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Foto: Esteban Herrera.

Historias bogotanas: Nelson Martínez, el encuadernador de la calle 13

Por: Richard Hernández.

En el histórico barrio La Candelaria en Bogotá, se encuentra el taller de encuadernación a mano de Nelson Martínez. El oficio lo heredó al igual que sus once hermanos de su padre, José Alejandro quien lo aprendió de los padres salesianos.

En el taller de su padre, los hermanos Martínez desde jóvenes conocieron los secretos del arte de la encuadernación. Su progenitor, quien también transmitía su conocimiento en el Instituto de Capacitación Popular tenía varios empleados, que después se convirtieron en profesores del SENA.

Los seis hombres de la familia Martínez se dedicaron de lleno a esta labor: Jaime, el mayor, salió pensionado de la Presidencia de la República en donde trabajaba como encuadernador; Rafael es un reconocido librero en La Candelaria; sus otros dos hermanos Guillermo y Fernando viven en Canadá, éste último es el encuadernador oficial del primer ministro de ese país.

Nelson lleva 60 años como encuadernador, ha tenido varios talleres sobre la antigua calle 13:

“El primer local fue entre la carrera Séptima y Sexta, luego fue en la carrera Quinta, después pasé a la carrera Cuarta y ahora me encuentro en la carrera Tercera; si sigo así voy a llegar al cerro de Guadalupe”, dice sonriendo Martínez.

El proceso que utiliza este bogotano de 75 años y quien realiza su oficio con gran dedicación y mucho amor, es absolutamente artesanal:  pieza por pieza y siguiendo las reglas y técnicas antiguas.

Todo se elabora a mano desde el cosido de la obra hoja por hoja y luego sigue el proceso de ensamblaje, la armada del texto y la refilada. Después viene el cajo que es la parte de la cubierta del libro que forma la articulación entre el lomo y la tapa.

La fase final es el armado de la pasta en cueros finos o materiales sencillos según el gusto del cliente, para luego incrustar los títulos sobre el lomo estampándoles pequeños lingotes con distintas firmas antiguas.

De los diferentes tipos de encuadernación Nelson prefiere la encuadernación en cuero, porque piensa que es un material muy noble y se puede conseguir texturas dóciles, lisas y sin costuras.

Foto: Esteban Herrera.

“La encuadernación es muy amplia, se pueden realizar empastes más sencillos en percalinas, la técnica más usada en la encuadernación corriente hecha a base de papel, telas o sintéticos en donde se busca es la economía de materiales con un resultado de menor calidad.

“Además, se encuentra la encuadernación industrial utilizada por las editoriales para el empaste de sus obras que necesita maquinaria especial para el ensamble y terminado de los libros”, señala Martínez.

Pero Nelson siempre escoge el empaste tradicional para valiosas obras de bibliotecas privadas y con el que se puede hacer una variedad de acabados en diferentes estilos: álbumes, carpetas, memorandos y libros ilustres, entre otros.

Entre los clientes más frecuentes que acudían al taller de Nelson figuraban: embajadas, universidades, empresas, escritores, magistrados, políticos y los amantes de los libros valiosos, como un señor que le fascina coleccionar “Quijotes de la Mancha”. El costo de una encuadernación puede ir desde los cuarenta mil pesos hasta los cinco millones de pesos.

Entre los trabajos más significativos que Martínez recuerda, se encuentra una carpeta de firmas que elaboró para el “Papa polaco” Juan Pablo II.

También cuenta que le encuadernó el libro “Hombres de América”, al general Anastasio Somoza y que cuando se disponía a viajar a Nicaragua para trabajar en una obra sobre el dictador “Somoza ante la historia” ocurrió su derrocamiento”.

Nelson además empastó el libro de oro, en homenaje a los héroes del sesquicentenario de la Campaña Libertadora. En el libro aparece la firma del presidente venezolano Rafael Caldera y su homólogo colombiano Carlos Lleras Restrepo.

Un asiduo cliente al taller de Martínez fue el poeta León de Greiff. Nelson se lamenta, de que de tantas obras que le encuadernó al maestro, no le hubiera pedido una dedicatoria.

Mientras que otros personajes como el político, abogado, historiador y periodista Alberto Dangond Uribe, si dejo plasmada una dedicatoria, en un libro que le encuadernó Martínez.

“Para mi amigo Nelson Martínez, quien enaltece las calidades espirituales necesarias para comprender y conservar con deleitación, el valor y el mérito de los libros como arte”.

En su local donde lleva 20 años, Nelson trabaja con una hermana:

“Antes yo llegué a tener 15 empleados, pero ahora con las nuevas tecnologías tuve que prescindir de ellos. Además, las personas que aman los libros se volvieron viejos y los jóvenes no están interesados en restaurar un libro porque su cultura no se lo permite”, señala Martínez.

También muchos de sus clientes como los bancos los cuales le generaban un gran volumen de trabajo, acuden muy poco a su taller, porque ahora todo está sistematizado. Por eso, Nelson ahora realiza trabajos por encargos, como el que hizo hace algunos días sobre la Constitución de Colombia. Asimismo, elabora álbumes porque todavía hay gente que prefiere guardar sus fotos en físico.

“Hace poco una señora me visitó porque quería donar una biblioteca y que encarte para que alguien se la recibiera. Existe un problema y es que los apartamentos ahora son pequeños y no hay espacio para colocar los libros que nos dejaron nuestros padres. Antiguamente la gente leía y todos teníamos una biblioteca en la casa, pero ahora el mundo ha cambiado”, asegura Nelson.

Cuando Nelson viaja a Paris, para visitar a dos de sus hijas aprovecha para comprar finos cueros y papeles. En una exposición en la Biblioteca Nacional de Paris tuvo la ocasión de conocer al maestro de la encuadernación moderna, el francés Jean de Gonet, quien crea unas verdaderas obras de arte y el cual ha tenido varios reconocimientos del gobierno galo.

El taller de Nelson está compuesto por herramientas fundamentales que se usaban hace muchos años como la prensa y la estampadora y que se utilizan para darle un terminado al libro. Pero la parte más importante en el taller de Nelson son las manos.

Foto: Esteban Herrera.

Por eso cuando se le pregunta ¿qué va a pasar con su taller cuando se retire de este oficio?, Nelson responde: “Lo ideal es que una institución se interesara por este taller por lo completo que tengo y que trate de enseñarle estos conocimientos a jóvenes u otras personas a ver si se motivan, pero creo que es un poco difícil”.

La era digital ha traído grandes ventajas y desventajas. Muchas costumbres y oficios han ido desapareciendo por esta cultura digital. Para Nelson su oficio de encuadernador a mano está pronto a desaparecer:

“uno siente tristeza cuando ve los libros que empastó botados en la calle; la juventud ya no tiene el hábito de la lectura; mucha gente no sabe escribir y ni siquiera comunicarse…ahora todo es abreviado”, afirma Nelson Martinez.