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Pedro Laza, un ilustre cartagenero

Pedro Laza Gutiérrez es un indiscutible protagonista de la época dorada de las grandes orquestas de música tropical en Colombia.
Luis Daniel Vega

Una buena porción del alma de las ciudades está contenida en sus calles. Las del centro histórico de Cartagena resguardan los fantasmas de feroces piratas, infames inquisidores, escritores legendarios e inmigrantes malogrados. También permanece el halo triste de la esclavitud y la reminiscencia de un pasado musical esplendoroso. Allí, en una casa ubicada en el Callejón Gastelbondo, nació el 2 de diciembre de 1904, Pedro Laza Gutiérrez, protagonista indiscutible de la época dorada de las grandes orquestas de música tropical en Colombia.

En contra de la disciplina férrea de su padre, que no quería ver a su hijo convertido en músico, desde muy joven Laza se encaprichó con las artes del sonido. Por los mismos años en que se graduaba como bachiller en la Universidad de Cartagena, el destino –minucioso e implacable- quiso que su vecino fuera Abraham del Valle, integrante de un trío de cuerdas, quien tocaba la bandurría y se convirtió en el ídolo del músico en ciernes. A pesar de contar con escasos conocimientos de ebanistería, Pedro se las arregló para construir una bandurria a escondidas de su padre. Viendo tocar a Abraham, Laza aprendió a tocar el instrumento y fundó su primer conjunto: un trío de cuerdas integrado por Antonio Conde en el tiple, Fernando Barrios en la guitarra y, por supuesto, el precoz ebanista en la bandurria.

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Al mismo tiempo que con el trío daba serenatas sin cobrar y se presentaba en la Emisora Fuentes, Radio Colonial y Miramar de Cartagena, Pedro Laza aprendió artes gráficas en el Diario de la Costa para luego emplearse en la Imprenta Departamental, oficina pública de la que se jubiló años más tarde. Sin embargo, fue la música lo que lo convirtió en un cartagenero ilustre. En 1932 agrandó su trío y lo convirtió en la Estudiantina Bolívar, un septeto que se mantuvo hasta 1936 cuando Laza tuvo la idea de formar una orquesta con vientos y percusión. De ahí surgió La Nueva Granada, una orquesta con la que grabó “El aguacate”, su primer número musical para Discos Fuentes.

Fue por esa época que sintió el llamado del contrabajo. De manera empírica lo asimiló observando cuidadosamente la pericia de Francisco Lorduy, fundador de la Orquesta Jazz Band Lorduy. Ya con el contrabajo como instrumento de cabecera insistió con La Nueva Granada, que se disolvió definitivamente en 1940. En los años siguientes integró la Orquesta Emisora Fuentes y en 1952 fundó la Sonora Pelayera que más adelante, por sugerencia de Antonio Fuentes, pasó a llamarse Pedro Laza y sus Pelayeros. De los pocos vestigios fonográficos que quedaron de la Pelayera se encuentran cinco sencillos en los que brilla la voz de Crescencio Camacho, quien entona varias guarachas, algunos merecumbés y “Para qué recordar”, uno de los pocos boleros –tal vez el único- que Laza grabó.

No hay consenso ni documentos que certifiquen la fecha exacta de la fundación de Los Pelayeros. De lo que si hay certeza es que fue a mediados de la década de los cincuenta cuando Laza reunió a algunos de los mejores músicos del circuito de orquestas cartagenero para rendirle homenaje a San Pelayo, población que históricamente se le conoce como la “cuna del porro”. Se dieron cita, entonces, personajes como Rufo Garrido, Edrulfo Polo, Lalo Orozco, Clímaco Sarmiento, Manuel “El Tíbiri” García y José de Ávila, entre otros que, irónicamente ¡no eran natales de San Pelayo!

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A diferencia del sonido elegante y sofisticado de las orquestas de Lucho Bermúdez, Pacho Galán y Edmundo Arias, el de Pedro Laza y sus Pelayeros era estruendoso y visceral. Esto no fue impedimento para que alcanzara gran popularidad y se convirtiera en uno de los hitos de Discos Fuentes, sello con el que mantuvo una estrecha relación que dejó para la posteridad más de treinta discos de larga duración que hoy son clásicos dentro catálogo del sello.

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Además de una buena cantidad de placas en 45 y 78 r.p.m. –editadas en los años cincuenta-, la discografía de Pedro Laza y sus Pelayeros tiene un punto de partida excepcional: se trata de ocho sencillos grabados en mayo de 1958 por el portentoso cantante boricua Daniel Santos que contó con el respaldo de la agrupación de Laza, quien para tan cardinal encuentro convocó a Lalo Orozco en el piano, Clímaco Sarmiento y Néstor Montes en los saxofones, Manuel Villanueva, Simón Mendoza y Alberto Díaz en las trompetas; Clodomiro Montes en el bongó, José “Negrito” Madrid en la pandereta, Rubén Barros en la batería, y Poli Martínez y Felipe Silberman en los coros.

Ese mismo año fue puesto en circulación ‘Candela’, un elepé que recoge doce de las dieciséis canciones que grabaron originalmente. Tan controvertida y vistosa -como las dos portadas con las que circuló el disco- resultó la aventura de Santos en Cartagena. A propósito, Michi Sarmiento –quien también hizo parte de Los Pelayeros en aquella ocasión- años más tarde desembuchó con espontaneidad el recuerdo de esos días palpitantes: «Te cuento que a Daniel Santos le tenían que poner una botella de whisky Ballantines y dos paquetes de Lucky –le contó al investigador Sergio Santana-. Ese Ballantines –prosigue Michi- se lo tomaba él solo, no le daba un solo trago a ninguno, y así, sin hielito y más nada. Y entonces, cuando terminábamos la grabación, él se iba pa´l casino a jugar. Y cuando lo pelaban venía en la madrugada a tocarle la puerta a Toño Fuentes para que le diera más dinero, pero entonces Toño tenía un vigilante con una escopeta y la orden era: ‘aquí no me deja entrar a nadie’. Entonces llega una noche pelao y dice: ‘Yo soy Daniel Santos’… y el vigilante: ‘Don Antonio me tiene autorizado que aquí no pasa nadie’. Y entonces cuando le ve la escopeta comienza a gritar: ‘¡Eh! Toño ha puesto una escopeta para matarme. No grabo más porque tú me quieres asesinar’. Total que salió Toño y le dijo: ‘Hombe, Daniel, ¿cuánto necesitas?’. Esa era la rutina de él: grabar y jugar».

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A ‘Candela’ le siguieron algunos discos etiquetados bajo el rótulo de Pedro Laza y su Banda y una grabación crucial de nuestra música popular: ‘Navidad negra’ (1960), famosa no solo por la fabulosa versión de la emblemática cumbia de José Barros –que le dio título al elepé- sino por haber presentado el sonido estéreo en la historia fonográfica del país. Vinieron luego registros memorables que contienen música caliente y portadas fabulosas: ‘Del tingo al tango’, ‘Esperma y ron’, ‘Fandango’, ‘El pescador’, ‘Fiesta y corraleja’, ‘Mapalé’, ‘Porro’, ‘Percusión colombiana’, ‘Rito esclavo’, ‘Así me gustan los pollos’, ‘Pan caliente’, ‘La machaca’ y ‘Cartagena alegre’. El último disco que grabó Pedro Laza se llamó ‘Llegaron las fiestas’ (1980), producido por Michi Sarmiento y Fruko. Allí cantaron Tony Zúñiga y Crescencio Camacho, dos de los cantantes más recordados de su agrupación.

En Cartagena –donde no hay una sola placa que conmemore su aporte definitivo a la música tropical colombiana- murió Pedro Laza el 4 de abril de 1980.

 

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