Foto: Colprensa. Viernes 18 de mayo.

Los peinados afro, símbolo de identidad en la isla de San Andrés

Por: Sally Flores. Radio Nacional de Colombia San Andrés.

“Nos volvemos esclavas de los procesos de alisar y planchar el cabello, esa fue la razón por la cual decidí portar el afro, además del boom que se dio de volver a la raíz, a lo natural, a lucir lo que realmente somos”

Desde los 12 años de edad, Alexa Hooker, psicóloga raizal, mantuvo expuesto su pelo a procedimientos químicos para hacerlo lucir lacio. A los 27 años, cuando optó por cortarlo y dejarlo crecer con su textura real, afirma que para ella misma fue muy extraño, pues nunca se había visto de esa manera.  Sin embargo, lo realmente duro fue la presión social.

Durante siglos, el cabello afro ha sido nombrado con un sinnúmero de calificativos despectivos, la visión que se ha tenido de éste, ha variado a través de distintas épocas.  A Principios de 1960, por ejemplo, surgió en Estados Unidos el movimiento político orgullo negro “Black Pride”, que trajo consigo una identidad negra con aprecio por la belleza africana. 

Una década más tarde, el afro seguía siendo percibido como una manifestación política significativa.  No pasaría mucho tiempo para que este cabello comenzara a verse con otros ojos, gracias a algunos personajes del cine y de la música como The Jackson 5, que lucían sus abundantes cabelleras en las pantallas y sobre los escenarios.

El uso del afro perdió fuerza durante los ochenta y gran parte de los noventa, pero a finales de esta última década, las mujeres de raza negra comenzaron a ver nuevamente su cabello natural como aspecto hermoso, hasta ser lo que hoy en día, una tendencia de la moda y una manera de reencontrarse con su propia identidad.

“Tristemente, para muchos aun es extraño ver un afro, al principio me decían que debía irme a peinar.  Yo creo que no han cambiado los esquemas mentales históricos, que son efecto de la colonización; el hecho de no aceptarse y querer ajustarse al prototipo de la manera en que se supone debe verse el cabello, es una muestra de ello”, dice Alexa.

Annie Hooker, comunicadora social, quien vivió una situación distinta a lo que experimentó Alexa, siempre lució con orgullo sus rizos, hecho que cambiaría cuando se enfrentó a la vida universitaria en la capital del Atlántico.

“Comencé a sentir una presión muy fuerte.  Barranquilla es conocida por sus bellas mujeres, de cierta forma quise encajar en ese estereotipo. Estaba estudiando en una buena universidad donde te exigían estar pulcra de la cabeza hasta las uñas, porque estás vendiendo imagen”.  Esto ejerció presión sobre Annie impulsándola a alisarse el cabello.

“Fue difícil acostumbrarme a hacer filas en una peluquería, aprender a hacer “la toca”, para que el blower se mantuviera por más tiempo. Me sentaba donde no corría brisa, para que el cabello no se enredara ni me hiciera frizz, lo que implicaba soportar calor.   En San Andrés no iba a la playa, para no dañarme el cepillado y el planchado.

Foto: Colprensa. Viernes 18 de mayo de 2018.

Annie nunca se acostumbró al mundo del consumismo y la esclavitud, como ella le llama a la rutina de utilizar ciertos productos especiales cada 4 días o semanalmente, para lograr mantener el cabello en buenas condiciones, lo que la hizo tomar la determinación de regresar a sus risos.

Sin embargo, al cortarse el cabello para dar el paso, sus compañeros de trabajo la miraban de una manera en que ella se sentía desaprobada.  Muchos cuestionaron su cambio, pero pocos, preguntaron cómo se sentía; esto le dio fuerzas para continuar con el propósito de recuperar su identidad como mujer raizal, afirma.

Hoy en día, al sentarse frente a las pantallas del canal de televisión regional, donde actualmente trabaja, Annie dice sentirse feliz de mostrarse al natural, no piensa en el qué dirán, pues era consciente de que no a todas las personas les iba a agradar el cambio y que los comentarios positivos o negativos, siempre estarían presentes.

“Me he enseñado a reconocer mi cabello, me he educado, he aprendido a usar los productos adecuados para mi pelo, a consentirlo y a consentirme, ha sido una experiencia muy bonita y gratificante”.

Por su parte, Alexa afirma que no llegó a sentirse poco atractiva por el cambio. “Nunca me vi fea, rompí con esos esquemas mentales, de pronto porque soy psicóloga y sé que muchas cosas son cuestión de percepción.  cuando si el paso fue extraño, porque no estaba acostumbrada, pero ahí es donde viene la creatividad, es cuando uno decide qué hacer para resaltar más la belleza”. 

Los accesorios grandes y un maquillaje que resalte los ojos, así como utilizar diferentes estilos de peinados para proyectar más el cabello, son estrategias que utiliza Alexa, para sentirse y verse más atractiva. “Este es el momento de romper esquemas y de que las personas afro comiencen a proyectar lo que realmente son”, apunta.

“Hay que consentir nuestro cabello para que se vea más lindo, existen una gran cantidad de productos que se tienen que utilizar.  Aunque la gente no lo crea, es costoso, pero detrás hay una sensación de libertad, de no tener que usar cremas alisadoras, que a la larga queman y son dañinas”.

Tanto Alexa con su afro, como Annie con sus risos, coinciden en la importancia de lucir su cabello, como un aspecto esencial de la raza negra y la identidad raizal, para sacar el mejor provecho de su textura.