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Óscar Peláez, el colombiano que entrena perros guía en Estados Unidos

Óscar Peláez trabaja para una de las escuelas de perros guía más antiguas del mundo. Aquí nos cuenta sobre su apasionante y gratificante labor.
Personajes
Fotos: cortesía Oscar Peláez
Yaneth Jiménez Mayorga

Morristown, New Jersey (Estados Unidos), donde se ubica The Seeing Eye, una organización sin ánimo de lucro y escuela que se dedica a la crianza y entrenamiento de perros lazarillos desde 1929, es el lugar donde Óscar Peláez, un administrador de empresas bogotano que emigró hace unos años al país norteamericano, entrena a cientos de Pastores Alemán, Labradores y Golden Retriever como perros guía, una profesión que “lo descubrió”, y que hoy lo llena de alegría y muchas satisfacciones. 

“Esta es una vocación y una labor exigente, pues para ejercerla es necesario cumplir con determinados requisitos como ser profesional en alguna carrera, completar un programa de aprendizaje de tres años que incluye clases, pruebas y prácticas en temas no solo sobre perros y adiestramiento canino, sino con asuntos relacionados con las personas invidentes,  condiciones, enfermedades, etc. de forma tal que podamos mejorar la calidad de vida de los usuarios, permitiéndoles mayor independencia y dignidad”, señala Peláez.    

Parte del entrenamiento consiste en preparar al perro para identificar obstáculos y sortear los desafíos a los que se enfrenta en su vida cotidiana una persona con discapacidad visual, para lo que se utilizan escenarios reales y simulaciones en el campus de The Seeing Eye, un proceso que dura en total aproximadamente dos años, desde que el perro cachorro se envía a la posible familia usuaria para comprobar su adaptación, regresa a la escuela para readapartse con otros perros, y ser asignado a un instructor nuevamente para continuar el entrenamiento hasta que queda definitivamente adjudicado.  

“Durante el proceso, recogemos información sobre las condiciones donde va a vivir el perro, si es una ciudad o una zona rural, sobre el estilo de vida de la persona invidente, su personalidad, su familia, su trabajo; analizamos cómo camina el usuario sin el bastón para evaluar la velocidad del paso, y la velocidad de jalada con el arnés, es decir, cuántas libras puede resistir para determinar qué perro le conviene. Evaluamos con qué tipo de perro se siente mejor, hay quienes, por ejemplo, son alérgicos al pelo de los golden, por lo que no sería una buena opción, otros prefieren un pastor alemán, etcétera”, explica Peláez.   

Foto

Un trabajo de todos  

Durante la preparación, el perro guía va aprendiendo, entre otros, a caminar por las aceras, a parar en cada uno de los bordes del andén, a adaptarse a la persona, un proceso que en The Seeing Eye dura 27 días, tiempo durante el cual el perro y el usuario conviven en las instalaciones de la escuela, con el acompañamiento de los instructores, recorriendo diferentes tipos de rutas que incluyen calles con alto tráfico, montar y bajar del bus, ir a centros comerciales, caminar por calles con obstáculos, y situaciones que van aumentando en exigencia. 

Un aspecto muy importante, destaca el experto, “es enseñarle la inteligencia desobediente, es decir, que cuando el usuario le da el comando al perro pero él ve o siente que viene un carro cerca, o hay un hueco o un obstáculo, el perro no obedece, se sienta, se detiene o se devuelve y no sigue pues “sabe” que hay un riesgo. Es un trabajo 50% de la persona y 50% del perro”. 

Otro elemento clave es que el perro aprenda a medir la extensión corporal, es decir, a medir el espacio para que el usuario pase al lado de él y en caso de que no sea suficiente, el lazarillo hace un gesto o movimiento para que la persona se haga detrás de él y así pueda pasar de una forma eficaz y segura. 

A lo largo del proceso, el perro es evaluado y calificado, si cumple con las condiciones y requerimientos exigidos es certificado como perro guía y asignado al usuario. Es de resaltar que todos los perros con los que trabaja The Seeing Eye son criados directamente por la organización y deben cumplir con estrictos estándares, entre ellos pruebas médicas, de temperamento y tamaño, los cuales son fijados por la Federación Internacional de Perros Guía- International Guide Dog Federation (IGDF, por sus siglas en inglés)- con sede en Londres (Inglaterra). 

“El promedio de vida de trabajo de un perro guía varía entre 6 y 10 años, dependiendo del lugar donde vive, generalmente si es en ciudad, donde hay altos niveles de estrés, el perro puede trabajar en promedio 6-7 años; mientras que en zonas rurales su trabajo puede durar entre 8 y 10 años. Luego de este tiempo evaluamos si debe ser retirado como perro guía, caso en el que el usuario puede quedarse con él como mascota o devolverlo a la escuela, y le asignamos un nuevo perro lazarillo”, indica Peláez. 

Para el experto entrenador, el proceso es demandante tanto emocional como físicamente, pero a la vez muy enriquecedor, “pues al final cuando logramos unir a esa dupla usuario- perro guía es un momento muy bonito: uno, por el trabajo realizado con el perro lazarillo, y dos, al ver que has podido ayudar a otra persona a ser más independiente, autónoma, y a que se vaya feliz con su  nuevo “mejor amigo”, apunta.

Perro guía

En Colombia

La normatividad colombiana en torno a la posibilidad que tienen las personas con discapacidad visual de acceder a estas ayudas vivas, se establecen principalmente en los Artículos 4 y 9 del Decreto 1660 de 2003; en el Decreto 1538 de 2005 que señala que se permitirá el acceso de perros guía, y demás ayudas necesarias para quienes presenten dificultad o limitación para su movilidad y desplazamiento; y en el Código de Policía, que indica en el Artículo 124 numeral 2, que no se puede impedir el ingreso de perros guía a lugares públicos y/o en el transporte masivo, pues constituyen una “extensión” del propietario. 

Sin embargo, todavía quedan bastantes retos por superar puesto que aún son escasas las organizaciones dedicadas a entrenarlos, no obstante, es de destacar la labor que realiza la Fundación Colombiana para el Perro Guía Vishnú del Cypres, que nació en el año 2000, con la intención de mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad visual en el país, y la que ha entregado de manera gratuita más de 200 perros lazarillos, siendo además pionera en Latinoamérica. 

Es importante subrayar, según explica el Instituto Nacional para Ciegos- INCI-  que no todas las personas ciegas o con baja visión pueden ser usuarias de un perro guía, ya que existen unas exigencias mínimas como son: ser mayor de edad, tener la capacidad de moverse de forma autónoma con bastón y un buen nivel de orientación; poseer una aptitud psico-física suficiente para manejar un perro, atenderlo y responsabilizarse de su cuidado.

Además, el usuario deberá contar con una situación económica solvente que le permita hacerse cargo de los gastos derivados de la tenencia del perro, como su alimentación y cuidados veterinarios, estudio completo que realiza Vishnú del Cypres, como entidad autorizada para entrenar y suministrar los perros guía a las personas con discapacidad.

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