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Dayanna Herrera. Canal 1.

Gaitán, el genio detrás del “solitario”

Por: Rodrigo Holguín. Director de RTVCPlay

Recuerdo haber entrado a trabajar a RCN en el año 2003, como corrector de libretos para la telenovela “Amor a la plancha”, y que por la naturaleza de mi cargo (el primero en un canal privado) era necesario asistir todos los días a las oficinas del área de libretos. En ese entonces, ir a RCN era tener la posibilidad no solo de intercambiar impresiones con toda suerte de libretistas y equipos creativos, sino de, si había suerte, encontrarse frente a frente con Fernando Gaitán, el hombre detrás de “Betty, la fea”, un fenómeno televisivo y cultural que con el paso del tiempo no hacía sino crecer, mientras que con él también aumentaba la fama de Fernando como escritor sensible, innovador y genial.

El Fernando que se veía en los pasillos, sin embargo, no parecía muy consciente de su estatus de leyenda.  Era un tipo sencillo, melómano, fumador irredento, tomador de pelo con sus amigos, a veces ensimismado, y eso sí, muy dado a maratónicas partidas de solitario frente a una pantalla de computador. Recuerdo que los recién llegados nos preguntábamos a qué horas escribía Fernando si siempre parecía estar moviendo cartas de un lado a otro con el mouse del computador. Pero los más cercanos sí sabían lo que ocurría: él no estaba buscando un rato de esparcimiento, sino la mejor salida para alguna escena o algún capítulo de telenovela que no se estaba dejando descifrar. En esos momentos su cerebro trabajaba laboriosamente para encontrar una solución a un dilema creativo de una trascendencia que quizá solo él conocía a fondo; luego, seguramente tras haber encontrado una respuesta satisfactoria, Fernando empezaba una jornada de escritura que podía terminar bien entrada la madrugada. Al otro día se repetía la rutina: la llegada, las bromas con los amigos, el cigarrillo, el solitario, la solución genial a un problema que habría puesto en jaque a cualquier otro libretista que no se llamara Fernando Gaitán, y luego la exigente labor de picapedrero en las canteras de la escritura…

Años después lo volví a encontrar ya no en su faceta de escritor sino de Vicepresidente creativo de RCN televisión, y no pude menos que emocionarme cuando supe que Fernando, desde una prudente distancia, iba a seguir el diseño creativo y la escritura de “Amor Sincero”, novela basada en la vida de la cantante Marbelle, y en la cual yo haría las veces de co-escritor, junto a la gran Fabiola Carrillo. Para mí el solo hecho de estar en ese equipo al lado de Fabiola, con la supervisión creativa de otra pluma magistral como Mónica Agudelo, ya era un sueño hecho realidad… ahora imaginen mi júbilo cuando asistí a la primera reunión con Fernando y supe que ese sería el primero de varios encuentros. Básicamente alrededor de esa historia se había formado un dream team de libretistas colombianos, y en medio de ellos, ávido de aprender, estaba yo, un tipo mitad libretista-mitad rockero que no se cambiaba por nadie. Por supuesto, esta vez Fernando no tenía un computador a la mano, pero a fuerza de reuniones empecé a descubrir los atributos que años atrás se me habían escapado: su visión global de cada historia, su olfato para definir qué necesitaba una escena o una secuencia para llegar a su máximo nivel de conflicto, su afán por nunca traicionar a los personajes, y, sobre todo, sus dotes de investigador inmenso (seguramente heredadas del periodismo), que lo hacían estudiar como nadie los universos dramáticos de cada serie o telenovela con la cual se relacionaba. Como él mismo decía, el conocimiento profundo de esos universos le abría al escritor no solo la posibilidad de encontrar nuevas vetas de conflicto, sino de mostrarle al espectador un mundo verosímil en el cual perderse gustosamente.

Por fortuna tomé parte en otros proyectos (el diseño y escritura de “Traicionera”, la adaptación de la serie “Hermanos y hermanas”, el diseño preliminar del proyecto “Garzón vive”, por ejemplo), y cada uno era una nueva oportunidad de escuchar hablar a Fernando en reuniones de asesoría creativa, y comprobar que su habilidad de desentrañar los misterios de una historia para encontrar la mejor forma de abordarla, se había mantenido incólume. Confirmé también que Fernando era un gran interlocutor, y que su talento y el aire de respeto que su inteligencia y su sensibilidad desprendían, no evitaban que fuera capaz de reconocer una buena idea y alentar a sus colegas a seguir adelante por ese camino.

Nunca olvidaré, finalmente, que tras la agonía y muerte de mi madre, una de las épocas más oscuras de mi vida, él le preguntó por mí a una gran amiga mutua que también trabajaba en RCN. Ella le comentó lo ocurrido, y Fernando le dijo que a pesar de que en ese momento el canal no tuviera proyectos para ofrecerme, era muy importante que ellos me mantuvieran la cabeza ocupada para al menos hacer un poco más llevadero el dolor. Luego mi amiga me llamó, y me notificó que Fernando había pedido mi entrada por un tiempo al comité que evaluaba los nuevos proyectos para RCN. Así lo hice y allí estuve hasta que llegó la posibilidad de escribir una nueva serie. Este tal vez sea el recuerdo más vívido que tengo alrededor de Gaitán. Algunos lo veían distante y lejano, pero tengo la total certeza de que con el genio coexistía un gran ser humano. Solo alguien así es capaz de tocar, no una sino varias veces, las fibras de todo un país, revelándole a la gente personajes con los cuales ilusionarse, proyectarse y reconocerse.

La última vez que lo vi fue hace unos meses, en un taller para libretistas y creativos donde el tema era cómo diseñar historias basadas en el mundo de la salud. Nos saludamos, charlamos un rato, me senté cerca de él, y me llamó la atención que el gran maestro esta vez estaba entre los alumnos, muy atento a todo lo que decían los expositores. Por supuesto, cuando ellos supieron quién estaba allí, detuvieron la charla y pidieron un cerrado aplauso para Gaitán. Él aceptó un tanto incómodo, sonriendo a diestra y siniestra y pidiendo que continuara el taller. Ese día lo vi más grande que nunca, y es una imagen que no olvidaré, pues se me hizo claro que Gaitán, después de haberlo ganado todo, no había perdido ni un poco de su curiosidad y su afán de aprender. Ojalá la vida de personajes como Fernando Gaitán desde el principio tuviera autorizada una segunda temporada.