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Máximo Jiménez: 70 años de resistencia

Pocos cantores de cualquier género musical en Colombia han tenido la sensibilidad social y política del monteriano Máximo José Jiménez Hernández, acordeonero y cantor conocido como "El Indio Sinuano", al igual que el vallenato de David Sánchez Juliao al que le puso música. Testigo del maltrato, del desplazamiento y del expolio en su región, sus cantos se orientaron hacia la protesta y la revolución. Debido a ello la violencia se ensañó sobre su familia y fue obligado al exilio por años.

Pocos cantores de cualquier género musical en Colombia han tenido la sensibilidad social y política del monteriano Máximo José Jiménez Hernández, acordeonero y cantor conocido como "El Indio Sinuano", al igual que el vallenato de David Sánchez Juliao al que le puso música. Testigo del maltrato, del desplazamiento y del expolio en su región, sus cantos se orientaron hacia la protesta y la revolución. Debido a ello la violencia se ensañó sobre su familia y fue obligado al exilio por años.

Ordeñador, artesano y carpintero, a sus 20 años dominaba ya el acordeón, pero en lugar de las parrandas tradicionales, el joven prefería animar los encuentros y mítines de las asociaciones campesinas de su departamento que buscaban una necesaria reforma agraria en las décadas del 60 y 70. Él mismo perteneció a la Asociación Nacional de Usuarios Campesinos, Anuc, que reclamaba la propiedad de terrenos baldíos en manos de dudosos dueños o injustamente entregados por el Gobierno a diversos terratenientes. Fue el momento, como lo dijo en alguna entrevista, en que “empezaron a irse los malos amigos y empezaron a llegar los buenos enemigos”.

Con sus vallenatos y cumbias, Jiménez alentó a quienes lucharon por una reforma agraria en el Caribe colombiano. Su protagonismo en esas asociaciones campesinas y su activismo en la protesta social le valieron muertes en el seno de su familia, incluyendo el asesinato de su hermano y la desaparición de otros familiares cercanos.

Nacido en el corregimiento de Santa Isabel en Montería el primero de abril de 1949, el cantor y acordeonero participó en el Festival de la Leyenda Vallenata en 1974 y 1977. Desde el principio causaron molestia las invectivas de sus canciones, que denunciaban a políticos, terratenientes y actores del conflicto, y para siguientes participaciones fue instado a bajarles el tono a sus profundas críticas, cosa que, por supuesto, no aceptó. Con las disqueras la cosa no fue menos tensa, y durante la época del formato vinilo grabó apenas unas tres producciones, número muy pequeño en comparación de lo registrado por sus colegas del vallenato en tiempos en que el género empezaba a popularizarse.

Su actitud contestataria, que le produjo amenazas, atentados y encarcelamientos irregulares, lo llevó a exiliarse en Viena en 1989, de donde regresó afectado por un accidente cerebro vascular que lo ha dificultado en el habla y en el desplazamiento. Ya en Montería de nuevo, en 2017, fue víctima de un derrame cerebral. Hoy, a pesar de esos serios quebrantos, Jiménez acaba de grabar nuevos temas en un disco que se llama "Soy de donde nace la cumbia", y participa gustoso en diferentes foros y encuentros donde se habla de música, sociedad y justicia.

El primero de abril cumple 70 años Máximo Jiménez, uno de los más rebeldes y comprometidos exponentes de la música en Colombia. Por eso es nuestro Artista de la Semana.

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