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tomada del facebook March Morales. Autorizada por ella.

Guía metalera para días de confinamiento

Por: Luis Daniel Vega.

El origen del adjetivo metalero –derivado de la expresión heavy metal-  es tan incierto como difícil resulta arriesgarse a exponer una posible definición objetiva. De lo que si estamos seguros es que es utilizado en casi todos los países hispanoparlantes para referirse a los hombres y a las mujeres que escuchan música metal. ¿Y qué es el metal? Para no entrar en terrenos pantanosos podríamos decir que, básicamente, es música estridente que desde los tiempos de Black Sabbath está asociada a ritmos potentes, guitarras distorsionadas, bajos densos, voces guturales y temáticas ligadas al ocultismo. Pero todo esto se encuentra en el terreno de la especulación si tenemos en cuenta que el metal contiene una centena de variables estilísticas que corresponden a disímiles formas de asumir -y este es el terreno que nos compete- las prácticas religiosas. Desde el extremismo ideológico del black metal hasta el metal cristiano, estas músicas son escuchadas con fervor en el mundo entero, definen personalidades, dogmas y rasgos espirituales. También hay que tener en cuenta que es una de las tribus musicales más propensa a los prejuicios.

Es en este último aspecto que resulta pertinente la pregunta ¿qué hacen los metaleros y las metaleras en Semana Santa? Sabemos que de entrada el cuestionamiento es escrupuloso; sin embargo, consideramos que sirve precisamente para desmentir ciertas habituales suspicacias. Para ello invitamos a una mujer y a cuatro hombres –involucrados sentimental y laboralmente con el controvertido asunto - a que nos respondieran a la pregunta. El resultado es un desopilante catálogo testimonial que, con buen sentido del humor, algo de parodia y sarcasmo, nos da pistas para comprender que, esencialmente, un metalero o una metalera son personajes comunes y corrientes que viven la semana mayor como cualquier mortal en vacaciones. Una certeza después de leer sus palabras: ¡ninguno practica ritos macabros en los cementerios!

Si el lector o la lectora quieren profundizar al respecto de este enrevesado y fascinante universo sonoro, les recomendamos la lectura del libro La historia del heavy metal (2018) de Andrew O´Neill y el documental Metal: a headbanger´s journey (2005) de Sam Dunn.

¡Ahora sí, cuernitos arriba!

March Morales

Baterista de la banda Ataque de Pánico. A los doce años, luego de escuchar a Metallica en la emisora Radioacktiva, se devoró en un suspiro todos los viejos discos de la banda: desde Kill em all hasta The Black Album. En la actualidad, su banda colombiana favorita es Vein. De las internacionales se inclina por Lamb of God.

«En el encierro, mientras los días siguen pasando, llegan este tipo de preguntas que me hacen concluir categóricamente un asunto muy básico: los prejuicios siguen siendo los mandamientos de la sociedad en la que vivimos. Preguntar cómo vive la Semana Santa un metalero o una metalera es como cuestionarse por qué una mujer escoge hacer metal en lugar de practicar un género más “femenino”. Lo más decepcionante de todo esto es que no se reflexiona, en primer lugar, que para metaleros o no metaleros esta Semana Santa va a ser muy distinta de todas las demás. Esta pregunta, tan obvia como la que me hacen, también apunta a que al final de la cuarentena seguiremos lidiando con los estigmas y los estereotipos. Pero bien, para tratar de responder, solo puedo decir que ¡no sé, particularmente, qué hacen los metaleros y las metaleras en Semana Santa! Tal vez lo mismo que otra persona no practicante haría: viajar, descansar, compartir en familia… ¡Y rezarle a Satán!. No sobra decir que este último es un comentario cargado de sarcasmo».

Foto cortesía: Carlos Fabián Rodrígurz.

Carlos Fabián Rodríguez

En la emisora de la Universidad Nacional de Colombia dirige el programa Metal UN. Se hizo rockero a los catorce años gracias a los discos promocionales de la Pizza Nostra. Hizo parte de la banda de punk Nación Apatria y fue manager de Neurosis. Del panorama metalero nacional recomienda. Info y Endeathed. No duda en afirmar que Haggard es su banda favorita.

«Semana Santa o Parranda Santa. Así hemos llamado a esos días de recogimiento que entre la comunidad católica mundial conmemora la llegada a Belén, la última cena, el juicio, crucifixión y resurrección de Jesús de Nazareth. Sin ser yo el más trve (sic) de los metaleros, ni el más ateo de los escépticos en mi condición de rockero la semana mayor se vive desde varias ópticas».

«La negación: justo en el momento en el que uno cree haberse convertido en metalero viene la negación a la imposición de la religión católica como costumbre familiar y social; entre más arraigado sea este dogma religioso el joven metalero reaccionará, llegando incluso a simpatizar con expresiones religiosas antagonistas. La mayoría de conciertos y ritos ligados al metal en Semana Santa terminan siendo, en esencia, una inocente parodia».

«La madurez: una vez se tiene contexto, además del religioso, la Semana Santa es, simple y llanamente, un tiempo de vacaciones. Para aquellos o aquellas que tienen la fortuna de estar libres toda la semana es una ocasión perfecta para holgazanear. De allí a que la llamemos coloquialmente Parranda Santa. Y esto es común, tanto para metaleros como para practicantes de la fe católica».

 “El entendimiento: combinar la madurez de mis ideas frente al catolicismo y la capacidad de “disfrutar” los ritos de dicha religión. Afortunadamente yo estoy en esa disyuntiva que me vuelca a la curiosidad en torno a las ceremonias y, por ejemplo, aprovecho para conocer más a fondo los misterios de las arquitecturas de iglesias, capillas y templos».

«Un par de asuntos más: a pesar de que tantas veces le escuché a mis abuelos hablar del peligro del baño diario en los días de Semana Santa, hasta ahora no he conocido el primer caso de humano convertido en pez. Habría que aclarar que en las piscinas el riesgo es inherente. Segundo:  he bebido cerveza en cenas los jueves en la noche tras cansarme de esperar a que el agua mutara en vino y salí un viernes santo a eventos donde el black metal fue estridente, pagano y blasfemo. No sufrí ningún castigo divino».

«Para terminar este rosario una reflexión final: hoy, bajo las actuales circunstancias –la cuarentena obligatoria-, observaré con recelo sentencioso a los necios que osen unirse a los ritos públicos del cristianismo en su semana mayor. ¡Quédate en casa! Así seas metalero o católico practicante si no haces caso te podrás condenar. ¡Y no precisamente en las llamas del infierno!»

Foto cortesía: Juan Sebastián Barriga

Juan Sebastián Barriga

Periodista e investigador musical. Sus crónicas, reseñas e inusuales pesquisas han salido publicadas en Radio Cocoa, Noisey, Arcadia y Canal 13. Fanático de los gritos y la distorsión, entró a los sonidos pesados cuando escuchó Korn. Sucumbió a lo extremo en la adolescencia gracias al disco Carne de cementerio de la banda Machetazo. Fue guitarrista de Morbopraxis, una agrupación de grindcore. Destitute es su banda nacional favorita y Napalm Death lo seguirá acompañando hasta el final de los tiempos.

«Llegó la Semana Santa y la blasfemia está en el aire: ¡es el momento de desempolvar tus discos quemados de Mayhem! Ha llegado el tiempo de pulir tu cruz invertida y dejarla brillante para exhibirla mientras caminas por las calles luciendo tu corpse paint -hecho con el maquillaje de tú mamá- y le gruñes a cuanta anciana ves pasar. Para los boleadores de mecha, la Semana Santa es esa época del año en la que reafirmas tu compromiso con las tropas del averno y te juntas con tus compas a discutir con cuál disco se vendieron las bandas al sistema o a intercambiar anécdotas épicas como la primera vez que te rompieron la nariz de un codazo en un pogo. Es cuando pruebas que tan trve eres al devorar un pedazo de carne cruda frente a una procesión o al quemar una iglesia hecha de papel. Es la mejor excusa para pasar días en los oscuros bares tomando pola escuchando demos y discos lanzados en los 80, porque si te atreves a escuchar otra cosa inmediatamente te vas a convertir en un casposo. Es la mejor época del año para correr a Melgar y echar piscina, tomar guaro y amanecer cantando “Vestido de cristal”. Sí, la Semana Santa, es el mejor puente para ser metalero».

 Julián Cotes

Profesor, fotógrafo, guitarrista y realizador visual. A los trece años la fiebre del rock pesado le entró por los ojos cuando descubrió las ilustraciones de Derek Riggs en los discos de Iron Maiden. Su paso a las grandes ligas lo dio cuando compró Kill em all de Metallica. Parabellum y Gojira lo hacen menear la cabeza. En la agrupación Sabroders hace la parodia de un guitarrista metalero.

«Estaré en casa machacándome los oídos con tambores a toda mecha, guitarras estridentes y gritos estertóreos mientras contemplo las horripilantes y fascinantes portadas de los viejos discos de metal de la década de los ochenta y los noventa en los que, a propósito, ya se vislumbraban estos apocalípticos tiempos de pandemia. Pienso que en un golpe de suerte y ocio encontraré el Santo Grial del interferón casero a punta de un menjurje compuesto por ajo, sauco, cebollas, propoleo y viche del Pacifico colombiano. ¡Creo que el metal se salió de las portadas y se ha vuelto realidad! Así las cosas, he aquí el plan:

 «Lunes: Al ritmo de “Epidemic” de Slayer saldré a comprar los artículos de primera necesidad para estos días de cuarentena. Me pondré mis tenis puercos, mis pantalones camuflados, mi gorra y mi casco tapizado con pegatinas de grupos que me gustan. Sumémosle, también, guantes negros de latex, gafas oscuras, filtro para montar en bici y tapabocas recubiertos con una pañoleta… ¡de color negro, por supuesto! Acicalado de esta manera, estaré listo para aventurarme por las mortíferas y solitarias calles de Medallo. La bici es la mejor cómplice en esta extraña película de zombies. Al regresar a casa, luego de evitar juiciosamente los cajeros automáticos, tocaré guitarra en modo “Yo me llamo Kirk Hammett” con el volumen del ampli en 10 y así cautivar a los vecinos. La nostalgia me perseguirá. Menos mal que mis amigos pendencieros estarán dispuestos a menear la melena tras la pantalla líquida del computador».

«Martes y miércoles: Imaginaré que una chica viene a visitarme. En ese lejano caso hipotético –recordemos que estamos en estricta cuarentena- pondré la casa como una tacita de té: los oficios varios estarán acompasados por una buena dosis de power ballads tipo “Love is son the way” de Saigon Kikck. Si la fémina en cuestión pudiese venir de visita, tendría listo un vino crepuscular y unas champetas para asegurar frenéticos movimientos de cadera en la madrugada».

«Jueves y viernes: El jueves ya parecerá viernes pues para esos días –y tal como van desarrollándose los insólitos acontecimientos- estaré crucificado por los recibos, el arriendo y la cuota de manutención de Antonia, mi guámbita que actualmente vive en Bogotá. Con ese oscuro porvenir tocará apelar a experimentos sinestésicos de primer orden: intentaré ver Quo vadis con la música de Ren y Stimpy como banda sonora».

«Sábado: Estaré muy pendiente de que la resaca sicodélica no me haga olvidar del pico y cédula para salir a comprar víveres. Entonces, me tocará disfrazarme de teletubi negro e ir al cajero para sentir angustia por unos segundos. Ya para esos días la gana de tomarme una pola se recrudecerá; sin embargo, me tocará aplazar el gustico pues tengo terror de ir a la tienda: ¡como si nada extraordinario estuviese sucediendo, allí los feligreses siguen de fiesta día y noche! Ya en casa protocolo riguroso de limpieza y lectura: Lovecraft tiene cuentos increíbles para conciliar el sueño».

«Domingo de ramos: Al ritmo de “Sweet leaf” de Black Sabbath me concentraré en un plan tranquilón de jardinería. Esto es: espantar las polillas, revolver y aporcar la tierra, además de revisar los tricomas de una matica que suelo utilizar tanto para fines medicinales como para aquellos que tienen que ver con el divertimento hipersensorial del cerebro. Seguro reiré como un orate viendo la primera parte –sin subtítulos- de Los dioses deben estar locos».

«Metaleros y reguetoneros, vallenateros o punqueros, católicos o satanistas, cada combo con sus costumbres y ritos, unos más excéntricos que otros, pero todos amparados por el libre desarrollo de la personalidad. Lo único que espero es que, más allá de la diferencia, nos una la cordura en esta Semana Santa tan excepcional. ¡Es tan esencial lo que está en juego! Cuando la zozobra se desvanezca ojalá nos encontremos de nuevo con nuestras familias y nuestros parches… seguro volveré a la tienda a tomar cerveza, a escuchar una salsita y una tonadita de Pantera».

Foto cortesía: Juan Sebastián Barriga

Héctor Carmona

Guitarrista y manager de Luciferian, legendaria agrupación de black metal fundada en Armenia en 1996. Se hizo metalero a los trece años cuando su mamá le regaló una pila de casetes dentro de los que se encontraba Master of puppets de Metallica. Sostiene con vehemencia que Kraken es su banda nacional predilecta.

«Corriendo el riesgo de generalizar, me atrevo a decir que para los metaleros y las metaleras los días de Semana Santa son bastante productivos: es una excelente excusa para descansar, dormir hasta tarde, ensayar con las bandas e intimar a fondo con las parejas respectivas. Salimos a pasear a las mascotas, vamos de excursión y, ante todo, escuchamos muchísimo metal para soportar el caos religioso que se desata en esos días.  Aunque debo decir que en los últimos años las multitudinarias procesiones han mermado enormemente y, por el contrario, las gentes han migrado a otros cultos y a otras manifestaciones piadosas. Quisiera creer lo primero, aunque lo dudo».

Glosario:

 Casposo: adjetivo proveniente del argot musical que se utiliza para calificar peyorativamente a un sujeto –hombre o mujer- que se ha entregado a los placeres de las músicas “comerciales”.   

 Corpse Paint: estilo de maquillaje usado por los músicos y las músicas de black metal en el que, para intensificar cierta apariencia mefistofélica, se emplea un enmarañado maquillaje de color blanco y negro.

 Interferón: Proteína de bajo peso molecular producida por células de los animales vertebrados que, al entrar en contacto con un virus, actúa impidiendo la entrada y la proliferación de cualquier otro virus.

 Pogo: Baile frenético, violento y apasionado, que se ejecuta en grupo, nunca en pareja, asociado a diversos géneros musicales como el punk y el metal en sus más variopintas manifestaciones.

 Power ballads: Estilo de canción romántica –deliciosamente cursi- incluida en discos de rock, hard rock o heavy metal. Habitualmente cuentan historias de amores fallidos.

 Trve: este ambiguo adjetivo es comúnmente utilizado en el argot metalero para calificar al sujeto –hombre o mujer- quien desde que estuvo expuesto al rock pesado en su más tierna infancia se ha mantenido fiel a los preceptos de la oscuridad. En otras palabras: el metalero o la metalera auténticos.