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El joven escritor y cineasta caleño Andrés Caicedo. Foto: www.banrepcultural.org.

Así vio la luz la primera edición de ‘¡Que viva la música!’

Miguel Ángel Cortés

Escritor empedernido, partidario ferviente del movimiento del cine en los setenta, melómano compulsivo y su obra, considerada una de las más originales de nuestra literatura. Andrés Caicedo será siempre una leyenda, que como muchas otras, partió a temprana edad desprovisto del reconocimiento póstumo que sus letras marcarían en generaciones siguientes.

‘¡Que viva la música!’ es sin duda su obra emblemática, es aclamada por los críticos y es uno de los apartes más emocionantes del universo de la literatura colombiana en sus 40 años de existencia. El poeta y ensayista colombiano, Juan Gustavo Cobo Borda, fue el artífice que logró que esta obra maestra fuera una realidad en el papel.

Todo comenzó cuando por la década de 1970, Cobo trabajaba en el Instituto Colombiano de Cultura. Entre sus funciones, dirigía la publicación de ‘Obra en marcha’, un compilado por tomos de trabajos literarios de nuevos autores de la época. En uno de estos, decidió publicar ‘Memorias de una cinefilia’, un texto de un tal Andrés Caicedo.

“Para que vean su capacidad de locura: era una especie de diario, la historia que él había hecho cuando se fue a Hollywood a vender unos guiones para un director que él admiraba mucho, que se llamada Roger Corman. Era el gran director de la serie B, de las películas un poco de medio pelo, pero muy bien hechas sobre acción. Y entonces se fue allá convencido de que le iba a vender los guiones a Roger y claro, en Hollywood nadie le paró bolas (risas)”, cuenta.

El poeta y ensayista colombiano Juan Gustavo Cobo. Foto: Nangibe Torres.

Sin embargo, Caicedo descubrió algo mejor: en Los Angeles (EE.UU.) las salas de cine estaban abiertas las 24 horas dando funciones. “A él le pareció irse a ver cine todo el día, quedó casi chiflado y se vino otra vez a Colombia”, agrega el poeta.

Cuando vio su obra publicada, tal fue la emoción que no vaciló en comunicarse para referenciar más de sus escritos, pero parecía que al joven que le ganaba más el entusiasmo y a última hora cambiaba de parecer.

“Me empezó a hacer propuestas que por qué yo no publicaba sus críticas de cine, le dije: - Sí Andrés, mándamelas. Pero a medida que avanzaba el proyecto volvía y me decía: - Yo he escrito guiones de películas. Yo le decía: - Sí Andrés, mándamelas, me respondía: - Bueno, ya se las voy a mandar, y nunca mandaba las críticas de cine o si las mandaba, a la media hora llamaba a decir que no, que eso no era válido, que las estaba corrigiendo, que no las tomara en cuenta”.

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Llegó el día y en lo que parecería un destello de impulso muy acertado, a las manos de Juan Gustavo Cobo llegó ‘¡Que viva la música!’. La emoción fue tal, la obra hablaba por si sola y bastó leerla para decidir que debía ir de inmediato a la imprenta y convertirse en un libro para el disfrute de generaciones de lectores hasta el día de hoy. La edición contó con una carátula especial, que fue diseñada por Marta Granados. El mismo Cobo se encargó de escribir la presentación de un  nuevo autor que prometía bastante.

Andrés Caicedo nació en Cali en 1951 y ha tenido a lo largo de su corta vida una obsesión central: el cine. Esto lo ha llevado a animar cineclubs en su ciudad natal, a efectuar críticas de cine en los periódicos De Occidente y El Pueblo, a fundar, dirigir y sostener la revista ‘Ojo al cine’, además de escribir guiones. Y como si lo anterior no fuera suficiente a realizar a través de sus narrativas, de las más originales y renovadoras dentro de la literatura colombiana, un homenaje constante al cine.

Entre esos textos suyos, semifinalistas en el Concurso Imagen de Caracas, incluidos en ‘Obra en marcha 2’ se destacan una novela corta o relato largo, y con el título de ‘El atravesado’, apareció en 1975 y sobretodo esta novela, donde toda la mitología de una generación colombiana que pasa de la música rock a la salsa se transmite en una prosa efervescente y contagiosa.

El poeta y ensayista colombiano Juan Gustavo Cobo. Foto: Nangibe Torres.

Juan Gustavo Cobo y Santiago Mutis, gestores de la publicación de la obra, decidieron enviarla a su creador. Estaban fascinados, además porque la obra no tenía bibliografía, sino discografía, referenciando a grandes figuras de la música como Ray Barreto, Bobby Cruz, los Rolling Stones, Wille Colón, entre otros.

Sin embargo, lo que parecía un nuevo punto en la carrera de Andrés Caicedo como escritor, marcaría su despedida de este mundo. Extrañamente, después de ver su obra publicada decidió quitarse la vida.

 “La novela está fechada en Los Angeles y en Cali, el cuento está muy bien. La escribió entre marzo del 73 y diciembre del 74. Cuando se metió en un cine allá en Estados Unidos y tomó seguramente algunas pastillas para que no se durmiera viendo cine, ya empezó con todo el delirio de esta novela maravillosa, que tiene una cantidad de niveles porque no solo es la fascinación de un grupo de jóvenes, primero por la música norteamericana, por la ropa, por los bluejeans, los tenis y las caseteras gigantes”.

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Cobo relata que este fenómeno se fue ‘caleñizando’ paulatinamente. Dichos jóvenes se peleaban contra los antioqueños. Uno de los episodios más recordados es cuando fascinados por la salsa decidieron imprimir un afiche en Cali en contra de la música de los paisas que decía:

“El pueblo de Cali rechaza a Los Graduados, a Los Hispanos y demás cultores del sonido paisa, hecho a la medida de la burguesía y de su vulgaridad, porque no se trata de sufrir ‘me tocó a mí esta vida’, sino de que ‘agúzate que te están velando’ ¡Viva el sentimiento afrocubano! ¡Viva Puerto Rico libre! Ricardo Rey no hace falta”.

El poeta y ensayista colombiano Juan Gustavo Cobo. Foto: Nangibe Torres.

“Era toda una revolución verbal y musical, porque la novela también está muy recorrida por una veta política.  Es muy rica de significados y no sólo es la historia de la muchacha que pasa del rock y la salsa y a una suerte de prostitución con muchos elementos intelectuales, pero es un momento clave de una generación en Colombia”.

El joven autor partió, pero su obra aún retumba y resuena, con toda la musicalidad que la enmarca, en la mente de millones de lectores. El pasado 4 de marzo cumplió 40 años de ser publicada y hasta hoy ya ha sido traducida a 6 idiomas, demostrando que la música se convierte en ese lenguaje universal que junto con la literatura deja huella y trasciende por generaciones.