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Foto: Colprensa.

Día de la Virgen del Carmen, una festividad en el corazón de los transportadores

Por: Richard Hernández

En muchas ciudades, municipios y veredas del país, a raíz de la pandemia por Covid-19, sus habitantes no verán transitar por sus calles las coloridas y ruidosas caravanas de carros y procesiones de feligreses para celebrar el día de la virgen del Carmen, patrona de los conductores, este 16 de julio.

Departamentos como Boyacá, Atlántico, Cundinamarca y Tolima, en donde cada año esta conmemoración toma mayor fuerza, tuvieron que cancelar esta festividad.

El origen de esta celebración, según la orden de Carmelitas Descalzos, se remonta a mediados del siglo XII, cuando un grupo de cristianos procedentes de occidente inspirados en el profeta Elías decidieron instalarse en el Monte Carmelo, en Israel, escogiendo como patrona a la Virgen María.

Allí construyeron la primera iglesia dedicada a Santa María del Monte Carmelo, viviendo bajo oración y pobreza. Surge así la orden de los Carmelitas, que da origen a la Virgen del Carmen. También cuentan que, en el siglo XIII, un 16 de julio, la virgen del Carmen se le apareció a San Simon Stock, un padre carmelita y le dijo que quien llevara el santo escapulario lo protegería en todo momento.

Por su parte, el Papa Gregorio XVI otorgó a la iglesia el título de basílica menor. El santuario recibió el nombre de Stella Maris, que significa ‘Estrella del mar’. Así fue como el templo empezó a ser visto como un faro por los marinos, y por esa razón se le conoce como patrona de los navegantes y transportadores.

En 1911, llegan los primeros sacerdotes a establecer la orden de Carmelitas Descalzos, con lo que empieza así la devoción a la Virgen del Carmen. No hay una fecha exacta del comienzo de la celebración en su honor, Sin embargo, desde 1606, cuando llegó la orden Carmelita a Bogotá, esta festividad ya existía.

Carmen de Apicalá (Tolima) es uno de los destinos religiosos más visitados para esta época. El año pasado, asistieron a su santuario más de ocho mil peregrinos y turistas provenientes de diferentes partes de Colombia.

“La nuestra se llama Virgen del Carmen de Apicalá. Hacia el año 1828, llegó un peregrino, que ofreció al párroco del pueblo hacer una imagen de la virgen del Carmen. Al entregar la imagen, mientras el pueblo se arrodillaba a verla, el escultor desapareció sin revelar su identidad. De ahí en adelante corre la leyenda de que el escultor fue un Ángel o San José”, señala Jesús Ernesto Ramírez, presbítero del Santuario Nuestra Señora del Carmen.

El pasado 7 de julio, el santuario comenzó una novena virtual que terminó ayer. Está dedicada a la ‘Morenita’, como llaman a la virgen del Carmen los habitantes de este pueblo tolimense. Hoy también se transmitirá cada dos horas una misa a través de Facebook.

Mientras tanto, algunas iglesias preparan los protocolos de bioseguridad para poder ofrecer sus misas. El Santuario, según el párroco Ramírez, esperará hasta finales de agosto, ya que la devoción a la virgen atrae a muchos peregrinos durante estos meses.

El padre también les pidió a los conductores, que cada año acuden en gran número a la eucaristía a que les bendigan sus buses y camiones, que: “confíen siempre en el Señor y la bendición de la Santísima Virgen; esta realidad la estamos viviendo en todo el mundo; debemos acogernos un poquito a la voluntad de Dios en este momento y quedarnos en casa”.

Álvaro Domínguez es un conductor bogotano de una empresa de furgones que lleva más de 23 años en esta profesión. Él es un gran devoto de la Virgen del Carmen.

“Para mí, llevar el escapulario y la imagen de la virgen, significa la protección e intercesión que ella hace en nuestro camino y en situaciones de peligro”, señala Domínguez, quien también guarda con gran cariño las fotos de las caravanas en donde ha participado con su carro para homenajear a la patrona de su gremio.

“Cada año nos reunimos unos 200 furgones en la Carrera 68 con Calle 22, para decorarlos con cintas azules y blancas, los colores de la virgen. Luego empezamos el recorrido por diferentes partes de Bogotá, haciendo sonar los pitos, las sirenas y echando pólvora, para alabarla. Después volvemos al sitio de partida y el padre celebra una misa en donde asperja, con agua bendita, los carros”

También es muy común en esta fecha que las empresas transportadoras les organicen a sus conductores, asados y suculentos almuerzos, para reconocer esta dura y sacrificada labor.

Jean González es otro conductor bogotano que lleva 30 años en este oficio. Desde que comenzó la pandemia no ha podido trabajar con su bus de turismo de 40 pasajeros, ni encomendarse a la virgen, antes de emprender los largos viajes que hacía de Ipiales a Cúcuta.

“Es el único día que nos tienen en cuenta porque para nosotros no hay Navidad ni Año Nuevo, siempre estamos viajando. Yo soy muy devoto de la Virgen del Carmen por tradición. Lo que no entiendo es porqué, sí pueden abrir el aeropuerto y no el terminal de transporte. Me ha tocado recurrir a mi familia para sobrevivir. Por eso en este día de la Virgen del Carmen vamos a hacer una marcha por todo el país para protestar por la situación que está padeciendo el gremio”, señaló.

Julián Chaparro, de Sogamoso (Boyacá) es un conductor de 30 años, quien sí ha podido trabajar durante la pandemia, gracias a las 43 excepciones del Decreto 749 de 2020, que expidió el Gobierno, el cual permite la circulación durante el aislamiento preventivo obligatorio.

“Por cuestiones humanitarias estamos haciendo viajes a Bucaramanga, Cúcuta, Yopal y Barranquilla. Para mí, la virgen es mi santísima madre, la que nos acompaña día y noche en nuestros caminos y nos da la sabiduría para llegar con el sustento diario de nuestros hogares. Por eso nosotros la llevamos como membresía en nuestros vehículos y por esa razón la llamamos nuestra patrona”, comenta.

La veneración a la virgen del Carmen por parte de los conductores en nuestro país se hereda de padres a hijos. En muchos municipios existe la Hermandad de la Virgen del Carmen.

“En Colombia, desde la Colonia, hubo advocaciones de las vírgenes que se constituyen en nombres fundadores para esos territorios. Es una especie de topografía de lo sagrado. También la traducción del paganismo antiguo en la religiosidad popular católica, indudablemente revive estas deidades, obviamente bajo el emblema del santoral o de las advocaciones de la virgen”, señala el sociólogo Fabián Sanabria.

La mayor parte del pueblo colombiano católico es devoto de la Virgen del Carmen y, según la Orden de los Carmelitas Descalzos, es la creencia más fuerte que hay de la virgen.

“También es una manera de especializarse con respecto a lo sagrado. La gente se apega a estos cultos porque no podemos escapar a la creencia. De algo tendremos que agarrarnos y evidentemente puede ser de una virgen o de un santo”, añade.

Hoy las capillas de las terminales y empresas de transporte, en donde tienen la imagen de la Virgen del Carmen como su benefactora, estarán vacías y sin la presencia de los conductores que antes de salir se encomiendan a ella para que los proteja en sus viajes.

Tampoco en el Terminal de Transporte de Bogotá, se verán a los conductores santiguarse, ni se escuchará el ruido de las bocinas que los choferes hacen sonar cuando pasan cerca de la imagen de la Virgen del Carmen, que está ubicada a la salida de ese punto.

En este día los conductores, por primera vez, tampoco llevarán en sus procesiones las estatuillas e imágenes de la Virgen del Carmen en sus engalanados buses, camiones y furgones, por cuenta de una pandemia tan incierta como las adversidades y aventuras que les pueden ocurrir durante cualquiera de sus travesías.