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Humedales: las joyas verdes de Bogotá

En Bogotá viven 8 millones de personas. En medio de esta gran urbe, entre calles y avenidas, sobreviven algunos parches de lo que fue este territorio antes que lo volviéramos la ciudad más poblada de Colombia.

Aunque amenazado por la mancha de cemento que crece todos los días, existe un espacio lleno de verde, aire puro, espejos de agua, vegetación y animales únicos: los humedales de Bogotá.

El 90 % de la Sabana de Bogotá era un gran humedal. Hoy queda menos del 10% de sus cuerpos de agua, según la Defensoría del Pueblo. Nuestra relación con estos ecosistemas siempre ha sido conflictiva: están quienes ven una mina de belleza, agua y servicios ambientales y quienes creen que se trata de simples lodazales, nido de zancudos, una oportunidad perdida de urbanizar.

Este debate lo viven en carne propia, todos los días, los habitantes del sector de Suba Rincón en el norte de la ciudad y los 8 barrios que se construyeron alrededor del brazo del Humedal Juan Amarillo, también conocido como Tibabuyes, donde viven cerca de cien mil personas.

Carlos Andrés Díaz, vive en el barrio Lagos de Suba: desde su ventana se ve la trágica situación de este humedal, depósito de escombros, basura y refugio de pandilleros. Por eso, decidió hacer algo para cambiar las cosas.

 “Es una zona muy deprimida, el contexto del brazo del humedal Juan Amarillo es que se encuentra en la UPZ El Rincón que tiene las densidades poblacionales más altas de Colombia”.
Juan Amarillo es prácticamente el único acceso a zonas verdes, aire puro y silencio para los miles de habitantes de este sector. Sin embargo, la situación que describe Carlos Andrés hace imposible que la gente aprecie su valor. Algunos habitantes que piden que se recuperé este ecosistema convocaron a un recorrido por el brazo del humedal. Sólo 20 vecinos llegaron a la cita.  
“Estamos ubicados en el barrio Lagos de suba en el costado occidental del brazo del humedal, esta fue una zona que está dentro del humedal pero fue una zona que terminó siendo rellenada por un vecino de acá del barrio que trajo camiones de tierra y tiene habilitada una cancha de fútbol, que muy buena para los muchachos, porque esta es una zona de muchas problemáticas, es una zona que vive militarizada”, cuenta Camilo con la mano en la cabeza.   
El secamiento y relleno hace que el humedal ya no pueda cumplir otra de sus funciones claves: mitigar la inundaciones. La ola invernal que se avecina prendió las alarmas. Hoy día el humedal está partido por la mitad por la Carrera 129A, que hace una especie de dique que represa las aguas. Los vecinos piden que esta avenida se eleve, para que el humedal pueda cumplir su función.
 
Libia Mireya Hernández de la subdirección de ecosistemas y ruralidad de la Secretaría de ambiente, la autoridad encargada de la protección de los Humedales a nivel distrital, asegura que ésta obra no cuenta aún con el aval de su oficina:  
 “El presupuesto tendría que ser directamente del IDU, Lo que nos ha informado el instituto es que ellos van a hacer la adecuación de la vía elevada, para eso tienen que radicar un permiso acá en la Secretaría de Ambiente, un permiso de ocupación de cause y tener el aval de la empresa de Acueducto aún no han radicado el proyecto, pero si deben controlar esa problemática generada por la vía”. 
Libia Mireya asegura que la Secretaría de Ambiente en compañía de varias instituciones ha logrado que el Plan de Ordenamiento Territorial, POT, incluya nuevas zonas protegidas de humedal. Según ella, Bogotá pasó de tener 677 hectáreas de humedales a 966: 
 “Hemos avanzado en la recuperación de esos humedales, hemos tenido nuevas áreas de humedal, casi el 40 % de áreas declaradas recientemente nos están aumentando la posibilidad de tener estos espacios tan importante no sola para recreación pasiva sino para la adaptación y mitigación del cambio climático a mejorar el microclima en términos de un mejor aire para la ciudad”.  
Entre esas nuevas zonas de humedal, hay 5 valiosas hectáreas del humedal El Burro, en la localidad de Kennedy. Alejandro Torres, hoy edil de Kennedy, lleva más de 17 años trabajando por la protección de los humedales: 
 “Frente al caso específico del humedal El Burro tuvimos problemas con el pastoreo del ganado, más de 30 vacas generando pisoteo y potrerización, los perros ferales que destruían los nidos de aves endémicas del humedal, el habitante de calle que por su consumo de sustancias psicoactivas nos generaba incendios inducidos... El impacto ambiental de la ciudad de Cali, tenemos contaminación auditiva, paisajística, y contaminación lumínica, esos postes al tener tanta iluminación, se ahuyenta las aves crípticas o nocturnas que son controladoras de todos estos roedores, y se ha disparado la población de roedores en este sector”.  
Torres lleva más de una década en este pleito con las constructoras. La recuperación de estas 5 hectáreas permite alojar 10 mil metros cúbicos de agua que mitiga el riesgo de inundaciones: 
 “Para nadie es un secreto que hemos tenido hasta amenazas de muerte, dificultades... hoy cuando nos sentamos para construir una política distrital de humedales de Bogotá tenemos hoy herramientas para decir, ni un ladrillo más en los humedales de Bogotá.  
En 50 años, el Burro Pasó  de tener 35 hectáreas a solo 19. Además, la avenida Ciudad de Cali también lo partió en dos. Por eso, la parte mas grande la llaman el Burro, y la otra El Burrito. El trabajo de recuperación, apoyado en fotos históricas del sector y trabajo con biólogos, no ha sido nada fácil, como lo explica Alejandro: 
 “Se le afectó un lote a la  constructora Marín Valencia, Marval, quería seguir desecando y rellenando nuestros humedales, ya estamos cansados, mamados si Marval cree que puede seguir destruyendo los humedales. Cuando se dieron cuenta los constructores de Marval que nosotros estábamos detrás de la defensa de ese cuerpo de agua, rápidamente encerraron con latas, para evitar que la gente se diera cuenta que había un humedal lleno de tinguas, garzas, aves y pusieron unas latas y nos movilizamos para hacer un mural de 250 metros  en el cual decíamos 1,2,3 por el humedal que está detrás de estas latas”. 
Daniel Bernal y Jorge Escobar son los creadores de la Fundación Humedales Bogotá. En Internet han creado un inmenso movimiento civil de protección de estos ecosistemas estratégicos para la ciudad. Así lo cuenta Jorge, contemplando la vista del humedal Santa María del lago: 
“Nace un colectivo de personas que quieren contarle a la ciudad que está pasando en estos espacios, contar que Bogotá no es sólo esa costra de cemento gris donde los turistas vienen a ver la parte de Monserrate sino que también tiene espacios verdes. Nosotros dimos un paso importante como grupo y fue contarle a la gente a través de internet que estaba pasando ... ese trabajo virtual lo trasladamos a lo presencial y convocamos recorridos y hemos hecho cursos de educación ambiental”.
A Daniel, quien vive al lado de éste humedal, el trabajo le  ha dado una perspectiva diferente de la ciudad: 
 “Para los que vivimos en Bogotá alejados de la naturaleza, encerrados en 4 paredes de cementos, los humedales son la respuesta cercana a encontrar ese contacto con la naturaleza y entender de verdad porque debemos cuidarlo, si lo único que  conocemos es televisores, carros, internet, los humedales que tiene Bogotá son biodiversos, son realmente unas joyas verdes.... si no existiera los humedales de Jaboque y Tibabuyes dicen que la inundación del río Bogotá llegaría hasta la carrera 30”.
Para Miguel Ángel Julio, jefe de la oficina de participación de localidades de la Secretaría de Ambiente, los jóvenes han sido quienes han logrado posicionar en la agenda pública el tema de los humedales. 
 “Hace 12, 15 años no se tenía claro el tema de humedal y para le gente se hablaba de pantano, del barrizal, del chochal, de una seria de palabras que me refieren a un especio negativo. Después de una década vemos que los aprendizajes ciudadanos han sido enormes”.
La Bogotá que todos soñamos no está a la vuelta de la esquina. Pero el trabajo que muchos bogotanos hacen por preservar los últimos vestigios de nuestro valiosos humedales, es una clara respuesta a favor de un medio ambiente que aunque no tiene voz pide a gritos ayuda: 
“Cómo hace una garza para ir a un tribunal a radicar una acción popular en defensa de un derecho colectivo, no, pero existimos organizaciones  que hoy han tomado la voz de los que no tienen voz, del patrimonio natural que muchas veces creemos que porque es de todos, no es de nadie”. Concluye Alejandro.
“Cada vez somos más veo rostros jóvenes trabajando por esta causa ambiental y se está migrando de esa imagen de el ambientalista romántico, hippie a entender que cuando somos ambientalistas es porque defendemos la vida, porque defendemos los derechos de los seres humanos, de los animales de la naturaleza porque nos entendemos como un todo”, afirma Miguel Ángel.
María Alejandra Calderón, un reportaje para Radio Nacional de Colombia