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De una semilla a una obra de arte, la iraca teje la historia del campo nariñense

La creatividad y destreza de las mujeres artesanas hace que cada vez originen productos diferentes.

Por: Janneth Jurado Guerrero - Radio Nacional Pasto

Sombreros, bolsos, canastos y hasta accesorios como aretes y collares con un detalle perfecto, surgen de la palma de iraca o paja toquilla, como se le conoce. Mirar el producto realizado es sin duda motivo de admiración y se convierte en uno de los tesoros culturales de Nariño, pero quisimos conocer el proceso desde la semilla para compartirlo con nuestros lectores, cómo se siembra, se cosecha y se transforma la materia prima hasta convertirse en verdaderas obras de arte.

Hablamos con uno de los cultivadores de la palma de iraca o paja toquilla, se llama Livio Melo, oriundo de Linares (Nariño), municipio ubicado al occidente del departamento, con una temperatura que oscila entre los 20 y los 22 grados centígrados, es la cuna de un cultivo que representa la creatividad del sur de Colombia.

Foto: Cortesía Aidé Montezuma.

Este artesano nos contó que la mata mide aproximadamente 3 metros de altura, se siembra cada cuatro metros una de la otra, para que pueda propagarse con sus hijuelos, y lo que se cosecha es lo que denominan el cogollo, que crece en la mitad del tallo a metro y medio de altura. “Desde que uno la siembra pasan aproximadamente tres años hasta que la palma está madura y lista para producir y se extiende, toca esperar todo ese tiempo para ver los cogollos, pero una vez empieza a producir, eso es lo bueno que tiene la iraca, que nunca se acaba” cuenta.

“Ella se propaga mucho es una mata muy linda, en otros departamentos se da silvestre pero acá en Linares, la hemos podido domesticar y son como 220 hectáreas que están en producción”: Livio Melo, productor de paja toquilla.

Una vez la mata suelta su primer cogollo, se cosecha cada mes. “Acá en Linares hay iracales que tienen hasta un siglo de vida” relata don Livio. Para poder tener una idea de cómo es un terreno sembrado, imaginemos una hectárea en una cálida tierra, en este espacio se pueden sembrar 400 palmas de iraca, ellas acompañan a una familia productora durante toda su vida e incluso a varias generaciones.

“Tratamos de que nuestros hijos sigan este mismo paso, si usted alguna vez puede venir a Linares y puede ver un iracal, es algo maravilloso, es diferente a cualquier cultivo que haya en Colombia”: Livio Melo, productor de paja toquilla.

La paja toquilla tiene implícito el trabajo de las manos campesinas, desde el momento en el que la semilla toca la tierra y luego en el proceso de recolección de los cogollos, las personas que hacen esa labor por lo general son mujeres cabeza de familia, las mismas tienen la habilidad y conocimientos para posteriormente realizar con la fibra las reconocidas artesanías.

Foto: Cortesía Aidé Montezuma.

“No todo es miel sobre hojuelas, siendo un producto tan importante en la región, no existen políticas de apoyo a la promoción y comercialización de la paja toquilla, como en el Ecuador, en donde también se produce y se trabaja”, expresa don Livio, además manifiesta que se enfrentan a una dificultad adicional y es que las nuevas generaciones están perdiendo el interés por las labores del campo, sus expectativas están puestas en las grandes ciudades.

“Tenemos el problema de que la iraca no está reconocida a nivel nacional como una planta productiva para el campesino, este año acá en Linares pudimos junto a otras veredas sacar a la reina de la iraca y fue algo fabuloso”: Livio Melo, productor de paja toquilla.

Una vez el cogollo que es de color verde, llega a las manos de quienes tienen la habilidad y destreza de convertirlos en artículos únicos, continúa el proceso. Así lo describe Aidé Montezuma, una mujer sandoneña. Hasta aquí hemos recorrido el cultivo, la recolección y luego sigue el ripiado, desvenado, cocción y desagüe.

“Cuando nos piden el producto en un color natural, se le quita las tapas al cogollo se le saca el palo que es lo que no sirve de la fibra, luego se la pone a secar y se enrolla y ya queda la hebra para tejerla”, explica.

Foto: Cortesía Aidé Montezuma.

Y llega el momento del tejido, a Aidé le enseñó su mamá y a ella su abuela, los conocimientos se transmiten desde muy temprana edad, se empieza a tejer en un telar de madera de 120 por 70 centímetros, también emplean herramientas y utensilios casi siempre adaptados por los mismos artesanos, a esta primera línea se le denomina estera, con la que se empieza a dar forma a la artesanía que se quiere elaborar. “La fibra es blanda y moldeable, si alguien quiere doblarla solo la debe humedecer para que se hidrate, eso se lo explicamos a los clientes cuando nos compran por ejemplo un sombrero, les decimos que si quieren darle forma al ala o a la copa”, señala la tejedora.

La creatividad y destreza de las mujeres artesanas hace que cada vez originen productos diferentes, si bien el sombrero es el más tradicional, con él empezaron a conocer la actividad, ahora se pueden encontrar un sin número de objetos, individuales, tapetes e incluso miniaturas, que son apreciadas y solicitadas no solo en el departamento o en el país, también a nivel internacional.

Foto: Cortesía Aidé Montezuma.

“Yo fui a representar a Colombia a Milán, cuando trabajaba con diseñadores, eran unos sombreros exclusivos, que eran de copa alta y ala pequeñita, el evento era Identidad Colombia y nosotros fuimos a demostrar como se lo hacía como se lo elaboraba”: Aidé Montezuma, tejedora de paja toquilla.

Así una semilla llamada iraca o paja toquilla, llega a convertirse después de pasar por tiempo y espacio, en un objeto que refleja la historia campesina de Nariño.

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