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Naty Hernández, Luz Marina Posada y María Cristina Plata

Tres mujeres y un estreno de la semana

Miguel Camacho

Desde el momento en que asumí el ejercicio continuado de investigar, escribir y programar para los espacios Jazz con sabor latino y Son de la música, para la Radio Nacional de Colombia, creo que lo más importante que me ha ocurrido es el acercamiento que se ha producido con la música y con los músicos colombianos.

A cada paso que avanzamos en esta cotidianidad salpicada con las notas y las voces de tantos creadores de tan diversos orígenes, he llegado a pensar que esa cacareada felicidad que nos endilgan, si es que existe, tiene que provenir directamente de nuestra música.

El papel que debe jugar la radio. en general, frente a sus oyentes, es el de ofrecer sin favoritismos el resultado del esfuerzo de todos sus músicos; el problema para que tan noble misión se lleve a cabo apropiadamente surge cuando al trabajo sensible de los músicos, de los cantantes y de los compositores se suman los vicios y las mañas de la industria que, con un muy discutible criterio comercial, impone nombres y títulos bajo las premisas del éxito internacional… del premio Grammy… del dueto con el rapero de moda… de la foto con Lady Gaga… en fin, con toda suerte de artificios que son precisamente como juegos pirotécnicos, tan vistosos y sorprendentes como efímeros e inútiles.

Surge este texto a propósito de la sorpresa y del asombro de haber tenido la suerte de ser testigo de un concierto único; hermoso por su sencillez y por su honestidad, y emocionante por la hondura de sus textos y sus interpretaciones.

Tres mujeres fueron desfilando en una “noche” mágica en pleno medio día para presentar lo suyo:

En su orden Naty Hernández, un auténtico descubrimiento de la voz y la composición, formada en los espacios académicos de EAFIT en Medellín, hija directa del jazz vocal y por si fuera poco guitarrista y bajista que acaba de recibir la noticia feliz de una beca para la prestigiosa escuela de Berkley; la dolorosa belleza de su tema “Manos de agua” resiste y merece cualquiera… o ¡todos! los escenarios del mundo porque además Naty tiene ya estatura absoluta de artista independiente, así lo demostró además abriendo para Lucio Feuillet su lanzamiento de “Margarita” en la Academia Luis A. Calvo.

Oir a Luz Marina Posada ahora lo sé, es una de las cosas más importantes que me ha ocurrido en el ejercicio y el deleite de esta melomanía que sólo me da satisfacciones… una a una desfilaron sus canciones en una especie de ceremonia íntima que ella, desde la enormidad de su pequeña estatura física, desde los cimientos de sus pies descalzos, y desde la dulzura que brota en cada una de las palabras que el público asistente desgranó en una mezcla admirable de respeto y de alegría, preside con total autoridad.

“A Bordo de tu voz”, “El vuelo”, “Amarillo, azul y rojo” y ese entrañable costumbrismo que nos devuelve a las raíces en “El Trueque…”, me llenaron entre otras cosas de una terrible vergüenza de no haberme acercado anteriormente a su trabajo como ella sin duda lo merece.

Y bueno, la razón para la tercera parte de esta fiesta era acercarse al lanzamiento de una de las producciones colombianas más afortunadas de los últimos tiempos. Para los oyentes de la Radio Nacional de Colombia, el nombre de María Cristina Plata no es desconocido, hace apenas unos meses recuperó con creces, para las músicas andinas colombianas, el primer lugar que venía en el alma de su canción y de su proyecto “Todas las flores”, un álbum impecable, tanto en su producción como en su esencia y en el que cada uno de sus temas la retrata en la dulce serenidad con que va dejando una huella también en cada uno de sus oyentes.

Gracias a Naty Hernández por desplegar ese abanico de talento y sensibilidad que nos la trajo desde el jazz… Naty, nunca se está solo cuando nos acompañan Cole Porter y Billie Holiday.

Gracias Luz Marina por esa responsabilidad asumida de elevar nuestra música con la convicción con que lo hace; y gracias María Cristina, desde la primavera de flores moradas que te viste, por la seguridad con que se dibuja cada uno de los paisajes que vienen en el disco.