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Foto: Colprensa. Julio 2017.

“Colombia no ha abandonado su deseo de cambio”: Aída Avella

Miguel Ángel Cortés

Si hay alguien en Colombia que represente el impacto que un movimiento político, nacido del proceso de paz con un grupo armado, puede alcanzar, esa es Aída Avella. En los ochenta, fue protagonista junto a la Unión Patriótica, de un movimiento de izquierda que empezaba a tener una acogida histórica entre los colombianos, pero que así mismo fue exterminado.

A pesar de la continua persecución y un exilio de más de 17 años. Aída Avella encarna la pasión de una líder política que le sigue apostando a la construcción de país con dos pilares fundamentales: el cese de la violencia y la disminución de las brechas de inequidad social.

En entrevista con la presidenta de la Unión Patriótica, analizamos el panorama que enfrenta Colombia con el proceso de reincorporación de las Farc a la sociedad colombiana, como movimiento político.

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¿Qué diferencias destaca entre el proceso de transición política que ustedes emprendieron y el que ahora está viviendo Colombia con las Farc?

La primera es una diferencia de 30 años de haber negociado uno y otro proceso. La Unión Patriótica precisamente nació en el proceso de negociación, por una iniciativa de las Farc de que se hiciera la paz en 1985. Ahora estamos en el 2017 con una negociación de un poco más de 4 años y se logra efectivamente lo que se debió haber logrado hace 30 años y un poquito más. El país habría podido abrazar la paz si lo enemigos de la paz en ese momento, no empiezan a realizar todos los asesinatos, a quitar del camino a un partido político que ha jugado, y en ese momento jugó un papel trascendental para el acuerdo que permitió que llegaran 14 parlamentarios al Congreso, elegidos sin ninguna circunscripción especial.

Ahora, me parece que frente a este proceso, la cuestión muy positiva es la firma de los acuerdos, y otro paso trascendental se acaba de producir la semana pasada, con la entrega de armas. Nunca había ocurrido eso en un acuerdo con las Farc y yo creo que este es un momento culminante.

La tercera es que, en esa época, aunque había asesinatos y de todas formas hubo una persecución que llegó al genocidio político contra la Unión Patriótica, no teníamos esta extrema derecha organizada como está en este momento, hasta el punto de amenazar, hacer trizas el Acuerdo de La Habana. Estos sectores de ultraderecha son más cercanos al capital financiero transnacionalizado, al capital industrial, agroindustrial que pretenden una paz sin reformas sociales y una paz que simplemente sirva para callar los fusiles, pero que nada cambie en este país.

Estos acuerdos establecen una serie de garantías de seguridad para la oposición paralelo a un incremento de asesinatos y persecución a líderes sociales, ¿Qué opina usted de esto?

Me parece que de todas maneras tiene que haber y tienen que darse unas garantías necesarias, pero esto no puede ser una cuestión de papel y de cifras. Eso se tiene que ver en la práctica. Primero que todo tienen que desactivarse los grupos paramilitares que aparecen en casi todas las regiones donde las Farc actuaban como territorio.  Yo creo que esto ya tiene que ver directamente con las Fuerzas Militares de Colombia. Pero también tiene que respetarse la vida de los líderes sociales, de los líderes comunales, de los indígenas, de los afros. Tenemos necesidad de que el Gobierno se apersone de estas cuestiones y garantice, sobre todo en el área rural, no solamente la seguridad, si no que haya comportamientos distintos, de respeto hacia los indígenas, hacia las poblaciones negras que han sido tradicionalmente abandonadas.

Hay que hacer justicias sobre muchas deudas sociales que tiene Colombia hacia la parte rural, hacia la Colombia profunda. El abandono de las zonas rurales, cómo les pedimos a los campesinos que hayan sustitución de cultivos cuando no hay carreteras y cuando los grupos paramilitares en este momento están obligando a sembrar coca y la Fuerza pública no actúa.

Para usted, ¿Cuáles con los principales retos del proceso de reincorporación de las Farc en el tema político, social y económico?

Lo primero es garantizarles la vida. Lo segundo es ofrecer una serie de condiciones para que ellos puedan reincorporarse a la vida civil, no es un traspaso tan mecánico y tan rápido, pero de todas maneras ellos deben tener, por lo menos, como cualquier otro campesino, porque hay muchos allí, tierra, como cualquier campesino que no haya pasado por la insurgencia armada. También a los campesinos hay que darles la tierra, porque para eso se habla precisamente del desarrollo rural y ese desarrollo rural no es sino la distribución.

Recientemente escuché al ministro de Agricultura, que decía que el 70 por ciento de la tierra en Colombia no está titulada. Hay muchas extensiones de tierra, 4.000, 5.000 o 10.000 hectáreas que las han hecho tirando más allá la cerca o simplemente desplazando a los habitantes a bala, como lo  hicieron en el último periodo del paramilitarismo. Ese es el momento donde también se sebe hacer eso, la reincorporación del campesino, de todos los que han emigrado hacia las ciudades y quieran regresar a sus tierras.

Pero también hay grandes retos y son los retos de la participación política, como han dicho mucho y yo tal vez lo quiero repetir: nadie deja las armas para irse para la cárcel, tiene que haber alguna compensación y esa es la política. Escuchaba al jefe de las Farc diciendo “la única arma que vamos a tener es la palabra” y así, si todos hablamos y nos escuchamos, yo creo que podemos avanzar tremendamente. Otro tema es la sustición de cultivos, porque en ese momento lo que están haciendo es presionando a los campesinos los paramilitares y los clanes armados que hay por todas partes, para que sigan cultivando la coca y se la vendan a ellos. ¿Y un campesino pobre qué va a hacer, sino tiene para dónde irse? Pero en eso tienen que jugar un papel fundamental las Fuerzas armadas, tienen que convencerse de que ellos están hechos para hacer autoridad, no para ser cómplices de quienes se están enriqueciendo con el dinero del narcotráfico.

Y lo último,  nos representa un inmenso reto también es construir toda una serie de infraestructura en el campo, la necesita nuestra área rural, pero sobre todo las carreteras, mucha gente necesita las carreteras primarias, pero también las secundarias y las terciarias, y esto es básico para proporcionar al campesino la posibilidad de que saque sus productos al mercado. Para eso tiene que haber un mercadeo que no lo veo y que existió en Colombia hace mucho tiempo, cuando estaba el Idema (Instituto de Mercadeo Agropecuario), eso lo suprimieron, pero ahora los campesinos lo piden a gritos. Tiene que haber un mecanismo que garantice en el mercado los precios. Ahora mismo, en las grandes plazas de abasto.

Los retos son muy grandes, son enormes, pero también las esperanzas son de igual manera con una expectativa enorme. Entonces hay que hacer todo lo posible para que Colombia siga manejada por personas que quieren la paz y no por las personas que quieren devolverse a la guerra y a volver trizas el Acuerdo de paz. Esto sería una traición a la patria.

¿Por qué le cuesta tanto a Colombia asumir que las Farc dejen las armas para pasar a arena política, cuando ya ha vivido procesos similares con otros grupos?

Han crecido algunos movimientos que hacen la política con base en el odio, la retaliación y la venganza, y eso no puede ser, que nuestro país esté condenado eternamente a tener enfrentamientos armados, porque un grupúsculo o porque simplemente algunos de los dirigentes de los partidos políticos del país quieren volver a los métodos del miedo. Hacen política con el miedo, con el terror. Es que esos partidos se deberían llamar los partidos del miedo y del terror, porque a lo último lo que están facilitando es que haya una desinformación completa de todo lo que sucede y además lo dicen de la manera más cínica que “Aquí lo que buscan es entregar el país al Castrochavismo”, ni existe Castro, ni existe Chávez, eso es una invención de unas mentes calenturientas que hay en Colombia. Yo creo que estas son las cosas que vamos a tener que, entre todos los colombianos que somos consientes que el nivel de las violencias está bajando a unos términos que nunca habíamos soñado hace algunos años. En el Hospital Militar no hay heridos en este momento, todo eso ha cambiado y yo creo que estas cuestiones son las que tenemos que valorar.

¿Qué elementos resalta de la transición a la vida política que logró la UP?

Yo creo que eso fue lo que asustó a esta burguesía que tiene muchos matices lumpezcos, se han enriquecido con todas las platas, no solamente con la corrupción, con la plata del narcotráfico, y yo creo que el miedo que les dio en que tuvimos 14 curules, fue que les quitáramos la curules y pudiéramos seguir haciendo otra clase de Congreso, porque quienes han mantenido el poder en Colombia son las personas que han hecho la violencia, la necesitan para mantenerse en el poder y eso es lo que nosotros, también en últimas que remos que cambie.

No puede ser que el poder esté unido a la violencia, ellos siempre lo han tenido como un requisito para mantenerse ahí, por eso resolvieron asesinarnos, pero yo creo que en este espacio no queda tan fácil hacer lo que hicieron con la Unión Patriótica. Primero porque hay una presencia internacional muy grande, aquí está la OEA, la ONU, por primera vez un Consejo de Seguridad asiste a un proceso de paz. Tenemos también una serie de relaciones en que Colombia ha sido un país que ha violado permanentemente los Derechos Humanos, hay observadores mundiales de las grandes organizaciones de DD.HH. en Colombia.  Tenemos otros medios de comunicación que no eran los que teníamos hace 30 años. Se producía un masacre en Segovia y no teníamos videos de lo que había pasado. Ahora se producen un asesinato en cualquier parte del país, donde hay testigos e inmediatamente están llegando las autoridades y los medios de comunicación.

Y sobre todo tenemos unos periodistas que han aceptado que cometieron errores, en el caso de la estigmatización que hicieron contra la Unión Patriótica y creo que esa estigmatización no la van a hacer en este momento con los que entregan las armas, porque tienen experiencia y porque los medios no pueden ser un correaje para que se sigan violentando los DD.HH., sino todo lo contrario, ese correaje para el respeto, la convivencia y la reconciliación.

A nosotros, infortunadamente nos desaparecieron de la vida política a base de bala en un periodo, pero también a base de la publicidad. Cuando nos quitaron la personería jurídica en el Consejo Nacional Electoral, sus argumentos era de que no teníamos votos, pero cómo teníamos votos si el candidato que poníamos lo mataban, pues en esas elecciones no pudimos participar por ser absolutamente imposible, era someter a la gente a que la mataran y entonces, luego de 11 años, nos dicen: “-No, esa personería jurídica nunca debió ser anulada, porque realmente hubo hechos muy graves, como un genocidio, la matanza sistemática, permanente y metódica a los militantes y activistas de la Unión Patriótica”, nos la devolvieron y bueno, nos obligaron además a hacer en 3 meses un congreso que lo realizamos en 2013 y acabamos de hacer nuestro sexto congreso la semana pasada con grandes conclusiones, una de ellas es que trabajaremos incansablemente por la implementación de los acuerdos de paz. Otra muy importante es sobretodo el problema ambiental, la defensa del agua, la defensa de nuestros páramos, porque sin agua tampoco hay vida y sin vida, no hay ningún derecho.

¿Qué cambios se pueden esperar en diferentes escenarios de poder con la llegada de las Farc a la arena política?

Bueno, serán unas voces que van a decir de pronto otras cosas, sobre todo la vida de la Colombia rural, de la Colombia profunda, pero además se van a escuchar esas voces que se alzaron en armas y que las dejan precisamente para que sus planteamientos no sean solamente escuchados, sino también tenidos en cuenta y por eso yo creo que la reforma agraria, la distribución de la tierra de otra manera va a ser un punto fundamental. Aquí no nos pueden salir con el discursos que quien tiene 10.000 hectáreas de tierra es que las ha trabajado con el sudor de su frente. Todos sabemos, esto no es un secreto, en Colombia entera se conoce cómo al principio, por ejemplo en la Guerra de los 1.000 días, muchos militares fueron premiados con pedazos de tierra y casas o con departamentos y municipios completos. Y después la tierra ha tenido una dinámica que todos también conocemos, de posesiones buenas y de posesiones que simplemente llegan con lar armas y sacan a los campesinos y ro creo que esas esperanzas todavía las tenemos. Aún tenemos que llegar con educación, con salud, tenemos también hasta cierto punto, llevar ciertas cosas del urbanismo al campo, como tener agua potable y electricidad.

La paz la necesitamos para el bienestar de los 47 millones de colombianos, no podemos volvernos y regresarnos a la guerra. No podemos estar amenazando con despedir lo que ha hecho un Gobierno, porque ellos no estuvieron en el Gobierno. Tenemos que hacer las cosas bien y las cosas bien es pensar en cada uno de los colombianos para que vivan dignamente.

En 1986, ustedes lograron el resultado más alto para un movimiento de izquierda en unas elecciones parlamentarias, en ese entonces, ¿A qué atribuirle este hito?

Primero, a un trabajo colectivo. Segundo, a un renacer, la gente quería ver otras personas en el Congreso y efectivamente fueron elegidos maestros, fueron elegidos también insurgentes, fue elegido Iván Márquez como representante por el departamento del Caquetá y Braulio Herrera por Bogotá,  en condiciones iguales a las de cualquier ciudadano. Lo que pasa es que ahora no pueden ser en condiciones iguales, porque cambiaron, mataron y desaparecieron un partido a base de masacres, de desapariciones forzadas y de asesinatos. Y en esa época, que la gente quería realmente un cambio, logró poner 14 parlamentarios completamente diferentes. Pero era eso, el deseo de cambio y yo creo que Colombia no ha abandonado su deseo de cambio. Por ejemplo, la gente no quiere ver a gente corrupta en el Congreso.

En ese momento que tuvimos tantos parlamentarios, esos que compran votos, que han robado consuetudinariamente este país, fueron lo que no quisieron hacer la paz y por eso mataron. Y creyeron que con eso el país dejaba toda una serie de ideas y de esperanzas de cambio en Colombia y no fue así, porque así como lo dicen los poetas, pueden matar las flores pero no desaparece la primavera y va a haber un momento en que los colombianos digan: “Llegamos hasta acá”.

Precisamente, con esto que usted menciona, la lucha armada de las Farc siempre fue contra la corrupción y la desigualdad en las altas esferas, ¿Se podría esperar que lleguen a marcar una diferencia en ese aspecto, a trazar una política más transparente?

Yo creo que ellos tendrán sus planteamientos y van a ser muy diferentes a los que tienen otros parlamentarios, pero lo que sí estoy absolutamente segura es que va a ser un sector que va a ayudar en últimas a hacer las grandes reformas de este país. ¿Cuántas veces nos han hablado de un reforma agraria en Colombia? Eso queda en el papel y simplemente los que tienen mucha tierra reclaman que es de ellos.

Creo que también se van a hacer grandes discusiones sobre los monopolios y los oligopolios, los monopolios prohibidos por Constitución. Aquí se está concentrando muchísimo, hasta el punto de tener oligopolios. Ya no es el monopolio de un sector de la producción, de los servicios o de la información, sino que es un sector que quiere todo.

Tiene que existir un pare entre los que creen que son los dueños de este país y los que quieren también tener un retazo de tierra para poder comer y subsistir. Es una cuestión de lógica, de sentarnos todos a pensar y reflexionar. Frente a todo lo que está pasando, a los nuevos cambios que se han operado, a la tranquilidad que tiene un padre de familia para dejar ir su hijo al servicio militar, que este no sea obligatorio por la nueva ley.

Hay una memoria muy marcada en una gran cantidad de colombianos que se han quedo en los hechos crueles y atroces que perpetraron las Farc, ¿Cómo deberían ellos empezar a resarcir esto desde la política?

En esta guerra degradada todos han cometido muchos errores, incluyendo la Fuerza pública. Cometieron errores las Farc, cometieron montones de errores, de barbaridades.

Los paramilitares por ejemplo, usaron babillas para echar a la gente viva en Santander, usaron hornos crematorios en Norte de Santander, usaron las motosierras a lo largo y ancho del país, en la matanza de Mapiripán a la gente la colgaron en las perchas del matadero y despresaban la gente viva. También hicieron desapariciones forzadas los militares, la mayoría de las desapariciones en Colombia las hizo la Fuerza pública, también hicieron los falsos positivos. Y también cometieron errores los guerrilleros en Bojayá y otras partes. La barbaridad ha sido hasta de parte del Estado. ¿Quién entiende que en una violencia de estas puedan desaparecer personas los agentes del Estado?.

Las barbaridad han sido de todos los estilos y de todos los sectores que participaron en el conflicto armado en Colombia, y todos esos sectores deben hacer un mea culpa, no solamente la guerrilla, también los militares, los militares retirados y los paramilitares, que se ha sabido en los testimonios de Justicia y Paz de cómo actuaron con el Estado.

Todos deben pedir perdón y resarcir todas las violencias, porque aquí no solamente hay víctimas de la guerrilla, hay víctimas de los militares, los paramilitares y el Estado.

Pero desde su ejercicio político, ¿Cómo podrían las Farc empezar a transformar esas mentalidades?

Yo creo que ya lo están haciendo, haber entregado las armas es el acto que yo creo que más simboliza lo que quieren realizar en este país. Si entregan las armas y renuncian al alzamiento armado para contribuir a la vida política desde el Parlamento, desde los Concejos, etc. Y dicen: “definitivamente esto no”. Poco a poco la gente se va dando cuenta, por ejemplo, de que un guerrillero también es artista, que puede cantar, que puede tocar la guitarra, que también pueden hacer sonar el saxo, el violín, etc. 

La gente se ha dado cuenta, las últimas encuestas dicen si la gente ha cambiado de opinión y va a seguir cambiando de opinión, cuando vean que son personas completamente normales, muchos de ellos también perseguidos, muchos de ellos, hijos de gente que también fue asesinada de una manera salvaje y que la única opción que les dieron fue irse para las armas. Yo creo que si todos cambiamos en Colombia, la guerrilla, en mi modesto sentir, está cambiando tanto, que la gente lo está notando. En el campo donde sintieron la guerra, tienen una mejor percepción que nosotros los de la ciudad, por eso hay necesidad de que entendamos que nosotros también debemos cambiar el chip, entender que hay gente que piensa distinto.