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El diseñador que se hizo en la televisión y prefirió regresar a su ciudad

Por Tatiana Orozco Mazzilli

En el almacén Clase Aparte, de Valledupar, trabajó por primera vez Darío de Jesús Valencia Peñaloza, un vallenato que a los tres años salió del barrio Primero de Mayo a vivir con su familia en Cinco Esquinas, pleno centro de la capital cesarense, lo que marcó su vida para siempre. 

Su madre, Cielo Peñaloza, era la dueña de ese establecimiento comercial donde además de ropa vendían electrodomésticos, licores, entre otros elementos. Allí ayudaba en las costuras, además les hacía ropa a las muñecas de su hermana, coleccionaba la revista Bazaar, donde veía diseñadores italianos, sabía quién era Christian Dior, Valentino, a quienes admiraba. Siempre se imaginaba siendo diseñador. 

Después de graduarse como bachiller, Darío tomó la decisión de estudiar Diseño de Modas. Tenía 18 años cuando partió hacia la ‘fría’ Bogotá a realizar su sueño. En 1985 su madre sabía que lo más importante era la educación, y aunque quería que fuese abogado lo apoyó. 

“A ella le debo las enseñanzas, de ser un hombre honesto, de tratar bien a la gente, pagar puntual, todo eso lo vi en la casa y lo aprendí”, manifestó. Fue su fina pluma para plasmar figurines excepcionales sobre el papel e imaginar nuevas modas para luego traerlas a la realidad, lo que lo llevó a graduarse con honores y convertirse en docente. 

Dictó Dibujo y figura humana en la Escuela Arturo Tejada Cano donde estudió y trabajó como diseñador en una fábrica bogotana donde aprendió el proceso de producción. Con la experiencia que obtenía y dispuesto a ser reconocido, Darío hizo vestidos de baños para buscar una oportunidad en revistas. 

“Un día tomé 10 vestidos de baño, vi quién era el que entrevistaba a las reinas y me fui para la revista Cromos. Pregunté por Hollman Morales, le conté quién era y le mostré los vestidos para ver si algún día le servía para unas fotos. Me dijo qué chévere”, contó. 

Y agrega: “Un día me llamó, me dijo que a María Mónica Urbina le habían gustado mis diseños, entonces me propusieron hacer la portada con ellos. A los tres días yo estaba con las dos Miss Colombia y otra modelo de La Guajira. Cuando salió publicada compré como 10 ejemplares y le envié una a mi mamá. Ahí empezó todo”, relató. 

Gracias a la disciplina, talento y perseverancia, Darío Valencia quedó trabajando para esa revista. Hasta que un día llegó la productora de una novela preguntando por un diseñador para organizar el vestuario de la misma.  

“Mi jefa me señaló. Comenzó a hablarle de mí, decía: “es excelente, tiene ideas buenas, si tú le dices algo te lo levanta y al día siguiente te tiene el ‘trapo’ listo”. Entonces me citaron con el vicepresidente de Caracol. Me preguntaron que si había hecho ropa para televisión y dije que sí. A todo lo que me preguntaban decía que sí. El trabajo era mío”, recordó. 

Fue así como Darío Valencia ingresó al mundo de la televisión. Fue el diseñador de la novela ‘Solo una Mujer’, con Viena Ruiz, Marcelo Cezán, Angie Cepeda, Isabella Santodomingo y Nórida Rodríguez, de donde salieron amistades que aún conserva. 

Se encargó del vestuario y accesorios de otras producciones como ‘Tentaciones’, ‘La Sombra del deseo’, ‘Sábados Felices’, ‘El amor es más fuerte’, ‘El magazín Caracol’, ‘Flor de oro’ y la ‘Viuda de Alejo Durán’, entre otras. Sin embargo, esa última fue la que lo hizo pensar en cambiar de trabajo. Después de siete años dedicados a la ‘pantalla chica’ decidió retirarse y en 1999 definió volver a su tierra. 

De vuelta a casa 

“Empecé a hacer la ropa para montar mi propia empresa. Tenía cerca de 32 años. Me decían que estaba loco, pero me arriesgué. Hice mi trasteo, llegué a la novena, porque era el centro comercial de Valledupar. Alquilé un local y lo adecué. En diciembre de 1999 inauguré mi negocio: Darío Valencia”, subrayó. 

Un mes después de inaugurar el negocio ya sus diseños se vendían muy bien. Traer tejidos y creaciones innovadoras le ayudó a destacarse entre las familias vallenatas y rápidamente ganó aceptación. “Empecé en el garaje de mi casa, una máquina, con una fileteadora, una mesa con plancha y una sola persona asistiéndome”. 

Después de 17 años ahí, sentía que faltaba algo más para que su felicidad fuera completa. Y es que el niño que atendió aquél almacén por años en la carrera séptima siempre quiso una casa de modas y lo logró. 

“Cuando la vi me sentí realizado. Todas las personas debemos tener un sueño. Así se va trazando una meta, se cumple una y quieres otra. Hoy en día la gente joven quiere salir de estudiar y de una tener éxito, pero es poco a poco, con tiempo. Yo tuve que pasar por mucho para lograr esto”, expresó. 

La casa de modas Darío Valencia actualmente cuenta con 25 personas laborando, entre los que atienden, zona de corte, confección, acabado, plancha, auditoría, administración, contabilidad, entre otros departamentos necesarios para que la empresa funcione. Los diseños se venden a famosos y personas del común, en Valledupar, Barranquilla, Cali, Bogotá, Pereira y ciudades de Colombia. 

Los contratiempos 

Hubo dos episodios en la vida de Darío Valencia que fueron especialmente duros en su trayectoria. El primero fue el suicidio del diseñador Walter Pérez Castro, quien dejó una carta en la que lo señalaba como culpable de su acción. 

“Walter vino a Valledupar y me pidió trabajo, había quebrado en Barranquilla. Entonces terminó trabajando conmigo dos años. Un día me dijo que necesitaba una plata para abrir una academia de diseño, yo tomé un crédito a nombre mío porque él estaba reportado, le entregué la plata, se fue y nunca más volvió, nunca me pagó”, contó Darío.  

El segundo eísodio sucedió la noche del 15 de junio de 2019. Javier Eduardo Jiménez Forero, un joven de 25 años con quien sostenía una relación desde hacía ocho meses, intentó asesinarlo. 

El joven lo llamó una noche cuando estaba en el grado de un colegio, y se vieron en su casa. Después lo atacó con un cuchillo, le dijo que lo había vendido a una banda y abrió la puerta del garaje para que ingresara otra persona. Con la poca fuerza que tenía, Darío aprovechó para activar la alarma. 

“Llegó un momento en el que dije, hasta aquí llegó mi vida. Yo pensé que era el fin, pero algo me dijo: hazte el muerto. Cuando me estaba asfixiando lo hice, y eso me protegió. Hubo un momento en que ellos quisieron sacarme un ojo, tenía mis manos heridas”, contó Darío. 

 

Pese a que se llevaron el material de la cámara de seguridad, los atacantes no contaron con que todo lo que se grababa ahí se iba de inmediato a la nube (internet). Todo quedó registrado, así que Darío Valencia lo puso en conocimiento de las autoridades. 

Pasaron más de 40 días para que capturaran al agresor. Después de muchas pesadillas sobre lo sucedido, no poder dormir solo por un largo tiempo y un viaje a New York para alejarse y cambiar de ambiente, sabía que quiería concentrarse solo en su trabajo y su familia.

“Cuando tú haces las cosas con amor, eso se refleja, cuando la clienta ve eso, a uno le agrada mucho, cada pieza se va volviendo favorita, cada vez que adquieres más conocimientos, te gusta más esto”, expresó. 

Uno de sus diseñadores favoritos es Valentino, pero en el Cesar le gusta lo que crean María Angélica Guerra, Naiduth Geles, Carmenza Arroyo, José Cuello, entre otros. Por eso cree que Valledupar tiene las bases para ser un buen punto de moda en el país. 

“Hay que evolucionar. A quienes quieran llegar lejos les digo que tienen que tomarse su tiempo. Ahora será más corto, pero la disciplina es importante porque vence todo, el talento, la inteligencia, si eres disciplinado logras lo que quieras en la vida. A mis clientas, les digo que son todo para mí. Son el complemento de mi carrera, cada una lleva un pedazo de mí, sin ellas no existiría”, concluyó.