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 Imágen del documental 'Conchar y sobrevivir' de Señal Colombia.

Concheras de Tumaco: la faena de la vida entre manglares

Miguel Ángel Cortés

Describir el encanto de San Andrés de Tumaco (Nariño) es recordar la rica tradición de la piangua. Este molusco evoca el sabor del mar Pacífico, el brío de sus mujeres y la riqueza natural de un territorio asombroso en la esquina del suroccidente colombiano.

Y son ellas, las concheras de Tumaco, las manos que dan vida a una práctica que se origina en los bosques tropicales llenos de manglares. En medio de estos árboles de enormes raíces que afloran entre el agua y la tierra, también se produce la piangua, un alimento muy reconocido en el municipio, el cual se produce en forma de concha, de allí el nombre de este oficio.

Una faena entre los manglares

“Nosotros somos empíricos, desde que venimos al mundo. Esta raíz desde los abuelos, tatarabuelos, que han sido piangüeros. Ya nosotros venimos con eso en la sangre, de sacar la piangua. No crea que es una labor bien fácil, es bien difícil. Uno tiene que llenarse de lodo, tiene que aguantar hambre, tiene que aguantar muchos mosquitos de manglares, picadas de rayas, peces sapos, picada y cortada de culebras de agua, para poderles traer este producto”, cuenta María de los Santos Valencia, quien desempeñó este oficio durante más de 12 años.

Se preparan, tratan de cubrir la mayor parte de su cuerpo para evitar las picaduras, que en ocasiones las dejan sin poder trabajar durante meses. Van listas para sumergir sus piernas entre el barro, con balde o canasto en mano para recoger conchas, y acompañadas de un candil para espantar zancudos.

Foto: Miguel Ángel Cortés.

Zonas como Potrillo o Canalete en Tumaco son propicias para esta labor. La jornada empieza según las condiciones de agua en el manglar.

“Por la mañana depende del agua. Si amanecía muy seca, uno tenía que irse a medio día. Si amanecía alta, uno se iba por las mañana y venía por las tardes. Teníamos que en lo posible llevar comida o cocinar allá porque uno estaba todo el día”, señala.

Los entretiempos de trabajo se vuelven espacios para recordar de donde vienen, los cantos tradicionales del Pacífico también hacen parte de su esencia. En medio de lodazales y faenas, la cultura y los cantos de un pueblo no se olvidan.

Del manglar al plato

Este producto exótico representa una de las principales actividades de la región, por su sabor único que enamora paladares, sus altas propiedades vitamínicas y porque es fuente de sustento de gran cantidad de familias.

Miles de turistas y comensales se deleitan con el sabor de la piangua tumaqueña: ceviche, cazuela, encocado, sancocho, coctél, entre otras preparaciones, son la excusa perfecta para degustarla.

“Qué de especial tiene ella, que viene de nuestra naturaleza, que es rica en proteína. Tiene todos los ingredientes, vitamina A, vitamina C, vitamina B, mejor dicho, tiene todo. No daña nada de nuestro organismo porque es ciento por ciento natural, entonces es algo que a ti no te va a hacer daño, que a ti te va a fortalecer. Dicen los ancestros, que el que come sancocho, encocado o ceviche… ¡Hermano busque cama! (risas)”, cuenta Silvia Quiñones, conchera de profesión desde hace más de 20 años.

Foto: Miguel Ángel Cortés.

Y precisamente, según nos cuenta doña Silvia, las recetas más apetecidas por los clientes son el ceviche y el cóctel. Este primero lleva cabezona, limón, cilantro y un poquito de vinagre. El cóctel lleva mayonesa, salsa de tomate, cabezona, ají, salsa negra, salsa inglesa y sal.

Aquí, la piangua es historia, es trabajo, es pan de cada día. Por generaciones, miles de tumaqueños han crecido y salido adelante a punta de este producto, que de concha en concha ha traído progreso a una comunidad, golpeada por la violencia, el narcotráfico y la falta de oportunidades para su gente.

“La mujer con la menstruación, parida, se va porque son cabezas de familia, desplazadas, víctimas de esta violencia, por lo cual tienen que salir a hacer su faena día a día”, relata Silvia.

Los sueños de las concheras

Las tumaqueñas conchan para sobrevivir, conchan contra la adversidad y conchan porque también sueñan: por sí mismas, por su familia y por su región.

Maria de los Santos Valencia tiene 60 años y ya hace varios que dejó de ejercer esta ardua labor. Sin embargo, descubrió en las conchas de la pingua y otros moluscos una materia prima para elaborar artesanías que se roban las miradas en las playas de Tumaco.

Foto: Miguel Ángel Cortés.

Lámparas en forma de aves y barcos, llaveros en caracoles, monederos, collares, pingüinos, tortugas, aretes y manillas cobran vida con la creatividad y el ingenio de esta mujer.

Foto: Miguel Ángel Cortés.

“Queremos que toda la gente que venga del extranjero, a nivel nacional e internacional, se lleven de recuerdo algo. Gracias a esto hemos alimentado a nuestras familias también. Aquí para diciembre tenemos hasta 4 empleados, para que nos ayuden. Tenemos buena acogida con el turismo para diciembre y Semana Santa, y nos va muy bien. Gracias a esto he podido sacar a mi familia adelante. Nunca me he hecho decir no puedo. Siempre yo digo puedo y que puedo”, asegura.

Foto: Miguel Ángel Cortés.

“Con estos productos nosotros alimentábamos a nuestras familias, ojalá que los bogotanos y de todas partes del mundo sepan qué es nuestro producto de la piangua. Cómo la sacamos, cómo la cultivamos. Este producto es delicioso y queremos que aquí en Colombia lo consuman, pero infortunadamente aquí en Colombia es muy poca la gente que la conoce y han probado este molusco”, agrega.

Silvia Quiñones decidió agruparse junto a mujeres de su gremio, con el objetivo de unir esfuerzos y potenciar la producción de pingua 100 % tumaqueña. Así nació la Asociación de Concheras Raíces del Manglar.

Foto: Miguel Ángel Cortés.

“¿Qué queremos nosotras? Mañana ser enlatadoras de nuestra piangua, que se vaya tanto aquí, a nivel nacional, como internacional. Que estos jóvenes, estos renacientes, estos adolescentes, estos niños, sean el futuro de esta piangua que estamos manejando y cultivando”, afirma.

La organización agrupa a alrededor de 200 mujeres cabeza de familia que fueron víctimas del conflicto armado y han desempeñado el valiente oficio de la conchería. Quieren demostrarse a sí mismas que sí es posible salir adelante y que sí hay oportunidades más allá del años que les ha causado la violencia.

Foto: Miguel Ángel Cortés.

“Dentro de la organización de nosotros, a la semana salimos ocho, ocho que van a conchar, esas otras ocho se quedan esperando el producto para procesarlo, luego hay otras ocho para comercializarlo, esas que comercializan tiene a quién vendérselo. Lo vendemos en restaurantes, en centros de acopio que hacemos nosotras mismas y otras asociaciones, tenemos también otros puntos de venta en el mercado y así sucesivamente”, explica.