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El pesebre vallenato que resalta la cultura del Caribe colombiano

Una de sus características más llamativas son los conjuntos vallenatos que este año portaban tapabocas.
Alejandra Cuellar

Sin duda el Caribe de Colombia es de esos lugares de ensueño. Allí resalta la diversidad del clima, y por ende su naturaleza. Desde el pico más alto del país, La Sierra Nevada de Santa Marta, hasta los desiertos que se encuentran con las playas y ríos que bañan esta región; el Caribe es uno de los puntos donde la tradición cultural hace eco en cada esquina.

Bien lo describía en sus entrevistas el premio Nobel de literatura, también hijo de esta región, Gabriel García Márquez, “ mucha gente dice que tengo una gran imaginación, pero para los que viven en estos pueblos del Caribe, saben que esa imaginación es la verdad de esa realidad”.

Entre la magia, la realidad y la creatividad que emana este lugar y su gente, se encuentra el único pesebre vallenato que resalta la idiosincrasia del Caribe colombiano. La idea detrás de la ´maqueta del caribe’, como la llaman algunos de sus seguidores, es del padre Jesús Alberto Ariza; quien después de ver diversos pesebres en un museo de Italia, quiso representar su región en esta tradición de diciembre.

A la parroquia Natividad de María en Valledupar, donde está ubicado el pesebre, llegan feligreses y visitantes a apreciar el diseño, que según el padre Ariza es la muestra viva de la cultura musical del Caribe.

“Para nuestra región y los que han escuchado el vallenato hay canciones que le cantan al compartir en familia, y por eso el pesebre es una invitación para vivir esa alegría”, señala.

Es por eso que una de las características que más llama la atención, son los conjuntos vallenatos, con la guacharaca, caja y el infaltable acordeón, ubicados a lo largo y ancho del pesebre.

Pero esta apuesta inventiva tiene detrás varias manos que moldearon y cocieron cada parte. La diseñadora Diana Acosta desde hace tres años le apostó a crear todo el montaje junto con Rosario y Legari Carmona Pérez, dos hermanos quienes pulieron cada pieza.

“Duramos unos seis meses para construir el pesebre. Todo lo que implica conseguir las figuras, vestidos, bolsos, y todos los detalles”, cuenta Acosta, mientras recuerda los viajes a la capital del país, en búsqueda de las piezas.

Cada año este modelo artesanal se rediseña, se construye y renueva, para darle a sus visitantes la oportunidad de encontrarse allí, tal cual, como el padre Jesús Ariza motiva a las y los visitantes, “¡búscate!, ¡búscate en el pesebre!”. En el año 2021, se les incorporó el tapabocas a todas las figuras adultas y se le aumentó las características de La Guajira.

Si bien aún no hay claridades de cómo será el próximo diseño, lo que sí tienen claro las manos detrás de este pesebre, es que buscarán que el Caribe en todo su esplendor y magia se siga viendo reflejado allí; así como lo describía el escritor García Márquez, “el Caribe es una región donde se da una perfecta simbiosis –o se da más claramente que en otras partes del mundo- entre el hombre, el medio natural y la vida cotidiana”.

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