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Cecilia Fonseca de Ibáñez: una voz que cautivó a Colombia

Fue una de las pioneras de la radio en nuestro país. Un ícono.

Por: Olga Viviana Guerrero

Cecilia Fonseca de Ibáñez era una dama bogotana de avanzada. Nació en 1927 con el ímpetu de las mujeres liberales que no se ajustan a los estereotipos y terminan dejando su marca en la historia, gústele a quien le guste.

Fue una de las pioneras de la radio en nuestro país. Un ícono. Su voz tranquila, poderosa y certera acompañó a los colombianos durante más de medio siglo en diferentes emisoras y programas, casi todos de índole cultural. Hablaba de poesía, música clásica, ballet, escribía libretos, participaba en radionovelas, fue una de las primeras mujeres en viajar a cubrir eventos en directo desde otras ciudades y creó un programa tipo consultorio sentimental en el que respondía las cartas que los oyentes enviaban a emisora.

No había cumplido 20 años cuando inició su carrera en la Radiodifusora Nacional de Colombia, donde acababan de nombrar director a su amigo Fernando Plata Uricoechea. La joven Fonseca Ibáñez se convirtió en la visión femenina de la estación, entre comentaristas de la talla de Álvaro Mutis, Jorge Zalamea, León de Greiff y Bernardo Romero Lozano, quien le enseñó a manejar tan bien sus locuciones, que se ganó varios enamorados. Ella decía que “aprender a leer frente a los micrófonos es un íntimo con la voz” y ensayaba con un lápiz debajo de la lengua para perfeccionar su vocalización.

Su nieta, Ana María Montaña, encargada por una especie de llamado interno de difundir el legado de su abuela, se sentó con ella tardes enteras a oír sus historias, a ver sus fotografías y a permitirle recordar sus viejos tiempos porque sabía que era una mujer diferente, porque tenía mucho que aprender de la herencia que le dejaba como mujer y como periodista y porque estaba escribiendo su tesis de Comunicación Social sobre ella.

Cuenta que Cecilia estudió en la Universidad Nacional cuando en Colombia las mujeres aprendían a tejer, bordar, cocinar, humanidades, historia y geografía para tener conversaciones sociales y agradar a sus maridos. No terminó su carrera de filósofa porque el periodismo se le robó ese tiempo, pero en el campus universitario cosechó el amor por la lectura y amistades envidiables que la acompañarían toda la vida.

Era un mundo masculino en el que la joven locutora empezó a moverse con mucha comodidad, mientras se desempeñaba con éxito en la radio y se convertía, probablemente, en la primera mujer en asistir con frecuencia al Café Automático, la versión cachaca de La Cueva barranquillera de Gabo. Su nieta, Ana María, recuerda que en alguna ocasión le mostró las fotos que guardaba en cajones diferentes a los retratos familiares, donde siempre aparecía sonriendo con personajes de la talla de León de Greiff, Jorge Zalamea, Álvaro Castaño, Fernando Arbeláez, Eduardo y Alberto Zalamea, Omar Rayo, Enrique Grau y Alejandro Obregón entre otros.

También en la universidad conoció a su marido, el poeta Jaime Ibáñez, quien se valió de los versos de Neruda, García Lorca y Machado para enamorarla. Cecilia se casó con Ibáñez, muy a pesar de su padre, el coronel Luis Felipe Fonseca, quien habría preferido verla de esposa de un militar, cercano a la familia, de apellido Urdaneta.

En uno de sus artículos, Ana María narra que su abuela solía decir que era “atea, gracias a Dios”, pero su matrimonio fue por la iglesia con todas las de la ley “porque así se acostumbraba”, aunque por un momento llegó a pensar en casarse por lo civil ante un notario en Panamá porque en Colombia era obligatorio recibir la bendición de un cura para legitimar el matrimonio.

Cecilia tuvo cuatro hijos, mientras trabajaba en la radio, llevaba una vida bohemia y discernia en tertulias interminables con sus amigos sobre el destino político y cultural del país. Quizás eran sus inquietudes intelectuales, culturales y políticas lo que la diferenciaban de las demás mujeres de su generación, porque a pesar de que no fallaba a sus emisiones de Radiodifusora Nacional se las arreglaba también para ser una buena madre y esposa.

Quienes tuvieron la fortuna de conocerla, dicen que era dulce, alegre, y divertida, pero a la vez seria y hasta desafiante. Seguramente una mujer capaz de desenvolverse profesionalmente en aquellos tiempos exigentes y mucho más patriarcales; no habría podido ser de otra manera. Compartía ese privilegiado lugar con otras mujeres que también dejaron huella en los medios del país: Helenita Mallarino, Gloria Valencia de Castaño, María Antonia Cruz y Maruja Méndez.

El 9 de abril de 1948 marcó la vida de Cecilia Fonseca de Ibáñez. “Mi abuela era una liberal de izquierda ­­­— escribe Ana María — su contacto con pensamientos políticos de vanguardia la acercaron a las reinvindicaciones propuestas por Jorge Eliécer Gaitán”. El Bogotazo pilló a la periodista en su casa cuando estaba almorzando, pero sus amigos, los intelectuales bogotanos, entre ellos Jorge Gaitán Durán y Jorge Zalamea, tuvieron que apropiarse de los micrófonos en la Radio Nacional para incitar a los liberales a que se tomaran el poder, argumentando que el gobierno conservador era cómplice del asesinato de Gaitán. Cuando el ejército obligó a los ‘rebeldes’ a salir de la estación, estos lo hicieron cantando el himno nacional. Un año más tarde, todos los liberales de la Radiodifusora fueron despedidos por el nuevo director conservador Rafael Maya. En el grupo estaba incluída Cecilia.

La transición a la radio comercial no fue fácil para Cecilia, formada para democratizar la información cultural, cuando no existía otra manera de ejercer el periodismo en Colombia. Pero los tiempos habían cambiado y como era una mujer independiente económicamente, decidió emplearse en las emisoras Nuevo Mundo de Caracol Radio, donde la programación dependía de la pauta. Su nieta cuenta que ella decía que “la nueva radio era carente de poesía”. Por fortuna Alvaro Castaño, su viejo amigo de la Nacional, la invitó a participar en la fundación de la HJCK, con un modelo informativo más humanístico, más acorde con la escencia de Cecilia.

Regresó a Radio Nacional en 1958, y en este medio, cuando ya los equipos empezaban a hacer sus transmisiones fuera de los estudios, se lanzó a cubrir los festivales musicales en las regiones colombianas: en Valledupar, el Festival Vallenato; en el Valle del Cauca, el festival del Mono Nuñez; en Popayán, el Festival de Música Clásica y Religiosa, por solo mencionar algunos.

Palabras de mujeres

En 1972 creó, para la cadena Todelar, el primer consultorio sentimental femenino de los medios colombianos. En ‘Así resolvemos su caso’ Cecilia recibía cartas escritas a manos de mujeres que expresaban sus incertidumbres y tristezas, bajo seudónimos poéticos: Rosa Marchita; Manzana desconcertada, triste y pensativa; Trizte (sic); Huérfana Pensativa, en fin… A su papel de locutora, actriz, comentarista, periodista, se agregó el rol de consultora sentimental, que desempeñaba con mucha responsabilidad pero también preocupación porque pensaba que estos casos debían ser atendidos por alguien con conocimientos de psicología. El hecho es que, en su papel de mujer profesional, y de ideas de avanzada, lo que le quedó de este desempeño fue la teoría clara de algo que le inculcó a sus descendientes con mucha precisión: solo la autonomía económica libera a las mujeres del sometimiento. Y claro, se lo decía también a sus oyentes: nada más importante que la educación para lograrlo.

Su programa estrella fue ‘De Viva Voz’, un espacio donde conversaba con los representantes de la cultura nacional, como Santiago García, Eduardo Caballero Calderón, Jorge Gaitán Durán… En fin, Cecilia nunca dejó de relacionarse con los líderes de opinión del país.

Aunque para la década de los 90 su corazón empezó a deteriorarse, cuentan que Cecilia Fonseca de Ibáñez, estuvo frente a un micrófono hasta el día anterior a su muerte. Su vida se apagó el 1 de noviembre de 2001. “El médico pronósticó muerte natural, murió como una Santa, en su cama, no despertó de un sueño profundo, al igual que su padre y al parecer, igual que muchos de los miembros de la familia”, comentó Ana María Montaña en uno de los tantos artículos escritos sobre su abuela.

Han pasado más de 20 años desde su deceso y no solo su nieta la recuerda con admiración y nostalgia para escribir, siempre escribir y contar lo que aprendio de ella; muchos colombianos guardan también en su memoria su nombre; y aquí en Radio Nacional custodiamos y conservamos los archivos de sus emisiones para que el país pueda evocar siempre, a través de su voz, buena parte de la historia de la Radio Nacional.

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