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Foto: Cortesía.

‘No tire tanta bala', lo nuevo de Distrito Especial

Por: Luis Daniel Vega.

El Decreto de honores No 1265, expedido afanosamente el 17 de abril de 1948, convirtió la casa de Jorge Eliécer Gaitán en Monumento Nacional. El mandato obligaba, entre otras cosas, a que el cuerpo sin vida del caudillo fuera enterrado en el mismo lugar donde había sido velado noches atrás. En la sala de aquella residencia ubicada en el barrio Santa Teresita de la localidad de Teusaquillo, en contra de la voluntad de Amparo Jaramillo, su esposa, permanecieron durante cuarenta años los restos del político inmolado. 

El 9 de abril de 1988, Gloria Gaitán logró trasladar el cadáver de su padre al llamado Patio de la Tierra, una tumba circular que haría parte del fallido Exploratorio Nacional. El día de la ceremonia, un incipiente trío de rock hizo las veces de anfitrión. Este debut excepcional, enmarcado en un coyuntural acto simbólico, trazó el rumbo ideológico y conceptual de Distrito. 

Conformada un año antes por el pianista Carlos Iván Medina, el guitarrista Bernardo Velasco y el baterista barranquillero Einar Escaf, Distrito –que en principio se llamó Distrito Especial-  surgió en pleno furor del rock argentino en Bogotá. Entre los que querían cantar en inglés e imitar a pie juntillas el rock anglosajón y los que querían cantar en español y mirar para adentro, los tres integrantes de la banda optaron por el segundo camino. Su búsqueda, basada en una acertada amalgama de funk progresivo, blues, cadencia andina y ritmos caribeños colombianos, derivó en un estilo inusual que ellos llamaron gastrofunk o, como lo explica Medina, “funk que brota de las entrañas colombianas”. 

Un año después del concierto en el Patio de la Tierra, Distrito grabó su primer disco titulado de manera sardónica D.E. Mentes. Editado por CBS, abre con ‘Bogotá’, una canción en la que queda al descubierto su profundo amor por la ciudad. Este sentimiento de arraigo, mezclado con su lectura mordaz del sinsentido histórico de la capital y una buena dosis de humor negro, han sido el hilo conductor de los tres discos del trío. 

Al disco le siguió otro evento emocionante: ¡fue la banda telonera de la primera gira de Charly García en Colombia! Esto les valió cierta popularidad que fue capturada en la telenovela Loca Pasión (RTI, 1989), la historia de amor entre Valentina (Marcela Agudelo) y Sammy (Carlos Vives) enmarcada bajo la excitación pasajera de un fenómeno juvenil rotulado sospechosamente por los medios como “rock en español”. Fue allí donde conocieron al actor samario, quien un par de años después basó el diseño musical de La Provincia en la propuesta vanguardista de Distrito. 

Con Carlos Vives hubo complicidad para rato. Escaf, por ejemplo, fue coproductor y arreglista de Tengo fe (1997), El amor de mi tierra (1999) y Déjame entrar (2001), mientras que Carlos Iván Medina es el teclista de La Provincia desde 1994. Fruto de esa camaradería fue Documento (1996), una grabación que apareció –junto a Lucía Pulido y Bloque de Búsqueda- en el osado catálogo de Gaira Musica Local, el proyecto discográfico de Vives. La segunda entrega de Distrito contiene versiones renovadas del disco anterior (‘Bogotá’, ‘Pobre viejecita’, ‘CAI- Policía’) y canciones nuevas como la jocosa ‘Bus del blues’ y, especialmente, la emblemática ‘Candelaria’, un nostálgico bambuco de Medina que, si bien habla de su abuela, logra confundir ese recuerdo con el tradicional barrio bogotano.

Veinticuatro años después de Documento, Distrito está de vuelta. Todo aquello que la hizo particular desde su presentación oficial ante la tumba de Jorge Eliécer Gaitán se mantiene intacto: hay funk agresivo que apoya una urgente canción en contra de la violencia (‘No tire tanta bala’), canciones de amor sazonadas con cierto toque cubano (‘Sin más que el presente’), cumbia remozada en blues (‘Azul se ve el mar’), chandé en clave funk (‘Después de todo’, ‘Eso es’) y ‘Santa Fe’, otro bambuco dedicado a la ciudad que cuenta con la voz de una vieja amiga de la banda: Andrea Echeverri.

¿Por qué se demoró tanto el nuevo disco?

El proyecto de volver a hacer un álbum de Distrito Especial, 24 años después del último, no era tan descabellado.  La banda nunca se disolvió ni habíamos terminado de decir lo que queríamos contar.  Simplemente, la vida hizo lo que tenía que hacer con cada uno de nosotros hasta que nos pudiéramos reunir de nuevo. Varios de los temas se desarrollaron durante ese tiempo, con la firme intención de poderlos trabajar juntos en ese ambiente mágico de creatividad y juego que para nosotros fue el combustible en los años en que nos reuníamos casi a diario a producir música nuestra.

¿Y qué pasó durante esos años?

Nuestras vidas han sido ricas y diversas en ese tiempo, los tres en lugares diferentes, involucrados con la música y conociendo más del mundo. Una vez existió la posibilidad de volver a trabajar juntos en Colombia, la ayuda de Gaira Musical Local (GML) fue crucial para cristalizar el nuevo disco. Desde siempre Carlos Vives ha sido fan de Distrito y viceversa; comulgamos en muchas ideas acerca de la música. En 1994, cuando recién había fundado el sello, fue el productor ejecutivo de Documento y del video de ‘Candelaria’. GML es para nosotros hogar y color de identidad.

¿Algo cambió en los sonidos y los conceptos de Documento a No tire tanta bala? 

En los noventa nuestra música era considerada adelantada en el tiempo.  En No tire tanta bala la identidad de nuestro estilo es claramente reconocible pues no nos hemos esforzado por alejarnos de él.  La temática no ha cambiado mucho tampoco pero quizás la estructura de las canciones es un poco más asequible.  No teníamos mucho que demostrar para este proyecto, sólo íbamos a gozar el hecho de volver a conversar musicalmente; como viejos amigos que se encuentran para hablar de nuevo: con la convicción y tranquilidad aportadas por la experiencia.

¿Y cómo fluyó esa conversa en estos días de tanto truco y maquillaje?

Hoy hay nuevas herramientas y algoritmos, ¡nos encanta jugar con ellos! Sin embargo, no acudimos a estos artificios para sonar modernos.  La frescura de este trabajo está en lo que siempre ha sido: un proceso natural y casi artesanal, que fluye a primera vista pero que está lleno de detalles que se van descubriendo al repasarlo.  Si uno no se aleja mucho de las raíces, el resultado resulta sincero y eso lo vuelve un poco más atemporal.  Hemos intentado no aferrarnos a una moda ni quedar atrapados en el tiempo.

 ¿Cómo fue el proceso de grabación del nuevo disco? 

Fueron tres etapas. En la primera no reunimos todos en Baranquilla donde queda el estudio de Einar. Allí armamos las canciones, les metimos arreglos y grabamos las piestas instrumentales.  Luego nos reunimos en Bogotá -en los estudios nuevos de Gaira Musica Local- para grabar las voces y completar los ingredientes de las canciones.  La tercera fase contó con la ayuda del legendario ingeniero argentino, Eduardo Bergallo, quien hizo las mezclas.

Este disco tiene un guiño muy especial: la presencia de Andrea Echeverri, quien diseñó la portada del primer disco: ¿cómo fue reencontrarse con ella? 

Interpretamos junto a Andrea ‘Santa Fe’, una canción que nace de los diferentes sentimientos que genera la realidad bogotana.  Si bien no mantuvimos contacto frecuente con ella lo largo de los años, es probable que la temática de la canción ayudara a que el encuentro fuera tan natural como habernos visto hace pocos días.  Andrea sigue teniendo ese espíritu y energía fantásticos que vuelven cualquier rato con ella maravilloso.