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CERRAR

El defensor del pueblo afro: 35 años de lucha por las comunidades del Atrato

Por: Juan Ricardo Pulido

Por: Juan Ricardo Pulido

Era el 9 de agosto de 1951 cuando por primera vez Jesús Nevaldo Perea Perea, sintió el olor de su tierra, el municipio del Carmen del Darién en el departamento del Chocó. Aquella mañana el aroma a hierbabuena, melisa y llantén cubrían el corregimiento de Domingodó. Los brazos de su madre, Criceria Perea, le abrigaron como presagiando la vida que le esperaba a Nevaldo por ser negro y por ser líder.

“Mi vida estos 66 años ha sido de lucha constante. Tocó luchar para vivir, para sobrevivir. No fui estudiado, no tuve la oportunidad de ir a una universidad, me tocó trabajar muy duro en la finca”, cuenta.

Así resume su vida Nevaldo, como si unas cuantas letras y un par de frases lograran encerrar lo que ha significado luchar por las comunidades afrodescendientes en un país donde ni siquiera eran reconocidas. La lucha de Nevaldo ha sido por las comunidades afro, por su territorio, por la protección de los recursos naturales, y principalmente por los derechos fundamentales.

Defender su comunidad le llevó a perder a uno de sus hermanos, a enterrar a uno de sus hijos, a registrar a otro de ellos en las listas de desaparecidos y a despedir vecinos, tocayos, amigos.

“Esto es lo que hemos hecho durante la vida, hablar por los que no tienen voz. Mucha gente sufre, no la escuchan, y el papel de nosotros, de uno como líder, es hablar por ellos”, señala.

Nevaldo ha recorrido las espesas selvas del Chocó, acompañando a las más de 7.000 familias que habitan los municipios de Carmen del Darién, Bojayá, Medio Atrato, Quibdó, Atrato, Murindó, Vigía del Fuerte y Urrao. Ese es su territorio, allí creció, formó su hogar, encontró una familia y perdió parte de ella. Allí adelanta su lucha y allí es donde sueña.

“Esa niña que está al frente, y todos mis otros nietos, deben tener una mejor calidad de vida que la que nosotros los padres y abuelos hemos tenido. Yo voy a seguir luchando por los derechos humanos, solo que no nos cueste la vida”.

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