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Chicha: una tradición de resistencia

Luis García y Luis Ruíz son los catadores de chicha más reconocidos del barrio y además los creadores del festival de la chicha que se celebra cada año, desde 1988.

"Mi nombre es Luis García. Llevo 73 años viviendo en la Perseverancia. En la carrera 6a. con calle 31 habían tres chicherías industriales. Una se llamaba La Campana, otra se llamaba Las Violetas y otra se llamaba Las Orquídeas. La campana era del doctor Alfonso López Pumarejo. Cuando él la dejó pasó a ser nociva para la salud y la perseverancia se volvió una chichería todo el barrio".

Para García la chicha y Jorge Eliecer Gaitán son los emblemas principales de este tradicional barrio

"Gaitán venía mucho a la Perseverancia porque el barrio era gaitanista", recuerda García. "Él venía y se echaba sus chichas acá".

Cuenta García que durante la revuelta y los saqueos del 9 de abril del 48, detonada por la muerte de Gaitán, la gente no sólo estaba furiosa... también borracha.

"La gente cogió las cigarrerías importantes y se pusieron a tomarse el whisky, que era una bebida para los dioses... eso ni tocarla podía el pueblo", recuerda García. "A muchos se los llevaron al anfiteatro pero de la perra que tenían".

"El señor que atendía el anfiteatro era muy amigo de mi papá y le contaba que tuvo varios sustos porque los muertos se le paraban. Eran los que estaban borrachos que empezaban a levantarse y él se pegaba unos sustos terribles", cuenta García.

García dice que a la chicha se la acusó de muchos males, para esconder el malestar social, la falta de educación y la pobreza en la que estaba sumido el pueblo. También para abrirle espacio a la nueva industria del licor, en particular la cerveza.

"Antes de terminar el 48 empezaron a perseguir la chicha aquí en el barrio. Decían que lo del 9 de abril era porque todos estaban enchichados. Pero eso era mentira. Eso era una propagandita que hacían los señores de Bavaria porque la chicha se vendía mucho más que la cerveza", dice García.

"Entonces empezaron a sacar afiches donde decía que la chicha embrutecía, que la chicha degeneraba, que la chicha era muy mal preparada higiénicamente…pero la gente seguía tomando chicha…", continúa García.

Pese a la persecución desatada por las autoridades sanitarias en la década del cincuenta La Perseverancia, casi que haciendo honor a su nombre, ha sido un barrio que persevera en su consumo y preparación.

"La chicha no se ha acabado todavía, pero sí hubo mucha persecución. Nombraron unos guardas que sabían dónde existían chicherías, entraban y rompían barriles, ollas, todo lo de la chicha", dice Luis Ruiz. "Aquí se llegó a tener hasta un acueducto de chicha… la gente se inventó un tanque y cuando abrían salía chicha por el tubo. Pero cuando venían los guardas salía era agua".

El Festival de la vida, la dicha y la chicha que se celebra cada año en el barrio la Perseverancia, se ha convertido en la excusa perfecta para recordar la alegría de haber triunfado. Aquí está la memoria viva, no sólo de cómo hay que tomarla, sino también de cómo prepararla …

"Yo sola la manipulo, yo misma la hago toda…", cuenta Rosa Inés, una de las chicheras más famosas del barrio, más conocida como Sancocha. Según ella," si otra mano le mete, de pronto quedó clarita ¿pero por qué si yo la ví espesa? La mano de pronto de otra persona la corta".

García resalta como un vaso de chicha en perseverancia, tiene toda la tradición: las señoras muelen su maíz, usan sus recetas y le meten su amor a la chicha. "Porque ud sabe que la chicha es una bebida que se prepara y es muy celosa… tiene que ser la misma persona que empezó el proceso, la misma debe ser la que termine y despache la chicha", dice.

Antes de tomarse su próxima chicha en el barrio La Perseverancia, tenga en cuenta las recomendaciones de los expertos:

"La chicha no se puede tomar si está muy dulce. Si usted toma y le arde la garganta, no tome más porque está pasada de fermento y se dispara el metanol. Si está lavada, peor: dolor de estómago. La chicha necesita mínimo 21 días de fermento", repasa García.

Contra todo pronóstico, la chicha sigue viva. Y hay que beber chicha, porque, como dicen aquí en La Perseverancia, “la chicha reconforta, chupa y aprieta”.

Oriana Zapata, una crónica para Radio Nacional de Colombia