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Foto: Carolina Bustamante

Víctimas de Sor Teresa Gómez recuperan lo que el paramilitarismo les quitó

Por: Carolina Bustamante

Eduardo Enrique Díaz, un hombre de 60 años y su familia recibieron de Manos de la Unidad para la Restitución de Tierras de la Presidencia de la República, un terreno en compensación, ubicado en el corregimiento Los Garzones en Montería (Córdoba), y el cual le fue expropiado a un testaferro de las Farc.

Este hombre asegura que tuvo que salir con su familia en el año 2000, desplazado porque Sor Teresa Gómez, hermanastra y mujer de confianza de los jefes de las Autodefensas Unidas de Colombia, Carlos y Vicente Castaño, lo obligó a él y a cientos de pobladores del municipio de Valencia a dejar sus hogares. El paramilitarismo tenía claro que estas tierras serían campamentos, laboratorios para procesar narcóticos, escondites y lugares donde se enterraron cientos de personas asesinadas por esta estructura delictiva.

Sor Teresa, como la describe este cordobés, era una mujer calculadora, negociante, tosca, de mirada penetrante y al parecer de pocas palabras pero con mucho poder; poder que le permitía decidir quienes entregaban sus tierras y a qué costo.

“ Ella era la que mandaba y se encargaba de las finanzas de sus hermanos; tenía una voz de mando, autoritaria, andaba con muchos escoltas; Sor Teresa le decía una palabra a usted y eso era una orden (...)”, afirma Eduardo Díaz.

“ Me dijo: -El patrón ordenó que le pagara su plática por la tierra”,  en ese momento yo sabía que tenía que irme con mi familia pues a ella no se le podia discutir porque de lo contrario desaparecían a las personas; la gente no se atrevía a hablar de ella, era una mujer respetada y habían muchos pobladores infiltrados que trabajaban para ella”, señala.    

Se hace evidente el temor que Eduardo aún siente hacia Sor Teresa pese a saber que hoy está recluida en la cárcel El Buen Pastor en Bogotá, pagando una pena carcelaria de 40 años por el asesinato de la líder reclamante de tierras Yolanda Yamile Izquierdo, y como ella, muchas más víctimas que perdieron la vida a manos del paramilitarismo y las órdenes de la hermanastra de los hermanos Castaño.

“Sí, Se veía de todo. Se llevaron  gente y yo ví  unas jaulas enterradas con muertos dentro (...) me producía tanto temor que no quisiera ni recordar más ese momento”. Manifiesta Eduardo con la voz entrecortada al recordar a quienes él llama "las víctimas de Córdoba".

También narra este costeño que barrios enteros eran posesión de la mujer de confianza y administradora de los bienes de Carlos y Vicente Castaño en Córdoba, y que allí se escondían laboratorios donde se realizaban lo que él denomina "enjuague", pero que en realidad eran materiales químicos para la producción de narcóticos.

“Sor Teresa Regaló un Barrio aquí para realizar proyectos de yuca con la población, pero eso era mentira; eso quedó en nada; era ficticio. En realidad eso eran como unos enjuagues o cosas extrañas (...) ”. Haciendo referencia a laboratorios de producción de cocaína.

Foto: Carolina Bustamante

Foto: Carolina Bustamante

Radio Nacional de Colombia acompañó a Eduardo y su familia después de 16 años a recibir por parte de Unidad para la Restitución de Tierras, un terreno que equivale al que perdió años atrás, el cual cuenta con una extensión de  3.600 metros y es apto para la agricultura. Adicionalmente se le proporcionó un incentivo económico que alcanza los $25 millones de pesos para invertir en un proyecto productivo, con asesoría permanente de expertos en temas de tierras de la Unidad de Restitución.

Así como Eduardo, seis familias más recibieron este beneficio y se espera 20 demandas cursen prontamente para que sigan siendo entregados más espacios a familias víctimas de desplazamiento forzado.    

Este hombre no dudo en expresar sus proyectos futuros y los cuales, ha soñado toda la vida: “Me agradaría tener un galpón de gallinas pues serían 1500 huevos diarios (...), ahora sé, que pasé de una pobreza extrema a una sobreabundancia. Para mÍ es un cambio sobrenatural”, sostiene.      

Pese a que han sido 16 largos años en los que ha tenido que hacer todo tipo de trabajos y pasar por cientos de necesidades junto con su familia, Eduardo asegura creer en la paz y en el proceso que cursa actualmente en Colombia para llegar a ella y finalizó este recorrido por su nuevo hogar señalando que perdonar hace a los hombres libres y que “aquel que no lo hace está más enfermo que quien hizo el daño”.

Escuche a continuación la crónica en audio de esta historia: