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El documental ‘Doble yo’ llega a la Cinemateca de Bogotá

Por: Richard Hernandez

Gregorio Hernández de Alba no solo fue el primer etnólogo colombiano, sino también el fundador de las principales instituciones de la antropología moderna en nuestro país. Asimismo, contribuyó de forma importante en las áreas de la arqueología, etnografía y política indigenista.

Sobre este antropólogo, el cineasta colombiano Felipe Rugeles realizó el documental ‘Doble yo’ una coproducción Colombo-española, el cual fue estrenado en el Festival de Cine de Cartagena de 2018 y en varios festivales internacionales.

Ahora Rugeles quien reside en Buenos Aires (Argentina) en donde realizó sus estudios de dirección en la Universidad del Cine, presentará su película el próximo 20 de junio, en la recién inaugurada Cinemateca de Bogotá, dentro del ciclo ‘El tiempo de la imagen: recorridos por América Latina’.  

Con Rugeles hablamos sobre diferentes aspectos de su opera prima ‘Doble yo’.

¿Qué lo motivó a hacer un documental sobre la figura de Gregorio Alba de Hernández?

FR: Yo no lo busque si no que apareció, casi que diría me vi en la obligación. Un día mi tío Roberto, que es antropólogo y profesor de la Universidad Nacional de Colombia, me contó que el hijo de Gregorio, Carlos Hernández de Alba, le reveló que tenía guardado manuscritos, grabaciones de audio, negativos y películas en 8 milímetros, de su padre.

A partir de ese momento conozco a Carlos y empiezo a indagar en los materiales de su padre. Me meto abusivamente en su vida y comienzo a reconocer su letra, su voz y su mirada a través de la cámara.

¿Cómo fue el proceso para armar y darle forma al documental?

FR: Me tomó años porque había mucho material. Solamente en negativos había casi 3.000 que estaban en poder de Carlos y otra parte del archivo se encontraba en la biblioteca Luis Ángel Arango. 

Reconocer este material fue una tarea que me llevó por lo menos cinco años, pero no solamente era reconocer el material, sino intentar comprender al personaje y su labor dentro de la antropología colombiana.

Así que lo primero fue armar una estructura sobre la cronología de sus expediciones, desde la Guajira en 1935, hasta Tierradentro en 1941.  Y sobre esta línea de tiempo ir relacionado sus diarios de campo con los registros fílmicos, fotográficos y sonoros.

Ustedes hicieron un convenio con RTVC, para que los discos de audio quedaran en la fonoteca de la Radio Nacional ¿Cómo fue ese acuerdo?

FR: Entre todos los documentos apareció una caja llena de discos de audio, algunos muy deteriorados. Entonces le sugerí a Carlos ir a RTVC y preguntar si exista alguna posibilidad de recuperarlos y digitalizarlos.

Ahí conocimos a Dora Brausin que en esa época era la coordinadora de la Fonoteca de RTVC, quien inmediatamente comprendió el valor histórico de esos discos y le propuso a Carlos hacer un convenio.

El pacto consista en que RTVC se encargaba de restaurarlos y entregarnos una copia digitalizada a cambio de que los originales quedaran en la Fonoteca para su consulta e investigación y así se hizo. 

¿Carlos cómo recibió el documental sobre su padre?

FR: Él lo ha recibido bien, desde el comienzo del proceso yo le comenté a Carlos que me interesaba más que la película generara ciertas reflexiones a partir de la figura de su padre y no tanto un relato biográfico, y eso permitió salirme de cuestiones más personales del personaje.

Pude indagar en temas que lo atraviesan, por ejemplo, cómo se forjaron la idea de nación, identidad nacional y los imaginarios sobre que es “ser colombiano”. 

¿Para usted que significó la conquista y ese choque de dos culturas?

FR: La conquista solo la puedo interpretar como un genocidio que se ejecutó por la negación del otro, un otro indígena visto como un ser inferior, sin alma y antropófago a quien era justo someter y dominar.

La Conquista de América es uno de los grandes genocidios de la humanidad que ha sido legitimado como tantas otras tragedias, por la Iglesia Católica.

¿Para usted cuales son las ventajas de trabajar en este género del documental?

Tiene la ventaja de que uno puede trabajar con un equipo más reducido, en mi caso los viajes y rodajes los hacemos junto a mi pareja que es antropóloga. Esta forma de trabajar nos ha permitido acercarnos de una manera más íntima a los personajes.

Creo que cuando uno se introduce en una comunidad para llevar adelante una película, lo más importante previo al rodaje es haber construido una relación de confianza y eso luego se notara o no, en la película.

 ¿Cuál es su siguiente proyecto?

“Muchedumbre”, un documental acerca de un pueblo en Santander que fue tomado en la década del cincuenta por un gamonal que comete una serie de asesinatos macabros, entre ellos la crucifixión de una mujer. 

La película obtuvo una beca de producción del Fondo para el Desarrollo Cinematográfico de Colombia. Ahora se encuentra en etapa de montaje y estará lista en diciembre próximo.

¿Qué opina de la nueva Cinemateca de Bogotá, en donde se va a proyectar en varias funciones ‘Doble yo’?

Es un espacio que Bogotá y el país estaban necesitando. Uno puede tener estímulos a la producción, pero se necesitan más espacios para la formación y para la difusión de lo que se hace.

La nueva Cinemateca se ha forjado bajo esa intención de integrar los procesos y de generar espacios de discusión y de formación de públicos jóvenes con sentido crítico. Por eso creo que a partir de su inauguración habrá un antes y un después del cine colombiano.