

7. El 16 de julio de 1954 es una fecha crucial en la historia del Peñón de Guatapé. Ese día, Luis Villegas, ayudado por Ramón Díaz y Pedro Nel Ramírez, se convirtió en el primer hombre en subir la piedra. Lo hizo por el costado más difícil. ¿Por qué? Porque su primer intento lo emprendió por la cara de la piedra en la que hoy están ubicadas las escaleras, pero a mitad de camino se topó con un avispero. Por supuesto, prefirió devolverse. “Con una escalera de hierro, comenzaron a clavar estacas y lazos, día tras día. Ponían una estaca, y dejaban el lazo. Tardaron cinco días para subir hasta la cima. Durante varios días subieron y bajaron con esos mismos lazos”.

8. En una hora pueden subir hasta 200 personas a la punta de la piedra. Entonces, será infructuoso cualquier intento de determinar cuántos millones de curiosos han hecho lo propio durante los últimos 68 años. “En 1960 comenzaron a construir las escaleras de madera. Eso duró hasta 1965 aproximadamente. Luego, comenzó la construcción de escaleras de cemento con doble ruta: una de subida y otra de bajada. Pero hay algo más impresionante: la piedra va creciendo, poco a poco, por diferentes fenómenos naturales. A los dueños les ha tocado construir, a lo largo de los años, hasta 20 escalinatas hacia abajo, en la entrada, porque ella va subiendo”.

Lo cierto es que, aún hoy, el Peñón de Guatapé sigue encarnando, más que un destino turístico de talla mundial, un sinfín de historias y tradiciones. Todavía hay personas que salen a deambular por sus contornos en las noches de viernes santo, a ver si encuentran una guaca, un entierro o una gallina, no con huevos, sino con pollitos de oro, cuyo picoteo tiene el poder metafísico de llenar de fortuna a los hombres.

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