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La directora de la Junta de Acción Comunal de la vereda Madroñales en Caldas se desplaza en una mula que bautizó ‘Niña’, que hierra cada mes y medio por ser su único medio de transporte. Foto: Vanessa Sánchez.

Los habitantes de Madroñales en Caldas no tienen vías de acceso

Por: Vanessa Sánchez R.

Leticia Salazar arrea con fuerza a ‘Niña’, una mula de 4 años que la transporta tres veces por semana desde su casa en la vereda Madroñales, del municipio de Filadelfia (Caldas), hasta el Alto de Maibá a 2.100 metros de altura. Con los pómulos rosados no para de sonreír, dice no descansa hasta volver a ver transitar un yip hasta su casa, que queda a hora y media de ruta.

El camino en invierno parece un deslizadero, solo algunas partes pedregosas sostienen las patas del animal, al cual hierran cada cuatro meses por el desgaste que le produce esta ruta.

Lo paradójico es que para llegar hasta allí los habitantes deben dar la vuelta por el municipio de Aranzazu y se tardan media hora más para llegar a la carretera destapada.

A pie el traslado es más complejo, porque todo el balastro que han usado durante los últimos 12 años lo borra el invierno. El último que le regaron a la vía fue hace tres meses y lo trajeron desde la quebrada Morales, en Aranzazu. Lo más costoso ni siquiera es el material, sino el transporte en volqueta que cuesta $50.000.

“Uno se acostumbra a subir y a bajar, pero lo que más nos cuesta es el transporte de los enfermos. Somos ambulancias humanas. Tenemos que subir seis personas más la camilla que hacemos con palos de guadua y costales de café. De noche el desplazamiento es más peligroso con que una persona se resbale nos vamos todo al piso”, narra Leticia.

Lo triste, según ella, no es que no haya vía, le preocupa es que de las 120 personas que vivían años atrás en esa vereda, solo quedan 60, porque prefieren irse a las cabeceras municipales, donde el acceso a la educación, salud y el mercado es más manejable.

“Hasta la economía de Filadelfia se fue al piso. Todo lo que se produce aquí se lleva es a Aranzazu, porque llegar hasta allá es muy difícil. Los recolectores de café suben cinco bultos diarios y el viernes que llega carro se van al pueblo a vender. No hay otra forma de sobrevivir”, explica Leticia, quien es también la líder de la Junta de Acción Comunal de la vereda.

No hay recursos

La comunidad desde hace 12 años no ve arribar un carro por la única vía que conecta la montaña con Madroñales. Foto: Vanesa Sánchez.

Según el alcalde de Fildelfia, Germán Zuluaga, esta zona enfrenta diferentes problemas, sobre todo, por quedar en la falla geológica de Romeral, que hace que la topografía sea abrupta y que las condiciones del terreno no sean tan fáciles de tratar.

Sumado a esto, el presupuesto anual del municipio para vías es de apenas $120 millones y deben repartirlos en 44 veredas.

“No nos hemos olvidado de Madroñales y soñamos con que tengan al menos placas huella en algunos sitios, un kilómetro en ese material y contratando maquinaría, vale en promedio $1.200 millones y no tenemos ese presupuesto”, indica.

Sin embargo, su ayuda se concentra en entregar dinero a Leticia para que pague el jornal y que los mismos campesinos en convites trabajen en la vía. Casi tres kilómetros cuentan con cunetas o zanjas para que baje el agua y no inunde la vía.

“Solo podemos hacer intervención de $4 millones por vereda al año y eso es muy poquito. Qué más quisiéramos ayudarles a todos, pero unos piden vías, aperturas de caminos o acueducto y la plata no nos alcanza”, explica el mandatario.

Las niñas del ‘profe’

Cinco estudiantes hacen parte del programa Escuela Nueva en el que comparten con otras pequeñas de diferentes edades y reciben las instrucciones del mismo docente. Foto: Vanessa Sánchez.

De 60 estudiantes que asistían a clases a la escuela sede María Goretti de la Institución Educativa Crisanto Luque de Filadelfia, ahora solo reciben clases cinco niñas. Dos de ellas se llaman Estefanía y las demás: Carolina, Mariana y Samantha.

Las izadas de bandera y las clases de educación física, que antes se veían numerosas en el patio de la escuela, ahora solo pertenecen a cinco pequeñas que cursan los grados primero y cuarto.

Todas, incluido el profe José Julián Sánchez, quienes deben padecer desplazamientos difíciles para llegar a estudiar y a trabajar. Solo la más pequeña del grupo vive a media cuadra, los demás deben caminar durante una hora por ese camino que en invierno se convierte en una pista de obstáculos.

“Vivo en Aranzazu y me traslado en un yip hasta el Salón Rojo, una zona hasta donde llega carro. De ahí me cambio los tenis por las botas y me pongo un impermeable y camino 50 minutos. Doy clases de 8 a 1 de la tarde y cada pequeña se va sola hasta su casa. Siempre espero que vayan y regresen con bien”, cuenta el profesor de 33 años y quien labora desde hace 12 años en esta institución.

Aunque reconoce el buen trabajo de la comunidad, dice que muchos niños se cohíben de estudiar porque es complejo llegar hasta las aulas. Incluso, el hijo de Leticia abandonó los estudios por esa misma razón. “Es normal que los papás prefieran llevárselos a trabajar e incluso aquí las niñas a veces faltan porque las ponen a desarrollar actividades del campo. Como solo damos hasta quinto de primaria entonces casi todos llegan hasta ese nivel de escolaridad”, comenta.

Particularmente esta escuela parece tener más integrantes, las aulas son impecables, la pizarra es blanca, como la neblina del lugar que impide ver la ruta hacia el baño y la mula que está amarrada a la columna principal de esta casa, donde años atrás llegaba carro.

Manos a la obra

La semana pasada Radio Nacional de Colombia acompañó a la Secretaría de Obras de Caldas, la Alcaldía y la Personería de Filadelfia, a visitar la zona para tomar decisiones que favorezcan a la comunidad. Foto: Vanessa Sánchez.

El pasado miércoles 4 de abril, el secretario de Obras de Caldas, Luis Alberto Giraldo, viajó a conocer a Leticia y la situación que su comunidad padece. Tras caminar hora y media bajo la lluvia y escuchar a los habitantes, señaló que deben esperar que el invierno cese para iniciar con las obras.

La tarea que el funcionario encomendó es que todos los campesinos abran sus propios desagües a las afueras de las fincas, para evitar empozamientos por cada kilómetro de vía. Esta promesa puso optimista a Leticia. Los ojos le brillaron, pues tienen posibilidad de cambiar el destino de los 60 habitantes de Madroñales.

“La tarea que queda es que busquen cómo abrir la vía desde Madroñales hasta la cabecera municipal de Filadelfia, es un trazado que entre ellos mismos pueden hacer y me comprometo a ayudarles con esta viabilidad. Esta es una vía terciaria de la cual el departamento no es responsable, sino el municipio, pero les vamos a colaborar para que tenga una mejor ruta de acceso”, señaló.

Giraldo añadió que en Caldas hay por lo menos 400 puntos críticos, como este, de urgente intervención, pero los recursos no son suficientes. En pavimentación, cada kilómetro cuesta en promedio 2.500 millones de pesos y es ahí donde se necesita optimizar los recursos.

A sus 33 años, Leticia podría tener otro hijo, pero no se imagina trasladarse a sus citas médicas, a punto de dar a luz sobre el lomo de ‘Niña’ o caminando con dolores de parto. Sus 11 hermanos le piden que se vaya de este lugar, pero no descansará hasta ver otra realidad. Anhela que al terminar este año o a comienzos del próximo los obras se lleven a cabo.

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