El tono de Toninho

Jaime Andrés Monsalve

Jaime Andrés Monsalve, jefe musical de Señal Radio Colombia, habla de uno de los invitados del Festival Internacional de Música de Cartagena, en publicación originalmente impresa en El Pentagrama, periódico oficial del evento.
Foto: www.toninhoferragutti.com.br
Foto: www.toninhoferragutti.com.br

Por más brasileña que sea la pinta del berimbau o del cavaquinho, pocos instrumentos musicales podrían estar tan cargados de sentir verde-amarelho como el acordeón. Lo mismo podrían decir respecto del acordeón vallenato las vecindades cercanas a esta Cartagena que ya se empieza a llenar de música; pero la situación es distinta: en Brasil el acordeón resultó ser el compañero perfecto para muchos géneros, en diversos lugares del país.

El samba, el choro, el forró y la música popular sertaneja no serían lo mismo sin la participación de la sanfona, como popularmente se le llama al acordeón piano; o de la gaita ponto, que no es otro sino el acordeón nuestro, el fuelle con botonera.

El acordeón ha trazado una línea imaginaria por prácticamente todo el Brasil con costa, desde la llamada región del Nordeste, que en sus nueve estados alberga a una población tan grande como la de Colombia, hasta Río Grande do Sul, la región más meridional del país.

Entre un lugar y otro, está el estado de São Paulo, dotado de un cosmopolitismo que tan solo una ciudad capital como la suya puede ostentar. Las migraciones y los intereses variopintos de sus artistas se han encargado, parafraseando aquella famosa canción de soul norteamericana, de hacer de São Paulo una “tierra de las mil danzas”.

Dotada del sentido rítmico del choro, pero provista del lenguaje del sonido de cámara, la obra del compositor paulista António de Pádua “Toninho” Ferragutti transita por los caminos de la música académica y las influencias directamente ejercidas por su padre, el saxofonista Pedro Ferragutti, así como por otras tendencias populares regionales. “El acordeón es de una gran importancia, sobre todo en las regiones sur, nordeste y centro oeste de Brasil –asegura el músico–. Se trata de un instrumento muy popular en las tradiciones de cada una de esas regiones, donde le imprimen su estilo propio, siempre lleno de sentido, olores y colores”.

Nacido en la pequeña población paulista de Socorro, un distrito con énfasis turístico con apenas 34.000 habitantes, Toninho aprendió los rudimentos del acordeón de manos de su propio padre, y se hizo parte desde pequeño de grupos dedicados a la ejecución de choros, dobrados, valses y otros ritmos tradicionales del sonido gaucho brasileño.

Luego de vivir en la ciudad vecina de Campinas para continuar su perfeccionamiento musical en el conservatorio, y dejando a un lado los años dedicados al estudio de la medicina veterinaria, Ferragutti se trasladó a São Paulo, donde desde principios de la década del 80 se dio a conocer como acompañante de grandes figuras de la llamada Música Popular Brasileña (MPB) como Gilberto Gil, Lenine, Elza Soarez, Dorival Caymmi y una de sus mayores influencias, el también acordeonista y compositor Hermeto Pascoal.

Las labores al lado de tan determinantes músicos hicieron que Ferragutti se decantara por la exploración de un sonido propio. “Siempre me ha gustado todo tipo de música y creo que en mi escritura hay una mezcla, un poco de todo –explica–.

Eso es lo que le sucede a un músico que viene de un pequeño pueblo y se mueve a una gran ciudad como São Paulo”. Desde el comienzo, la apuesta funcionó: su trabajoSanfonemas fue nominado al Grammy Latino en 2001, y varias de sus producciones posteriores han sido muy bien calificadas por la crítica especializada del mundo entero.

Durante sus presentaciones en el Festival de Música de Cartagena, Toninho Ferragutti se presentará con su quinteto, así como en dúos con el clarinetista italiano Gabriele Mirabassi, músico debidamente fogueado en la que será su tercera participación consecutiva en esta festividad de los sonidos.

Llama la atención desde ya la ejecución de su anunciada Fantasía para acordeón y ensamble de cuerdas, opus al que le dedicó por meses los tiempos muertos de las giras en aviones, buses, cuartos de hotel y camerinos.

Tras la presentación el año pasado de Guinga, virtuoso brasileño de la guitarra o violão, el Festival Internacional de Música de Cartagena sigue consolidando su llamada Serie de Música del Nuevo Mundo, y le apuesta nuevamente a los territorios del país verde con Toninho Ferragutti, creador personalísimo que seguramente reiterará la buena salud por la que atraviesa la música de autor latinoamericana que asume lo popular como punto de partida. Lo dice el artista mismo: “Espero hacer un hermoso concierto tocando mis canciones, y así hacer que la gente descubra un poco la música instrumental que se está haciendo hoy en Brasil”.