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Foto: Bernardo Vasco/ Página web Archivo General de Bogotá.

Julio Torres, 90 años de una promesa trunca

Su nombre era Julio Torres Mayorga (el segundo de derecha a izquierda en la fotografía) y había nacido en el barrio Ricaurte de Bogotá el 27 de marzo de 1929. A sus 17 años su padre le regaló su primera guitarra, y con ella tomó clases en instituciones como el Centro de Cultural Social y llegó a recibir lecciones del célebre pianista y compositor nortesantandereano Oriol Rangel.

A su amparo compuso algunos pasillos, boleros y bambucos, pero pudo más el gusto por la en ese entonces llamada en el interior “música caliente” de Guillermo Buitrago, y decidió conformar un grupo, el primero que hizo música de acordeón en Bogotá. Su nombre: Los Alegres Vallenatos.

Saliendo apenas de su adolescencia, Torres empezó a crear un repertorio para su agrupación. Así fue como se inspiró en la recién nombrada Reina Nacional de la Belleza Myriam Sojo Zambrano y en un sanjuanero de Garzón y Collazos para escribir “Los camarones”, luego decidió inmortalizar la figura de uno de los más famosos y pintorescos locos de la ciudad, llamado, igual que su vallenato, “Pomponio”, y el clima de la fría Bogotá, que lo sorprendió en el umbral de la casa de su abuela sin que le abrieran la puerta, le inspiró su máxima creación, “El aguacero”.

Todos estos temas fueron grabados en discos de 78RPM por el sello bogotano Vergara, de propiedad de Gregorio Vergara. Fueron, de hecho, las primeras grabaciones de ese sello, a partir de 1949. A finales de 1950, el sencillo que incluía “Los camarones” y “El aguacero” había logrado vender más de 300 mil unidades.

El estreno de estos temas en emisoras como la Nueva Granada, La Voz de la Víctor y Nuevo Mundo inmediatamente catapultó al éxito al joven cantante y compositor. Sus temas empezaron a escucharse en el exterior y a sus escasos 21 años apuntaba a convertirse en una estrella de orden internacional.

Sus planes para 1951 contemplaban la primera gira internacional por México y, seguramente, la participación en alguna película allá mismo. Ya en ese entonces lo llamaban “El benjamín de los compositores colombianos”.

Foto: Bernardo Vasco/ Página web Archivo General de Bogotá.

Pero antes de ello debía cumplir no sólo con un contrato sino con un deber que tenía consigo mismo. La revista Semana del 30 de diciembre de 1950 traía un reportaje con el compositor, probablemente escrito por el jefe de redacción de la revista de aquel entonces, Belisario Betancourt.

El primer intertítulo de aquella nota decía: “No han visto el mar mis ojos”. Fue así como decidió partir para Cartagena con su grupo y su novia, la hija de Gregorio Vergara, para cantar por fin en uno de los lugares claves en el desarrollo de la música que lo había enamorado. Al tercer día luego de haber llegado, el 9 de enero de 1951, Julio Torres Mayorga murió ahogado en su primera inmersión al mar, en las playas de Marbella.

“En una urbe de pasillos y torbellinos, de literatos y poetas, en las emisoras se trillaban una y otra vez los vallenatos en guitarra de Guillermo Buitrago. Tal fue el escenario artístico musical, por decirlo de alguna manera, en que creció la generación de finales de los cuarenta.

Y claro, entre ellos estaba Julio Torres”, cuenta el periodista Bernardo Vasco, en una crónica para la revista del Archivo Distrital, acaso el documento más riguroso que existe sobre Torres habida cuenta de la oscuridad en que se ha sumido la vida del primer juglar vallenato cachaco. Usted puede usted encontrar aquí dicha crónica en su versión completa.

El 27 de marzo se conmemoran 90 años del natalicio de Julio Torres Mayorga, la primera gran estrella del vallenato en Bogotá y el compositor interiorano más prometedor de su época. Por eso es nuestro Artista de la Semana.