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Foto: Luis Daniel Vega

El lado rockero de Discos Fuentes

Por: Luis Daniel Vega.

Luego de una larga temporada en los Estados Unidos –donde la guitarra hawaiana y los pormenores de la naciente industria discográfica distrajeron su atención- Antonio Fuentes Estrada regresó a su natal Cartagena y se dedicó a la fotografía, al atletismo, los deportes náuticos, la bohemia y a un pasatiempo muy singular en aquellos días: la radioafición. Tanto le gustó el asunto que, en 1932, en el tercer piso de Laboratorios Fuentes de Cartagena-la fábrica familiar de productos farmacéuticos- echó a andar Emisora Fuentes.  El que por esa época era un gesto temerario decantó en un asunto trascendental: Antonio Fuentes decidió grabar músicas populares provenientes de la costa y el interior del Caribe colombiano. Fue así como el 28 de octubre de 1934 nació Discos Fuentes, el primer sello discográfico en Colombia, y uno de los más longevos en Latinoamérica.

Más de dos décadas después de haber grabado y difundido un variopinto repertorio de música tropical colombiana –además de otros géneros populares latinoamericanos en boga como tango, bolero y ranchera-, apareció por primera vez en el catálogo de Discos Fuentes una curiosa etiqueta que desentonaba en aquel homogéneo prontuario de merecumbés, guarachas, merengues, valses, porros y pasillos. Se trató de “Okey baby”, un rock ´n´ roll atribuido a Toño Fuentes, interpretado por Carlos Román y su Sonora Vallenata e incluido en la cara A del sencillo 0591. Meses más tarde el combo del malogrado guitarrista cartagenero se inmortalizó con “Very very well”. Aún en el terreno de la especulación –como el testimonio oral de Humberto Moreno, quien en el libro La causa nacional (Aguilar, 2018) le cuenta al periodista Jacobo Celnik que probablemente esta última fue editada en 1958- las macarrónicas y descaradas canciones de Carlos Román podrían constituir los vestigios discográficos más antiguos del rock en Colombia junto a otro par de Los Teen Agers publicadas ese mismo año por Zeida, sello que más tarde se convertiría en Codiscos.

 

Así, a finales de la década de los cincuenta, el naciente rock ´n´roll apareció tímidamente en el ámbito fonográfico colombiano. Era un ritmo nuevo, controvertido y pegajoso que le resultaba muy atractivo a los jóvenes, hasta ese momento, desdeñados por la industria discográfica local. Discos Fuentes no fue ajeno al fenómeno. Entre 1960 y 1965 algunas orquestas de música tropical incluyeron en sus grabaciones algunas piezas de twist, baile frenético popularizado en 1959 por Chubby Checker. Si bien en muchos de los casos se trató de canciones aisladas –incluidas por obvia conveniencia comercial- no dejan de resultar atractivos los números interpretados con gracia por El Combo Barulero, La Sonora Marinera, Los Corraleros de Majagual y Lalo Orozco. 

 

Por otro lado, la disquera encontró terreno fértil en Medellín, ciudad en la que habían instalado su cuartel general en 1954. Fue allí cuando, a principios de la década del sesenta, ya con José María Fuentes –uno de los hijos de Antonio- y Jaime Rincón vinculados como directores musicales, el sello reparó en unos conjuntos juveniles de baile que hacían las delicias de las parejas danzantes en fiestas privadas y clubes sociales. Ya fuera por su estudiada indumentaria rocanrolera, el formato que incluía guitarra eléctrica y solovox, sus nombres en inglés, además de incluir twist en su diverso repertorio que incluía, también, música antillana, cumbias y porros, Los Teen Agers y Los Golden Boys fueron de los primeros grupos asociados al rock´n´roll en Colombia. Apenas unos años más tarde sucumbieron definitivamente al encanto de la música tropical bailable. 

 

En la misma línea de los conjuntos juveniles paisas, una efímera banda dirigida por el pianista Aníbal Ángel apareció en 1965 con la grabación Kabwlu. Los Picapiedra, como se llamaron, acuñaron un par de canciones rocanroleras y, ese mismo año, sirvieron de soporte para el debut y despedida de Norma Argentina, una cantante caleña de origen hondureño que suele pasar de agache en las historias del rock colombiano. Recuérdame es el primer registro del catálogo de Discos Fuentes cuyo repertorio está compuesto, íntegramente, por delicioso rock ´n´roll, en este caso puntual, ingenuo y elemental. Con sus baladas rítmicas, twist, ¡y un remedo dulzón de ska!, el disco fue el preludio de una temporada tan fugaz como salvaje y efervescente.

A finales de 1965 el lanzadiscos Alberto Gómez se reunió con Pedro y José María Fuentes y les propuso una idea: hacer el equivalente de los 14 Cañonazos Bailables pero con los talentos emergentes de la Nueva Ola en Colombia. Una pesquisa preliminar realizada a través de la Sociedad Colombiana de Comentaristas de Discos (SACODI) arrojó una nómina que incluyó a solistas y grupos provenientes de diversas partes del país: Juan Nicolás Estela (Cali), Harold Orozco (Cali), Los Yetis (Medellín), Tommy Arraut (Magangué) y Luis Fernando Garcés (La Estrella). En febrero de 1966 empezaron las grabaciones del disco. La banda base fue un lujo: Aníbal Ángel en el piano eléctrico y los arreglos, Harold en la guitarra y la dirección musical, Édgar Ávila en el bajo y Manuel Jiménez en la batería. A estos dos últimos la reputación los precedía desde sus días con Los Danger Twist, una de las agrupaciones pioneras del sonido rocanrolero en Bogotá. Mientras la música se cocinaba en los modernos estudios del barrio Guayabal en Medellín, afuera el ambiente estaba caldeado gracias a la impresionante campaña publicitaria ideada por Álvaro Zapata Rico y Alfonso Ramírez. Para hacer breve el cuento hay que anotar que nunca antes –por lo menos en Cololmbia- se había visto tanta desmesura en la promoción de un disco. Además del despliegue en prensa y televisión, miles de fotos con los rostros agraciados de los cantantes fueron distribuidas de forma inverosímil: ¡las esparcieron por los cielos medellinenses desde un avión! 

Foto: Luis Daniel Vega

La exposición mediática de 14 Impactos Juveniles –lanzado en marzo de 1966-se tradujo en ventas excepcionales lo que le aseguró a Harold, Los Yetis y Luis Fernando Garcés el apadrinamiento de Discos Fuentes. En un lapso muy breve de tiempo –que se extendió hasta mediados de 1968- el sello prestó toda su atención a la algarabía juvenil. La cosecha más fructífera le correspondió a Juan Nicolás Estela y los hermanos Juancho e Iván Darío López, quienes como Los Yetis sumaron tres elepés y varios sencillos icónicos dentro de la nebulosa historia discográfica del rock colombiano. Por su parte, Harold se consolidó como ídolo juvenil y dejó ver parte de su potencial como músico y arreglista en dos discos de larga duración y dos sencillos. Años más adelante el caleño mostraría todo su arsenal en el sello CBS. Luis Fernando Garcés dejó un par de sencillos que hoy son –si se nos permite la incorrecta utilización del adjetivo- incunables. Aún en muchas casas se escucha “Despierta Lorenzo”, su canción más recordada.

Foto: Luis Daniel Vega

La escalada de Discos Fuentes en el mercado juvenil del rock incluyó otra exitosa recopilación –Discothéque Colombia a Go Go (1966) y un par de sencillos de Jimmy y las Simoni Sisters, cuya exigua historia aún está en los pagos del misterio. También, en las postrimerías del breve alboroto, The Ampex –quienes había acompañado a Los Yetis en su álbum debut del 66- grabaron un salvaje disco que contiene versiones descarnadas de canciones originales de The Rolling Stones, The Byrds, The Yarbirds y The Lovin´Spoonful. 

 

A finales de 1967 sobrevienen las fisuras internas en la banda que hasta ese momento había sido el soporte emblemático y comercial del proyecto rockero de Fuentes. Retomar su truncada carrera como solista o seguir en Los Yetis fue una disyuntiva que le pasó factura a Juan Nicolás Estela, quien fue reemplazado por José Ignacio Durán. Con el aporte de Durán, Los Yetis grabaron Olvídate (1968), su disco más maduro y arriesgado. Paradójicamente, su mejor disco fue el principio del fin. Al no cumplir con las expectativas mercantiles de la casa disquera, el contrato –y de paso el sueño- se consumó. Así las cosas, Discos Fuentes no le apostó de nuevo al rock salvo un par de curiosidades grabadas en los setenta por baladistas como Tizziano y Rammiro.

 

Tendrían que llegar Wganda Kenya y Afrosound para que el otro lado rockero de Discos Fuentes –basado en un mestizaje extravagante de funk, cumbia sicodélica, afrobeat y salsa- alcanzara niveles insólitos de creatividad. Pero esa es parte de otra historia.