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CERRAR

Roberto Lacouture, un ganadero que siembra semillas de paz con sus secuestradores

El 6 de octubre de 1989, la entonces guerrilla de las Farc secuestró en el municipio de Becerril, Cesar, a Roberto Lacouture.
Foto: Cortesía
Liliana Vanegas

Por el solo hecho de llevar el apellido Lacouture, 15 de sus familiares fueron secuestrados. Uno de ellos, su tío favorito, fue asesinado por actores de la guerra que operaban en el Cesar. Hoy en su corazón hay tranquilidad.

Hoy, después de 11.840 días, Roberto recuerda esas interminables noches sin dormir bien, aferrado a un radio, con la esperanza de reencontrarse pronto con su familia y añorando que nadie volviera a vivir la pesadilla del cautiverio.

Pese a los recuerdos de sus 87 días en secuestro, la mitad de ellos amarrado, es un convencido de que la paz es el camino. Mientras lo dice, evoca un fragmento de Mi Pedazo de Acordeón, de Alejo Durán, canción que le recuerda esos días en que, estando amarrado se enteró de la muerte del juglar, a quién había conocido en una parranda en Villanueva, La Guajira.

Lacouture, ganadero, agrónomo y quien en su juventud, aprovechando la potencia de su voz, estudió locución de radio y televisión, ha visitado el Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación Tierra Grata, lugar cerca de Manaure, Cesar, donde se encuentran cerca de 130 excombatientes de las Farc, concentrados en labores de campo y otras actividades. Ahí también está Abelardo Caicedo, conocido como Solís Almeida, quien fue el que ordenó su secuestro.

“Yo he estado dos veces allá (Tierra Grata); él estuvo en mi casa, le brindé un tinto, estuvimos conversando, y nos hemos encontrado en otros escenarios. Se dice fácil, pero es muy difícil como persona que fue secuestrada, porque él fue el quien ordenó mí secuestro.

La primera vez que se vieron fue días antes de cumplirse los 30 años de su secuestro. Fue en Valledupar, en la casa de Lacouture. Allí, entre chistes y diálogos, se tomaron ese café. Pese a sus diferencias saben que el mejor camino es la paz, por ello, lleva a Tierra Grata capacitaciones y semillas no solo de maíz y frijol cabecita negra, también semillas de esperanza.

“Llevamos semillas como lo hacemos con los campesinos del Cesar, La Guajira y Magdalena. Es para que aprendan a hacer las cosas como se deben hacer. A saber cómo es la distancia entre una semilla y la otra, en que se debe hacer en línea recta, ojalá de este a oeste para que los rayos del sol entren mejor a las plantas. A mí no me gusta la paz que firmamos, pero sí quiero vivir en paz”, afirma.

semillas

Lacouture dice que le cuesta perdonar, no obstante, sus acciones y sus diálogos con Caicedo demuestran lo contrario. No quiere que él ni los que fueron combatientes vuelvan a la guerra, por ello les colabora. Los dos tienen asiento en el Consejo Departamental de Paz del Cesar y desde allí avanzan en búsqueda de un mejor futuro.

Ana María Ferrer coordinadora Macroterritorial Caribe de la Comisión de la Verdad cuenta que entre 1958 y 2016 se registraron en el Cesar 3.755 desapariciones forzadas, 411 reclutamientos a menores de 18 años de edad y 2.892 casos de secuestros. Estas cifras no deben repetirse, dice Lacouture.

Semillas de esperanza y confianza, y vivir convencido de que apostarle a la resiliencia es la mejor siembra para lograr un país en paz, son los caminos de Roberto en el presente.

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