En la subregión del Catatumbo en Norte de Santander, una de las estrategias que más ha resultado efectiva para responder a las expectativas juveniles empezó a sonar con la creación de bandas marciales, bandas show y bandas músico marciales.
Estas nacen en las instituciones educativas donde tanto docentes como padres de familia buscan mecanismos de protección y permanencia en el sistema educativo para sus alumnos e hijos. En esa búsqueda aparecieron las figuras rítmicas blancas y negras, y fueron encontrando la melodía perfecta para llamar la atención de los “pelados”.
En una región donde las dinámicas del conflicto generan vulnerabilidad, se ha logrado contrarrestar los temores al son de las liras, bombos, platillos, trompetas. La música y las coreografías con bailes vistosos implican muchas horas de ensayo y menos tiempo para estar en la calle.
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Bandas marciales en el Catatumbo: música que aleja a los jóvenes de los riesgos del conflicto
La mayoría de las instituciones educativas de la región del Catatumbo cuenta con su banda marcial. Unas más avanzadas que otras, tanto en instrumentos como en experiencia, pero todas con el mismo entusiasmo que se refleja en los desfiles, festivales y presentaciones en los que ya son asiduos participantes.
Isabel Cristina Amaya, docente de matemáticas y física de la Institución Educativa Guillermo Quintero Calderón de Convención, hace parte del consejo directivo de la banda marcial de su colegio. Junto con otras dos docentes, impulsa el proceso formativo. “Estamos construyendo el escenario donde los chicos y chicas se forman en valores y cualidades que los fortalecen como personas que quieren servir a la comunidad”, dice la profesora Isabel Cristina.
Así mismo, cuentan con el maestro Jhon Duarte quien se encarga de enseñar las destrezas musicales, mientras que las docentes dan pautas de organización, disciplina y enseñan sobre la responsabilidad del cuidado de instrumentos, inventarios, vestuario y presentación personal, además de impulsar la consecución de recursos y patrocinios para suplir las necesidades que genera el tener una agrupación de alta magnitud.
“Este proyecto lo vemos con ojos soñadores” reflexiona la profe Isa, como le dicen con aprecio sus alumnos, quien agrega que en lo que respecta a la organización de banda marcial, el objetivo también es mirar hacia el futuro cuando los alumnos ya sean egresados del colegio.
Para hacer parte de las bandas marciales o bandas show no hay distinción alguna, porque la idea es que la conformen todos los estudiantes que así lo deseen. “El año pasado teníamos 40 estudiantes en la banda, este año llegamos casi a los cien, con 80 músicos y 20 bailarinas” destaca la profesora Isa, evidenciando que ese tipo de procesos sí los motiva.
No hay ningún reproche o condicionamiento relacionado con el rendimiento académico, reconociendo que todos son diferentes en cuanto a la capacidad de aprendizaje, pero sí se les recalca que hacer parte de la banda es un mérito. “Las limitaciones no implican retiro de la banda, pero sí buscamos que haya un equilibrio” explica la profesora Isabel Cristina.
Igualmente, manifiesta que todo se convierte en un componente de aprendizaje ya que no solo se limita a la música y el baile, también consiste en impulsar iniciativas de emprendimiento para generar recursos para la compra de instrumentos, vestuario, traslados y hasta el refrigerio para un momento de descanso: “Hacemos venta de postres en cooperativas, realizamos rifas y bingos, lo que implica la vinculación de los padres de familia; acciones que activan el rendimiento en otras materias”.
Los ensayos no se realizan en horario escolar y es aquí donde radica la importancia de hacerles entender que el tiempo que antes era libre ahora es importante para aprovecharlo en actividades que además de motivarlos, los aleje de los riesgos que retumban en la región. Y así lo han asumido; como son habitantes del casco urbano, aprovechan las tardes para ensayar, prepararse y representar a su colegio y a su pueblo. Gracias a ese esfuerzo ya no pasan desapercibidos pues ellos, con mucho ritmo, se convierten en el titular positivo para su comunidad por encima de las noticias que generan ruido.
Siguiendo el ritmo, pero cambiando de escenario, los aplausos se dirigen hacia el Instituto Técnico Agrícola -ITA- una institución educativa, también de Convención, donde el ochenta por ciento de los estudiantes habitan en el sector rural. Aquí también las notas, la marcha, la marcialidad y la vistosidad de las bailarinas son parte de la formación.
Al profesor Elmer Libardo Cardona, del área de educación física, se le asignó la responsabilidad de dirigir la banda músico marcial del ITA, quien reconoce que los recursos son escasos: “Nos toca maniobrar para sostener la banda, sin embargo, se ha convertido en un gancho para que los estudiantes permanezcan en la institución al tiempo que desarrollan sus capacidades de manera empírica tocando instrumentos”, explica.
El ITA también tiene un instructor de banda, externo al colegio, encargado de la parte musical, mientras que al profesor Elmer Libardo se le encomendó orientarlos en materia de disciplina y organización. “Rifas, venta de almuerzos y sancochos, bingos, el apoyo de los demás docentes, hacen parte del esfuerzo para conseguir plata para sostener la banda y comprar instrumentos”.
A diferencia de la banda marcial del colegio Guillermo Quintero Calderón, en la banda musico marcial del ITA, los tiempos de ensayo varían pues las condiciones de orden público a veces impiden que se hagan contra horario académico evitando que los niños y niñas tengan que hacer largos desplazamientos desde sus veredas. Entonces aprovechan los descansos y algunas horas de clase cedidas para ensayos cuando hay una presentación especial.
“La verdad, los jovencitos, que son población vulnerable, sienten orgullo de ponerse un uniforme, tocar un instrumento, y nos enorgullece ver como superan la vida social bastante trajinada. Quien agarra un instrumento musical no agarra un arma, por lo que buscamos que muchos más hagan parte de las bandas marciales”, concluye el profesor Elmer Cardona