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Petronio Álvarez, un maquinista trovador

Hace 100 años, en un incipiente puerto de Buenaventura, nació un hombre que años después le daría nombre a una de las muestras autóctonas más mágicas de nuestra geografía: la música del pacífico.

Patricio Romano Petronio Álvarez Quintero nació un 1 de octubre de 1914 en la isla de Cascajal en Buenaventura. No se sabe bien si la poesía lo llevó a la música o si fue la música la que lo llevó a escribir, pero por allá en 1931 compuso una de las canciones emblema de este departamento, “Mi Buenaventura”.

Como a muchos de los habitantes de esa zona que hoy viven ahí, el hijo de Juana Francisca Quintero Asprilla, “Cuco”, como lo llamaban sus amigos, nació en la pobreza absoluta, en una Buenaventura que sobrevivía básicamente de la pesca y de la locomotora.

Fue allí donde trabajó desde 1926, cuando su padre, José Joaquín Álvarez Micolta, murió repentinamente dejando a una familia numerosa de la cual tuvo que empezar a hacerse cargo. Con el paso del tiempo, ascendió hasta cumplir su sueño, trabajar como maquinista en “La Palmera”, una locomotora de los Ferrocarriles Nacionales que llevaba carga de todo el pacífico hacia Cali.

Las locomotoras además de ser su trabajo fueron su vida entera, esa máquina que le permitió recorrer la inmensidad del pacífico colombiano y que inspiró letras y canciones que según su hija Juana Francisca, “entonaba a viva luz y que se iban con el humo y el viento".

Su gran capacidad para improvisar y a pesar de nunca haber recibido instrucción musical, su habilidad con la guitarra hizo que en 1997 y como forma de honrar su memoria y la cultura musical del Pacífico, se realizara la primera versión del Festival Petronio Álvarez, que año tras año en los últimos 18, ha logrado convocar a más gente.

Se estima que en la versión de 2013, el Festival logró una suma una pizca superior a los 100 mil asistentes. Cada año también ha significado ampliar el repertorio de estos ritmos costeros, que reúnen la esencia del legado africano en el suroccidente del país.

Poseedor de una gran inteligencia, Petronio compuso todo un cancionero de músicas tradicionales y además de tango, como buen bohemio y admirador de Carlos Gardel. Pese a que su legado incluye bambucos, merengues, huapangos, sones, abozaos y jugas, fue el currulao lo que más marcó su estilo. De ahí la chapa que recibiría después como “El Rey del Currulao”

Petronio se jubiló de los ferrocarriles en 1958 y emigró hacia Cali, en compañía de su esposa Veneranda Arboleda Rodríguez con la que tuvo 10 hijos. Fue Cali la que lo llevó a ser reconocido en los círculos musicales de la ciudad, a donde llegaba imponente con sus casi dos metros de estatura.

A principios de la década de los 60, a este gran maestro de la música popular le fue diagnosticado un cáncer óseo que lo fue reduciendo paulatinamente. El Rey del Currulao, fallece un 10 de diciembre de 1966 en Cali, con apenas 52 años y dejándole a Colombia un gran legado que cada año revive en el festival.

Este fin de semana, siga todos los detalles del Festival Petronio Álvarez, desde Cali, con Luisa Piñeros.

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