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Fotos: Diego Cuervo Escobar

Pailitas, el punto de encuentro del Caribe colombiano

Por: Diego Cuervo Escobar

Este municipio ubicado a 226 kilómetros de Valledupar reúne una variedad de acentos, rostros y tradiciones de varios lugares del territorio nacional. "¡Todo aquel que no hable costeño es un cachaco!", dicen aquellos oriundos del Caribe. Por eso a Pailitas se le conoce como ‘la puerta de los cachachos, porque a pesar de pertenecer al departamento del Cesar, aquel dialecto no es el que prevalece, la idiosincrasia está marcada por influencia de los santanderes y el interior del país.

“Pailitas es muy curioso porque aquí tú encuentras de todo. Hay costeños, santandereanos, bogotanos, paisas, en fin. Esto es una mezcolanza brava”, cuenta doña Elmira, quien tiene un pequeño negocio de comidas al lado de la carretera que atraviesa el municipio.

Como muchos otros pueblos, Pailitas fue creado por pobladores de otras tierras que partieron de sus territorios en busca de mejores oportunidades, y en ocasiones, huyendo de conflictos como el que se dio entre liberales y conservadores en los años 30. Fue así como en 1939, personas de El Carmen, Norte de Santander, comenzaron a explorar ente punto estratégico del departamento.

“Este municipio tiene una ubicación predilecta, por un lado tenemos la Serranía del Perijá, a unos 10 kilómetros la ciénaga de Sapatosa, una de las más grandes del país; estamos muy cerca del departamento de Norte de Santander y también del Atlántico”, cuenta Gerson Quintero, presidente de la Acción Comunal de Pailitas y gran conocedor del municipio.

A tan sola una hora de distancia, la Serranía del Perijá provee de importantes cantidades de alimentos no solo a los pailiteros, sino también a otros municipios cercanos como Curumaní y Pelaya. Allí, los cultivos de pancoger, de legumbres, café y frutas como el zapote y naranja son altamente productivos. Por ende, Pailitas ha sido reconocido nacionalmente como un territorio agrícola, con abundantes tierras fértiles gracias a la variedad de climas térmicos que se encuentran en la región.

Su nombre obedece al pozo ‘Las Pailas’, que en los años 1941 y 1942, época en se empezaron asentar las comunidades, los proveía del pez Besote, el más consumido en aquel tiempo. Aunque algunos dicen que al pozo le llamaban así debido a las altas temperaturas que abrazan el municipio, que en temporada de invierno alcanza los 33 y 35 grados.

Una cultura campesina

Doña Gloria lleva 50 años vendiendo sus productos en la plaza de mercado de Pailitas, a pocas cuadras de la avenida principal. En su puesto trabaja con papa, tomate, yuca, cilantro, entre otros.  Junto a su esposo, desde las 7 de la mañana hasta las 3 de la tarde, buscan su sustento con estos productos que cultivan en la Serranía del Perijá.

“Yo soy de San Gil, Santander, pero llevo muchos años viviendo aquí en Pailitas. Es una tierra muy rica para trabajar el campo y ganarnos la vida honradamente. A veces tenemos que competir con los mayoristas pero afortunadamente mucha gente nos prefiere por la amistad, por la atención y la humildad con la que trabajamos”, señala doña Gloria.

Así como ellos, otras decenas de vendedores hacen alusión a una tradición campesina que siempre ha predominado en el municipio. Por las calles de Pailitas es constante ver ‘las lecheras’, unos carros para el transporte de alimentos que han sido adecuados para atravesar trochas y quebradas que existen alrededor de las 29 veredas que hacen parte del municipio.

Gracias a esta tradición campesina en Pailitas la gastronomía también es muy diversa, en los restaurantes o puestos de comida los visitantes encuentran un menú poco común. Se encuentra gallina, pescado, frijoles y la arepa cachaca, platos de diferentes regiones que convergen en un solo punto.

“La arepa cachaca la hacemos con maíz y es muy apetecida en el municipio. Es parecida a la paisa pero la comemos sin sal, sin mantequilla; solita”, cuenta María Romero, representante de la Mesa Campesina del Perijá.

Ella lidera procesos y proyectos para que la producción y comercialización de los productos que se dan en esta zona del país, se conviertan en tipo exportación, que no solo los consuman en el Cesar sino que lleguen a todas las zonas del país, y porque no, al exterior.

“El cacao y el café son los productos insignias de la Serranía del Perijá, uno de los mejores del país. Queremos mejorar nuestras vías terciarias para poder transportar más rápido los productos y tener una mejor comecialización”, concluye María.

Las jugueras de Pailitas

La Troncal del Oriente es la autopista que atraviesa el municipio de Pailitas, por allí transita gran parte de la materia prima que llega al país por los puertos de Barranquilla y Santa Marta. El flujo de transporte de carga y turistas que viajan del interior hacia la costa Caribe para disfrutar de las vacaciones, es constante en todo el año.

Por ello, este municipio también se convirtió en la parada obligatoria de aquellos viajeros, una especie de puerto o estadero a orillas de la carretera que deciden tomar un descanso con un jugo natural en la mano.

Son 17 puestos de jugos naturales que hay sobre la carretera. En su mayoría son atendidos por madres cabeza de familia y casi la mitad de ellas, son oriundas de otras regiones del país. Zapote, Naranja, melón y lulo son los más apetecidos, dice María Santiago, una ibaguereña que llegó a este municipio hace bastantes años para hacer lo que más le gusta: atender a la gente.

“Ya son casi 17 años que llevo vendiendo jugos en Pailitas, lo hago con mucho orgullo, con mucha vocación porque me gusta servirle a la gente. Mi puestico no lo dejo por nada del mundo”, señala.

Con su puesto de jugos María sostiene a sus cuatro hijos; el trabajo es arduo pues todos los días llega al trabajo cuando sale el sol y cierra muchos después de que este se esconde. Pero aunque no tiene día de descanso, su amabilidad y hospitalidad con el turista siempre sale a relucir, lo que la hace una de las más conocidas en el sector.

En el centro del Cesar la pujanza de la gente es más fuerte que el caluroso clima, con sombrero, toalla al hombro y botas de caucho, sus pobladores llevan orgullosos el nombre de campesinos y agricultores, un municipio que no conoce de fronteras, un hibrido cultural que resumen la diversidad colombiana en todos los aspectos. En Pailitas se habla como cachaco, se come como costeño y se trabaja como santandereano.