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Gabriel García Márquez pidió acompañamiento musical para recibir el Nobel de Literatura en 1982. Conoce la historia de la delegación folclórica y su liqui-liqui blanco.
Foto: Señal Memoria

Gabriel García Márquez, del anuncio del Nobel a la ceremonia de Estocolmo

El escritor Gabriel García Márquez pidió viajar a Estocolmo acompañado de músicos y bailarines para celebrar el reconocimiento con cumbia, vallenato y otras expresiones tradicionales.

El 21 de octubre de 1982, Gabriel García Márquez recibió la noticia que marcaría un momento histórico para la literatura colombiana: había ganado el Premio Nobel de Literatura. El reconocimiento convirtió al autor de 'Cien años de soledad' en el primer colombiano en obtener esta distinción. Sin embargo, su llegada a Estocolmo tendría un sello particular, el escritor quería celebrar el galardón acompañado de la música y las tradiciones culturales de Colombia.


Tras conocer la noticia, García Márquez manifestó su deseo de no viajar solo a recibir el premio. Quería que la ceremonia estuviera acompañada por expresiones del folclor colombiano, entre ellas la cumbia y el vallenato. Esta propuesta implicó organizar una delegación artística que llevará hasta Suecia una muestra de la diversidad musical y cultural del país.

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La petición de Gabriel García Márquez para llevar el folclor colombiano a Estocolmo


La organización de la delegación estuvo a cargo de varias figuras del ámbito cultural, entre ellas se encontraba Gloria Triana, entonces directora de la Oficina de Festivales y Folclor de Colcultura.


El objetivo era reunir músicos, cantantes y bailarines para acompañar al escritor durante los actos relacionados con la entrega del Nobel. Según relata Gloria Triana, la propuesta recibió críticas de algunos sectores diplomáticos y de la prensa dado que consideraban que llevar una delegación artística de esa magnitud a un evento solemne podía resultar inapropiado.

Gloria Triana recuerda que en ese momento se decía que llevar la comitiva de cumbia y folclor era un “acto de lesa lobería”.

Pese a las críticas y las dudas iniciales, la iniciativa recibió el respaldo del entonces presidente de Colombia, Belisario Betancur, quien pidió una presentación previa antes del viaje. 


La comitiva reunió a cerca de 90 personas y llevó a Estocolmo diferentes expresiones musicales y dancísticas. Entre los artistas que participaron estuvieron Totó la Momposina, Leonor González Mina, conocida como la Negra Grande de Colombia, y representantes del vallenato tradicional, entre ellos los Hermanos Zuleta.

 


La presencia de estos artistas permitió que la celebración del Nobel trascendiera la ceremonia protocolaria y se convirtiera también en una muestra de la riqueza cultural colombiana. 

 

El liqui-liqui blanco con el que Gabriel García Márquez rompió el protocolo


La decisión de representar su identidad cultural también se reflejó en la vestimenta elegida para recibir el galardón. Mientras el protocolo de la ceremonia establecía el uso de traje de gala, García Márquez optó por un liqui-liqui blanco, una prenda tradicional de los Llanos Orientales de Colombia y de Venezuela.


El escritor no eligió el tradicional frac para recibir el Nobel el 10 de diciembre de 1982, lo cual ayudó a que su atuendo contrastara con el de los demás laureados, convirtiéndose en uno de los elementos más recordados de aquella ceremonia. 


La ceremonia se realizó en el Konserthuset, la sala de conciertos de Estocolmo, ante la presencia de los reyes de Suecia, representantes de la Academia Sueca y otros invitados. Dos días antes, el 8 de diciembre, García Márquez había pronunciado su discurso de aceptación, titulado La soledad de América Latina, en el que reflexionó sobre la historia, las desigualdades y las realidades del continente. 


Una celebración del Nobel con música colombiana


La entrega del Premio Nobel de Literatura a Gabriel García Márquez quedó en la memoria no solo por el reconocimiento a su obra, sino también por la presencia de las expresiones culturales que acompañaron al escritor desde Colombia.


La cumbia, el vallenato y las demás manifestaciones artísticas que viajaron a Estocolmo hicieron parte de una celebración que buscó mostrar otra cara del país ante el público internacional. La iniciativa fue impulsada por el deseo de García Márquez de compartir aquel momento con su gente y sus tradiciones.


Así, el Nobel de 1982 reunió dos dimensiones de su legado: el reconocimiento internacional a sus obras literarias que retratan las realidades de América Latina y una celebración en la que la música, la danza y la identidad colombiana también ocuparon un lugar central.

Al día siguiente de la ceremonia de entrega de los Premios Nobel, uno de los principales periódicos de Suecia publicó este titular: “Los amigos de Gabo le han enseñado a Estocolmo cómo se celebra un Nobel”.

 


 

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