En las montañas del Suroeste antioqueño, la mula no es solo parte del paisaje rural: también representa una historia de trabajo, caminos y café. Ese vínculo inspira el Festival de la Mula y el Café, una celebración que tuvo su primera edición documentada en 2019 en el corregimiento Alfonso López, conocido históricamente como San Gregorio, en Ciudad Bolívar, Antioquia.
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La fiesta nació para reconocer la tradición arriera de la zona y recordar el papel que tuvieron los mulares en el desarrollo económico y social de estas comunidades. Antes de la expansión de las carreteras y del transporte motorizado, las mulas permitían recorrer los caminos de montaña y movilizar café, alimentos, mercancías y otros productos entre fincas, veredas y centros poblados.
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Su importancia estuvo especialmente ligada a la caficultura. En una región donde el café ha sido durante décadas uno de los motores de la economía rural, estos animales fueron fundamentales para sacar las cosechas desde terrenos de difícil acceso y llevarlas hacia los puntos de comercialización.
Con el paso del tiempo, la mula dejó de representar únicamente un medio de carga y pasó a ocupar también un lugar dentro de la memoria campesina y arriera de la región.
Del trabajo en las montañas a una celebración comunitaria
El festival recoge ese legado a través de actividades culturales y tradicionales. Desde su primera edición se han incluido espacios como la Baquía del Arriero, encuentros culturales, presentaciones de chapoleras, actividades tradicionales y reconocimientos a los arrieros.
En 2026, el VI Festival de la Mula y el Café se realizará del 7 al 12 de octubre, junto con Expo Suroeste. La programación convierte nuevamente a Ciudad Bolívar en punto de encuentro alrededor de la música, los desfiles, la cultura, la gastronomía y la tradición arriera.
“Linda, la mula”, un personaje para contar la tradición
La celebración también ha inspirado relatos sobre la relación histórica entre los habitantes y estos animales. Uno de ellos tiene como protagonista a Linda, la mula, personaje utilizado por el escritor local Rubén Darío González Zapata para narrar, desde la ficción y la memoria territorial, el vínculo entre la mula, el café y San Gregorio.
El relato funciona como una representación de aquellas mulas que durante generaciones transportaron cosechas y ayudaron a conectar las comunidades rurales del municipio.
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Hoy, cuando buena parte de esas labores han sido reemplazadas por vehículos y nuevas vías, el festival vuelve protagonista a un animal estrechamente ligado a la historia de la región.
Así, entre café, arriería y tradición campesina, Ciudad Bolívar mantiene viva la memoria de una época construida sobre caminos de montaña.