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Parteras, las mujeres que reciben la vida con sus manos

Hoy en Buenaventura llueve. La lluvia empapa la espesura de su selva que llega frondosa hasta el mar. La música suena en cada esquina: currulaos, bundes y bachatas. En cualquier lugar la gente del Pacífico canta y baila.

Entre las casitas de madera elevadas de este puerto, el más importante de Colombia sobre el Pacífico, hay una casa -un nicho como lo llaman acá- dónde un grupo de parteras tradicionales atienden con cariño y paciencia a varias mujeres embarazadas.

La tradición de la partería en el Pacífico es fuerte. Es un saber ancestral que se ha alimentado de la sabiduría africana e indígena y enriquecido con la selva: tallos, hojas, bejucos y raíces. Un legado que permanece viva en un grupo de mujeres parteras.

Para la gente de la región las parteras son las madres de todos, las abuelas de todos. La mayoría de la gente en Buenaventura, como en tantos otros municipios alejados del país, ha llegado a este mundo de la mano de una partera.

En la sede de Asoparupa, la Asociación de Parteras Unidas del Pacífico, encontramos un grupo de parteras reunidas para recibir, como todos los sábados, capacitación.

Rosmilda Quiñones representante legal de la asociación, afirma que ya lleva 29 años en esta labor. “Nosotras no somos parteras de libro -continúa- es hablando, es mirando, tocando, analizando, observando como lo hace la partera, la viejita que ya no escribe, esa partera no lee, pero esa partera con su conocimiento, con sus manos sabe cuando esa niño está en buena o mala posición y esa partera sabe cómo hay que voltearlo para evitar una cesárea innecesaria”.

Irene Aramburo Congo aprendió de su abuela, una comadrona que se llamaba Mercedes Calimeña. “Donde ella iba, allá iba yo, como las casas eran de chonta, ella estaba en la pieza con la paridora y yo por las hendijas estaba mirando y fíjese que a mi no se me ha complicado un parto. Yo he sacado mellizos, primerizas, sentados, de pie”.

El trabajo de una partera es más que sólo asistir el momento del parto… Saben que para traer una vida al mundo se necesita tiempo y mucha energía. Las parteras saben que el momento del nacimiento es rudo. Para ellas muchas de las prácticas de la obstetricia occidental van en contravía de su experiencia.

Colombia es el cuarto país con más muertes maternas en América Latina. En 2010, por cada 100,000 nacimientos, 76 madres murieron. Para reducir esta cifra, el Fondo Mundial de Población de Naciones Unidas ha recomendado fortalecer el trabajo y proteger el saber tradicional de las parteras, las únicas capaces de asistir a muchas madres en las zonas más alejadas del país.

“Estamos en la búsqueda del reconocimiento de esta labor en el Sistema General de Salud. Uno de los sueños que tiene Asoparupa es que podamos avanzar en todo eso integrado con la medicina occidental,” asegura Rosmilda.

Las hemorragias y la hipertensión son las principales causas de mortalidad materna en paises en vía de desarrollo. La Organización Mundial de la Salud estima que con una buena capacitación y un sistema de salud adecuado, las parteras pueden prestar cerca del 90 por ciento de la atención que requieren madres y recién nacidos y pueden reducir potencialmente las muertes maternas y neonatales en dos tercios.

La Asociación de Parteras Unidas del Pacífico –sin mucho apoyo del estado- se ha encargado de conectar los muchos saberes de partería que hay a lo largo y ancho de Colombia, en las regiones más aisladas y necesitadas. Pero la tarea no es fácil. La medicina occidental las sigue mirando de reojo.

Por lo pronto, el Ministerio de Salud no reconoce la partería como una práctica médica. En las clínicas, cuando las parteras llegan acompañando a madres a punto de dar a luz, se les impide el ingreso. A veces, se tienen que camuflar como auxiliares de enfermería. Cuando un niño nace en manos de una partera no se reconoce aún su testimonio para declarar el nacimiento y expedir el registro que lo hará ciudadano. Vale más la firma esteril de un doctor de paso que la caricia amorosa y sabia de una mujer que con sus manos saluda la vida.

Mónica Mora, un reportaje para Radio Nacional de Colombia.