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Armero: una tragedia que no termina

Hace 27 años, Armero, conocida como la ciudad blanca se lleno de lodo y lágrimas. Una avalancha que bajó desde el Nevado del Ruiz a las 11:45 de la noche sepultó a cerca de 25.000 personas. Muy pocos tuvieron tiempo de reaccionar. Armero se borró del mapa.

“Mi papá era un hombre viejo de cincuenta y algo por lo mismo era un hombre sabio, por eso mismo el se dio cuenta que lo que había pasado no era una simple inundación, él nos ubicó de forma que no viéramos para el lado del pueblo, si no que viéramos para este lado y dijo ahí se quedan acurrucaditas y nosotras le decíamos, que dónde estaba mi mamá y el nos dijo no mijita, vamos a seguir hasta Guayabal porque allá es más fácil tener noticias, no hay nada que mirar, él nunca nos dejó mirar” dice María Mercedes Segura Ayala, sobreviviente de Armero.

Maria Mercedes Segura tenía tan solo 12 años y nunca volteó a mirar. Desde entonces su vida dio un giro inesperado. Armero se convirtió en un recuerdo lejano, así como su madre que vivía al otro lado de la vía con su otra hermana, Maria del Pilar de 3 años. Los días siguientes a la tragedia no se le borran de la cabeza.

“En ese punto como era el punto de atención más cercano a dos días de camino, habían instalado unos galpones; aquí atendían enfermos, heridos, muertos, pedazos, ahí en una planicie bajaba un helicóptero de la Fuerza Aérea y llevaban socorristas, había una mujer y ella estaba muy herida en el brazo pero la mujer era todo el tiempo así -como rezando- si pero aquí sus manitos de un momento a otro dijeron “viene un helicóptero dónde pueden ir sentados” entonces listo paró el otro helicóptero, y cuando le dijeron a esta mujer que se bajara de ese para subirse al otro dónde podría ir sentada bajan la mujer y un socorrista le abre las manos “señora que lleva” pensando que iba herida o alguna cosa y le abren las manos y llevaba la manito de su bebé, la avalancha se lo arrebató.” Recuerda María Mercedes

Luego de salir de Guayabal, Maria Mercedes vivió en Bogotá, viajó a Francia, estudió, tuvo una hija e hizo una vida lejos del Nevado del Ruíz. Pero durante todos estos años ha guardado una corazonada que desde hace unos meses palpita con más fuerza...

“El año pasado exactamente, nunca veo noticias, para ese día 13 nunca miro, nunca volví, pero por alguna razón estaba trabajando y me dice mi esposo ¡oiga y usted qué hace en Armero! y me dice es que es usted. Mi hija me dice esta es tu mamá, es la foto que tienes de tu mamá, esa señora es tu mamá” Cuenta Maria Mercedes con incertidumbre.

Foto: Mario Carvajal - Flickr

María Mercedes supo de un hombre llamado Francisco González. Este hombre que creció en las calles de Armero se dedica desde hace algunos años a lograr el reencuentro de muchas familias que aún hoy siguen perdidas o sin noticias de sus familiares. Hoy día están rastreando los casos de al menos 30 niños, pero en su base de datos tienen más de 100 búsquedas pendientes.En Guayabal, a Francisco lo llaman Armando, por su fundación "Armando Armero"


“Si se creía que Armero se podía inundar pero no que se podía arrasar la gente no recordaba porque en las escuelas, en los colegios no se hablaron de las avalanchas anteriores: la de 1595, la de 1845 o incluso dos registradas entre el siglo primero y siglo segundo antes de Cristo. El piloto Rivera a las 6:30 de la mañana o antes, por Caracol sale una noticia que dice Armero ha desaparecido completamente del planeta. El piloto está loco, como así que Armero está desaparecido, a dónde está parado. Cuando empiezan las noticias uno ve que si es real, pasó algo, y pasó algo grave".

Armero estaba lleno de lodo, y el ruido, las ambulancias y muertos, y heridos y se pone uno a esa pesquisa de buscar uno a sus familiares, a sus amigos y se mete uno también en el lodo y dura uno buscando y rescatando heridos, buscando y la angustia que vivíamos todos. De que su padre está en Lérida, corra, que lo vimos en Guayabal, pasan esos días y dice uno pues acá ya no podemos hacer nada, el padre ya murió ya hay que aceptar eso, a algunos se les demora un poco pero después de vivir ésta catástrofe si mi padre salió vivo es un milagro...” Narra Francisco.

Sobre los que fue Armero hoy está lo que llaman el “Parque de la vida”, un nombre para olvidar que estamos sobre un Campo Santo. Donde antes había calles, colegios y mercados, hoy crecen árboles en desorden. Los guías han convertido la tragedia en negocio: venden vídeos, veladoras y oraciones.

El único rastro visible de que aquí hubo una ciudad son las ruinas de algunos edificios altos que ahora parecen casas de un piso. Entre el verdor de la vegetación sobresalen las lápidas y las cruces blancas que algunos clavaron en memoria de sus seres queridos.

Pero muchos aún no han podido sepultar la historia de esta tragedia. Como María Mercedes existen centenares de personas que aún buscan a sus hijos, padres o hermanos, que el lodo les arrebató de las manos, pero el tiempo no se los ha devuelto.

“Descubrimos que hubo niños que fueron adoptados de formas regulares o irregulares, otros los robaron y se encuentran en países como Holanda, Bélgica, España, entonces estamos tratando de lograr estos reencuentros, ayudándole a las madres y a los niños” Explica el líder de la Fundación.

Así es como Gladys Tovar, luego de enterarse de la campaña que adelantan con los niños perdidos de Armero, buscó su ayuda.

“Vivíamos en Armero pero en el momento de la tragedia no me encontraba allá, se encontraban mis papá y mi hijo Juan Manuel Castro Tovar...decían que habían visto a mi mamá con el niño. Él estaba haciendo 5to de primaria. Era alto muy vivo, trigueño. Con la esperanza que ha aparecido tanto niño, de pronto el niño salió vivo. Con la ayuda de la fundación se nos hace el milagro...”Dice Gladys con la voz entrecortada.

Como Gladys, Don Martín Sepúlveda busca también a sus tres hijos: Martín que en ese entonces tenía 14 años, Sandra Elisabeth de 11 y Sulma Brigith la pequeña de 5:

“Yo los busqué por todas partes, pero no los encontré, yo me salvé porque no alcancé a llegar, estaba en el cementerio y ahí no nos pasó nada. Uno oye programas, yo nunca he perdido la esperanza con los tres que tuve, aunque sea recuperar uno. Ya que podemos hacer, tener esperanza”.

Foto: Leonardo López - Flickr

Para Francisco existe un protocolo para la búsqueda: “Pero cuando alguien nos dice mi hermanita la llevaron dos vaqueros para Maracaibo. Vamos hasta allá y miramos que si es verdad, cuando alguien nos dice no volví a saber nada de mi niña, pues no hay ningún indicio”

Maria Mercedes, por ejemplo, tiene indicios de que su madre se encuentra con vida. Es la única de su familia que se ha puesto en la tarea de averiguar. Su hermana mayor no quiere saber nada, y su padre quien al principio busco por cielo, lodo y tierra a Maria del Carmen y Maria del Pilar, madre y hermana, murió hace 10 años: la pérdida de casi todo en Armero lo volvió alcohólico.

“Aquí hace unos tres años me llamó mi suegra como a media noche, me dijo Mercedes, vengase para la Gran Estación, y me dijo es que hay una mujer pidiendo limosna y es verla a usted con 20 años más...” Recuerda la sobreviviente.

Este 13 de noviembre María Mercedes piensa volver a Armero. Quiere ver la realidad de frente, 27 años después que su papá le dijo que no volteara a mirar.

“Yo voy este 13 de noviembre me siento ahí dónde creo que se congrega la gente y me vengo el mismo día no tengo nada que hacer allá. Ojalá la encuentre la del vídeo y descarte esa situación, yo sé que sí. Lo de mi hermana no sé si tiene que aparecer, aparece”

Hoy, los rostros de los sobrevivientes de Armero reflejan una tranquilidad inconclusa. Los armeritas, siguen siendo los damnificados perpetuos que dejó el desborde del aparentemente inofensivo río Lagunilla custodiado desde atrás por el hoy silencioso e inmaculado Nevado del Ruíz.

Si usted tiene alguna información de María del Carmen Ayala, madre de Maria Mercedes, de Juan Manuel Castro, hijo de Gladys, o de Martín, Sulma, o Sandra, hijos de Martín Sepúlveda, puede comunicarse con la Fundación Armando Armero.

Escuche la historia aquí.