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La Borona, un paraíso encantado en el municipio de Leguízamo, Putumayo

Luis Alberto Torres y su familia trabajan en este emprendimiento ecoturístico que también propende por el cuidado del medio ambiente.
Juan Miguel Narváez Eraso

Enclavado en un ‘terrón’ de la selva del bajo Putumayo emerge La Borona, atractivo ecoturístico y gastronómico comunitario de Leguízamo; que a partir de esas bondades naturales y de la cocina tradicional, Luis Alberto Torres y su familia en la vereda San Antonio, le apuestan a la piscicultura, a la transformación de frutos amazónicos y a la preservación de la fauna silvestre.

Esta novedosa propuesta que, según Luis y su esposa Amanda Gutiérrez, nació hace 15 años con mucho esfuerzo y dedicación. Está rodeada de exóticos árboles amazónicos, como el Asaí y la Canangucha, que atraen a numerosas bandadas de loros, micos y pericos ligeros.

En este “Paraíso Encantado” del bajo Putumayo, ubicado a tan solo 15 minutos del casco urbano de Leguizamo, la familia Torres Gutiérrez asegura que propios y visitantes que llegan al santuario de fauna y flora silvestre, quedan entusiasmados no solo por el particular canto de las aves, el sabor de la cachama y del pirarucú, sino por la manera de reencontrarse con la madre naturaleza.

La Borona es una oportunidad para participar del avistamiento de aves y de osos perezosos, especies que únicamente suelen observarse cuando los pobladores se desplazan por las aguas del río Putumayo hacia Puerto Asís o en la espesa selva de la Amazonía colombiana.

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A partir de la piscicultura, Luis Alberto y Amanda Gutiérrez promueven en Puerto Leguízamo, la gastronomía tradicional.

Gastronomía local

La Borona también es un lugar para degustar el sabor especial de la Cachama y el Pirarucú. Y es Amanda, quien hace más de un año culminó en el Servicio Nacional de Aprendizaje - SENA, un curso sobre gastronomía típica, quien encanta el paladar de los visitantes con sus platos de cachama frita, horneada o sudada.

Su amor por la piscicultura y la preservación de las especies acuáticas en peligro de extinción, llevaron a esta pareja de campesinos a crear dos estanques para la cría exclusiva de Arahuana y Pirarucú, peces que, por su apetecida carne y belleza, están en peligro de extinción.

La Borona es el único lugar donde colombianos y extranjeros tienen la oportunidad de evidenciar la belleza natural del Pirarucú y la Arahuana plateada, peces que, según Luis Alberto y Amanda, atraen a mexicanos, peruanos, ecuatorianos, japoneses y chinos, entre otros. Aseguran que mientras en otros lugares algunos se sienten atraídos por el sabor de la carne de dichas especies, los occidentales que han llegado hasta el parque natural La Borona se han mostrado sorprendidos al observar los místicos movimientos y coloridos destellos de las escamas de esos peces al nadar.

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Luis Alberto y su esposa Amanda promueven el cuidado de la fauna y flora silvestre.

Generación de empleo

Este emprendimiento inspirado en el ecoturismo comunitario y sostenible genera más de 40 empleos directos e indirectos, tal como lo afirma María de Jesús Rivera, quien en La Borona obtiene el ingreso económico para el sostenimiento de su familia.

Desde que surgió este atractivo ecoturístico, precisa que, junto a Amanda Gutiérrez, pone en práctica sus secretos gastronómicos para dar el mejor sabor a la cachama, a las gallinas criollas, al Chontaduro y al Arazá.

¿Por qué La Borona?

El nombre de La Borona surgió en el año 2006 a raíz de un diálogo que Luis Alberto sostuvo con un amigo del lugar. Recuerda que, en ese entonces, su allegado al ver que el referido predio estaba ubicado entre grandes extensiones de tierra dedicadas a la ganadería, éste le había dicho que el lote en comparación a los demás era una borona.

Luis Alberto se sorprendió al escuchar esa palabra sin saber su significado, por lo que preguntó a su conocido qué quería decir con ello, y éste en un tono jocoso le dijo que su hectárea de tierra en comparación a las grandes extensiones de predios que rodean el lugar, se asemeja a un pedazo de galleta.

Recuerda que esa graciosa comparación lo llenó de entusiasmo y decidió bautizar a su proyecto comunitario ecoturístico y sostenible, como La Borona.

Frente a las invaluables bondades tradicionales y ecológicas que ofrece el lugar en Leguízamo, Luis Alberto Torres y su esposa Amanda Gutiérrez se constituyen en ejemplo para que la sociedad también se comprometa con la preservación de los recursos naturales.

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