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Javier Fernández sueña con ser profesor de música

Con música, jóvenes construyen paz en El Salado

Por: Rosember Anaya Ramírez

Un par de barrancos que al mirarlos parece que se vinieran al suelo, hojas secas que caen lentamente y un viejo cementerio dan un recibimiento tenebroso al entrar al corregimiento a El Salado, en El Carmen de Bolívar. Pero ese miedo que se percibe al llegar a esta tierra de los Montes de María, que hace 21 años vivió una de las peores masacres paramilitares en la historia nacional, se espanta con el canto de los gallos y el repicar de los pájaros, y con el intento de construir paz de los jóvenes. 

Entre el 16 y el 22 de febrero del año 2000, se escucharon disparos en cada uno de los rincones de este territorio. La Autodefensas Unidas de Colombia asesinaron a más de 100 campesinos, en una de las acciones más sanguinarias que cometieron durante el conflicto armado. Ahora lo que se escucha con fuerza es el sonido de una gaita corta que quiere cortar el mal pasado. 

Quien saca la melodía nació después de aquella dura masacre, por eso su mente solo se enfoca en cantos de paz. Javier Fernández acaricia el instrumento que lo acompaña desde los 12 años, cuando aprendió a ejecutarlo.

“Todos los temas de conversación eran de la masacre y de las víctimas. Que hubo muertos, que muchas personas se desplazaron y en la música encontramos ese espacio donde podíamos tener otro tema de conversación que no fuese solamente la masacre y el desplazamiento”, narra Javier.

Por su parte, Carlos Cohen, que nació el 17 de marzo de 2000, un mes después de que las balas le arrebataran a su hermano, hacen parte de esa generación que decidió darle otra mirada a la guerra para construir paz.

Carlos Cohen, joven músico de El Salado

“Quisimos mostrar que el pueblo tiene gente que le gusta la música y que se olvida de todo lo que pasó hace 21 años. Cuando las personas escuchan un ritmo de una canción, de una gaita o de música de viento se olvidan de esa masacre”, expresa Carlos.

Debido al desplazamiento de sus familias les tocó nacer en otras tierras, pero con orgullo aseguran ser salaeros, lo que demuestran cuando entonan la canción ‘La reina del tabaco’, que identifica a todos los habitantes de El Salado.

“Nacer después de un desplazamiento o una masacre queda uno con algo ahí, gracias a lo que pasó nací, pero no agradezco nada porque fueron hechos muy impactantes. Pero a través de la música hacemos que la gente no piense que van a suceder las mismas cosas que pasaron”, sostiene Javier.

“Cuando uno llega a El Salado al escuchar un ritmo de un tambor ya se siente la alegría del pueblo”, agrega Carlos.

Estos dos jóvenes son el ejemplo de muchos niños que día tras día llegan a la escuela de música que ellos dirigen para aprender a tocar instrumentos como la gaita, el tambor y la trompeta. Javier y Carlos quieren mostrar la otra cara de El Salado, más allá incluso de las recientes amenazas a líderes sociales que atemorizan al pueblo.

Carlos Cohen y Javier Fernández están juntos en la música desde niños.

“El Salado no es como lo describen, que solamente es violencia. Aquí hay muchos jóvenes que se dedican al deporte y también hay otros que se dedican a la música”, dice Carlos.

“El Salado siempre ha sido estigmatizado por lo que pasó, pero cuando las personas lo visitan se dan cuenta de que este pueblo es más de lo que a ellos les han contado o han visto. Aquí hay mucha cultura y talento”, agrega Javier.

Ese temor que se percibe al llegar a El Salado lo derrumba una frase contundente de Carlos, a quien además de la música le gusta dibujar: “El Salado es un pueblo al que no hay que tenerle miedo, este es un pueblo alegre, divertido, que tiene cultura. Este es un pueblo donde la gente se puede distraer y no va a pasar nada”.

Ambos tienen el mismo sueño y juntos seguirán trabajando para demostrar que El Salado tiene todo para ser un territorio de paz.