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Francisco Cruz, el niño prodigio del piano

Tiene solo diez años de edad, pero su nivel musical y capacidades están a la altura de un músico de maestría.
Yaneth Jiménez Mayorga

Todo alrededor del pequeño Francisco parece estar envuelto en un halo de magia, de magia musical. Cuando llegó a este mundo, antes de tiempo pues nació prematuro, los dictámenes médicos le daban pocas posibilidades de vida ya que, como cuenta Lina María Lozano, su madre, tuvo muchas complicaciones:

“Francisco nace sin signos vitales, en el hospital le hacen resucitación y logran recuperarlo, permanece en incubadora por tres días, pero al cuarto día vuelve a tener una falla cardíaca, vuelve a morir, dura 5 minutos y 30 segundos sin respirar, el oxígeno no llega a su cerebro, lo recuperan, nos dicen que sobrevivirá pero que quedará con una discapacidad grave, con un retraso. Nos hablaron incluso de una parálisis completa, que no iba a caminar”, cuenta Lina María.

El niño permanece en incubadora por 20 días recibiendo todos los cuidados, entre ellos, los de su padre Andrés Cruz, un músico empírico que en medio de la difícil situación decide grabar en un mp3 la música clásica que tanto lo apasiona a él para llevársela al pequeño Francisco, “a través de un guante quirúrgico, el papá le pone el mp3 con la música; como un milagro, el niño empieza a recuperarse rápidamente, retoma peso y sale en calle de honor en medio de los aplausos de médicos y enfermeras”, comenta la mamá de Francisco.

No obstante, el niño queda con un trastorno de hiperactividad bastante fuerte, en ocasiones incontrolable, según cuenta Lina María, por lo que se ven en la necesidad de encontrar algo que les ayude a controlar esas crisis de hiperactividad de Francisco; ahí, Andrés decide sentarlo con él mientras estudia y toca el piano; al escuchar las notas, el niño se calma y empieza a teclear por primera vez.

Esa situación les da, a papá y mamá, los primeros indicios de que algo especial sucedía entre Francisco y el piano. (Nuevamente, la magia)

A otro nivel

Y es que si algo que caracteriza a la familia Cruz Lozano es el amor y la pasión por la música, y en particular por la música clásica: Andrés, el papá, como ya se dijo, es músico empírico; Nicolle, la hija mayor, es cantante; Gabriel, el segundo, también es un gran pianista; Isabela, la tercera, canta e interpreta la guitarra; Francisco, nuestro protagonista, que es el cuarto, y María de los Ángeles, la menor, quien a los 8 años, ya también toma clases de piano.

Justamente, a raíz de una presentación de un recital de su hermano Gabriel en el auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional en Bogotá para un concurso, es que Francisco ( ya con seis años de edad) empieza a dar esos primeros pinos más profesionales en el arte musical, pues si bien desde los dos años estaba tocando el piano, el éxito y aplausos que recibe Gabriel lo motivan a querer participar también.

“En un año, seré yo, el que esté ahí, y a quien van a aplaudir”, les dijo con firmeza y convicción a sus papás y a los asistentes.

Efectivamente, al año siguiente, Francisco recibía la ovación en este mismo escenario, ovación que ha sido la antecesora de otros tantos reconocimientos que ha recibido en un lapso de solo unos años: a finales de 2019, interpretando el Concierto no. 2 en re mayor de Mozart, gana el concurso para niños solistas de la Orquesta Collegium Musicum; en noviembre del 2020 ocupa el primer lugar en el Concurso Pianissimo de Medellín, en la categoría para niños de 8 y 9 años, como ganador pasó directamente a la final del concurso Carmel Klavier Latinoamérica, el cual también gana en marzo de 2021, recibiendo el Grand Prize entre todos los concursantes de 7 a 18 años, interpretando la ‘Polonesa heroica’ de Chopin.

“Este premio le da paso a la final del concurso Carmel Klavier USA, en junio de 2021, donde gana el primer puesto como concertista y segundo como solista, venciendo a participantes de Estados Unidos, Australia, Asia y Latinoamérica, interpretando el Concierto para piano y orquesta n.º 1 en do mayor Opus 15 de Beethoven”, comenta su mamá. Como parte de ese premio, participa y gana el primer lugar en el Concurso Internacional de Piano de Costa Rica, en agosto pasado, interpretando el tercer movimiento de la ‘Sonata patética de Beethoven’, el Scherzo # 1 y el Estudio Opus 25 · 11 de Chopin.

“Luego de eso, su papá ve una convocatoria para el Concurso Internacional de Piano ‘José Jacinto Cuevas, que se realiza en México en el que solo pueden participar niños mexicanos, sin embargo, lo inscribe y debido a su nivel tan alto es aceptado en la categoría de los concursantes extranjeros de 18 a 30 años, siendo el único menor de edad participante. Ahora se está preparando para salir por primera vez del país en noviembre próximo al concurso”, cuenta Lina María.

“El piano es mi vida”

Este prolijo trasegar del pequeño Francisco empezó en forma hace cerca de dos años y medio, cuando su padre al reconocer el enorme potencial lo inscribe en el Conservatorio de la Universidad Nacional, donde “mágicamente”, dice su mamá, se encuentra con la maestra Mariana Posada quien ha sido la que “le ayudado en todo, en especial a pulir su técnica”.

Precisamente, la maestra Mariana Posada, Ms. en Piano y en Pedagogía de Piano, y música de la Orquesta Sinfónica de Colombia durante 28 años, es su principal mentora. Para ella, Francisco tiene un futuro brillante como músico. “Yo lo defino como un ser humano increíble, a su corta edad tiene una disciplina de estudio que no la veo ni siquiera en los universitarios o de maestría. Él tiene unas condiciones de lectura rápida en la partitura increíbles, tiene una memoria prodigiosa, su aprendizaje es vertiginoso, y está a un nivel prácticamente de maestría”, acota la maestra Posada.

De acuerdo con la maestra, Francisco debe llegar a un nivel muy alto, y está convencida de que instituciones de renombre como la Escuela Juilliard, de Nueva York, la Escuela de Música de Manhattan o el Conservatorio de Moscú estarían dispuestas a darle un cupo; “él merece estar en un conservatorio de talla mundial”, asevera.

Y en eso trabajan conjuntamente, pues como dice el mismo Francisco: “la maestra para mí es un angelito que me ayuda a crecer en todo; con ella, además de las clases de piano, estoy aprendiendo inglés, a cocinar, a reforzar matemáticas y otras materias. Ella es muy chévere, es divertida, es exigente, a veces de mal genio, pero me ayuda a prepararme para todos los concursos. Es una de las mejores maestras que he podido tener”.

En este momento, se preparan para el concurso en México, un verdadero reto para Francisco, pues esta será la primera vez que salga del país y que se enfrente de forma presencial a un escenario en un concurso, a un público, a un ambiente y participantes desconocidos.

“Este es un gran compromiso. Musical y anímicamente va a ser un desafío porque allí Francisco tiene que demostrar una gran madurez musical y espiritual, pues va a participar en un evento internacional, con músicos adultos de muchas partes del mundo, que se torna más complejo a medida que pasan las etapas”, señala la maestra Posada.

Las metas aún son mayores porque si bien están el talento y la disciplina, es importante afianzar otros aspectos que le permitan llegar a su corta edad a conseguir, por ejemplo, una beca, indica la maestra Posada. “El necesita mejorar su nivel de inglés, terminar su parte académica, porque pensando en un futuro en el exterior, es necesario trabajar esos otros aspectos, sobre todo ante la posibilidad de que vaya a vivir allá", agrega.

La preparación es ardua, no obstante, para Francisco esto hace parte de su rutina diaria, pues estudia en promedio 8 horas diarias, con un objetivo claro y un sueño por cumplir: participar en Concurso Internacional de Piano Fryderyk Chopin, su compositor favorito.

“Yo no tengo palabras para expresar lo que la música significa para mí, solo sé que el piano es mi vida”, afirma este prodigio colombiano.

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