“Yo recuerdo a mi hermano como una persona trabajadora, alegre, entregado a su familia y buen padre”, dice Rosa Edilma Escobar al recordar a Ernesto Escobar Escobar, su hermano, quien desapareció el 7 de febrero de 1997, cuando salió de su casa en Cartagena.
Ernesto era el menor de siete hermanos y padre de cinco hijos. Su desaparición dejó a su familia durante años con la incertidumbre de no saber qué había ocurrido con él ni dónde se encontraban sus restos. Su madre falleció sin conocer su paradero y sin cumplir el deseo de encontrarlo. “Mi mamá se murió con ese deseo y dolor de saber dónde había quedado enterrado a su hijo”, recuerda Rosa.
Durante años, el miedo dificultó que las familias de Riosucio, Chocó, hablaran abiertamente de sus seres queridos desaparecidos. Para Rosa Edilma, 2019 marcó un cambio: comenzó a compartir su historia y a participar en un proceso colectivo con otras familias que, como ella, buscaban respuestas sobre el paradero de sus seres queridos.
Hoy, Rosa mantiene la esperanza de encontrar los restos de su hermano. Su búsqueda también está atravesada por el recuerdo de su madre y por el deseo de conocer la verdad sobre lo ocurrido con Ernesto. A otras personas que buscan a sus familiares les deja un mensaje que resume su lucha: “Que no se cansen de buscar”.
En 2019, Rosa comenzó a buscar junto a otras familias
Los encuentros promovidos por la parroquia Nuestra Señora del Carmen, con el acompañamiento del misionero claretiano Marcial Gamboa Valencia, abrieron un espacio para que las familias de Riosucio hablarán de sus seres queridos desaparecidos. Allí, Rosa encontró la posibilidad de contar la historia de Ernesto y escuchar a otras mujeres que también buscaban a sus familiares.
En esas reuniones, algunas mujeres contaban que buscaban a sus hermanos; otras, a sus hijos. Compartir sus experiencias les permitió reconocer que no estaban solas en la búsqueda.
“A uno le da mucho miedo porque aquí no se hablaba de personas desaparecidas, siempre existía como ese silencio. Uno tenía a sus personas desaparecidas, pero uno nunca decía nada porque a uno le daba miedo”, relata Rosa Edilma.
Para Marcial Gamboa, uno de los primeros desafíos fue organizar a las familias y conformar un equipo de búsqueda en el territorio. “Yo creo que el primer desafío de nosotros es la creación del equipo de mujeres buscadoras y buscadores en el Darién Chocoano”, explica.
De esos encuentros surgió la Asociación de Memoria Canto a Mis Ancestros del Darién Chocoano. Con siete mujeres comenzaron a reunirse y conformaron la asociación, de la que Rosa es una de las fundadoras. Con el tiempo, las reuniones se convirtieron en un espacio para compartir las historias de sus seres queridos y conocer las experiencias de otras familias.
Más de 50 familias siguen buscando
La Asociación de Memoria Canto a Mis Ancestros del Darién Chocoano reúne a más de 50 familias buscadoras y lleva un registro propio de alrededor de 250 personas desaparecidas. Por su parte, la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD) consolida un registro a través de los planes regionales de búsqueda del Bajo Atrato y el Darién. En octubre de 2026, la entidad informó que tenía cerca de 7.051 personas por localizar en el conjunto del Bajo Atrato, Urabá y el Darién.
Además de la búsqueda, la asociación desarrolla actividades para que niños y jóvenes conozcan lo ocurrido durante el conflicto armado. Los libros de postales, las fotografías, los murales, los audiolibros y los encuentros con las nuevas generaciones hacen parte de este trabajo de memoria.
Así mismo las familias han recibido acompañamiento de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), la parroquia y PROCLADE COLVEN. “Ha sido de mucho apoyo porque han estado con nosotros, con las personas que tenemos familiares desaparecidos. Han sido un pilar para nosotros”, dice Rosa.
Sin embargo, la búsqueda en el Bajo Atrato también enfrenta dificultades. Las condiciones de las vías y el acceso a algunos territorios complican los desplazamientos y las labores de búsqueda. A pesar de estos obstáculos, las familias continúan participando en los espacios colectivos y esperando información sobre sus seres queridos.
Las mujeres que siguen preguntando por sus familiares
Para Marcial Gamboa Valencia, las mujeres desempeñan un papel fundamental en la búsqueda porque mantienen presente el recuerdo de sus familiares desaparecidos en la vida cotidiana. “Porque en la mujer siempre está esa mirada de recordar”, explica.
Gamboa cuenta que la ausencia se hace presente incluso en las actividades más cotidianas. Cuando una madre sirve la comida, piensa en el hijo que no está; cuando sale a la calle y camina, también lo recuerda. La esperanza de que algún día regrese sigue acompañando a muchas familias.
Esa memoria también está presente durante las jornadas de búsqueda. “Cuando una buscadora va a un territorio, sueña en que por ahí pasó su personal, su hijo, su hermano, su amigo, y por eso siempre insiste que hay que seguirlo buscando”, relata Marcial.
Marcial llama a estas mujeres “rostros que caminan”: personas que recorren el territorio en busca de quienes salieron de sus casas y nunca regresaron. Para él, el Bajo Atrato es un territorio donde cada vez más mujeres se suman a esta labor. Su trabajo también se acompaña de iniciativas de memoria que buscan que la niñez de la región conozca las historias del conflicto armado y que hechos como esos no se repitan.
Que no se cansen de buscar
Cuando Rosa habla de Ernesto, recuerda la ausencia que dejó su desaparición. Si pudiera decirle algo hoy, tiene clara la frase: “Cuánta falta nos has hecho”. Lo dice con firmeza, pero con la voz temblorosa.
No sabe qué ocurrió con él ni dónde se encuentran sus restos. Sin embargo, a pesar de los años, no pierde la esperanza de recibir una noticia que le permita conocer el destino de su hermano y, si es posible, recuperar sus restos para darle sepultura.
“Yo no pierdo la esperanza de que un día me digan: encontramos a tu hermano y me lo traigan para darle una cristiana sepultura, que es lo que uno más desea”, afirma.
Esa esperanza también está presente en el mensaje que comparte con otras personas que buscan a sus familiares desaparecidos. Rosa sabe que el camino puede ser largo y que la incertidumbre continúa mientras no haya respuestas. Por eso, les pide que no abandonen la búsqueda.
“Que no se cansen de buscar. Que yo sé que a nosotros cualquier día nos llaman, encontramos a tu familiar y nos lo entregan. Que no se cansen de buscar. Que sí es posible la búsqueda. Y que debemos tener la fe puesta en Dios para que un día nos llamen, que ya encontraron a nuestro familiar y que nos lo entreguen para darles cristiana sepultura”.
En el Día Nacional de las Mujeres Buscadoras, la historia de Rosa Edilma recuerda a las mujeres que siguen buscando a sus familiares desaparecidos, compartiendo sus recuerdos y acompañándose mientras esperan respuestas. En el Bajo Atrato, los espacios colectivos les han permitido hablar de sus seres queridos, fortalecer sus procesos de búsqueda y mantener vivas sus historias.