Cuando un desastre supera la capacidad de respuesta de un país, existe una ruta legal y operativa para movilizar apoyo externo. En Colombia, esa ruta la definió la Ley 1523 de 2012, que en su artículo 43 establece que la cooperación internacional en gestión del riesgo, incluido el apoyo en desastres, debe ejercerse con el objetivo central de fortalecer al sistema nacional y a las entidades que lo integran, bajo principios de calidad, oportunidad, pertinencia y eficacia reconocidos a nivel internacional. Tras el sismo de magnitud 7,4 del 10 de agosto, ese marco se activó en cuestión de horas.
El engranaje institucional
El mecanismo funciona con varios actores cumpliendo roles distintos. Según indica el Ministerio de Relaciones Exteriores, se activó un puesto de mando de cooperación internacional y el canciller Omar Bula Escobar contactó al cuerpo diplomático acreditado en Colombia para pedir apoyo a la mayor brevedad. Puertas adentro, la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) cumple una función técnica clave al ser la entidad que identifica y consolida las necesidades puntuales por territorio, información que luego se traduce en solicitudes concretas hacia la comunidad internacional.
El sistema de Naciones Unidas aporta la capa de coordinación multilateral. Así lo señala la Cancillería, que explicó que trabaja con la Coordinadora Residente de la ONU y las agencias del Sistema para identificar necesidades y coordinar la respuesta, además de apoyarse en la Oficina de Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios (OCHA), el organismo especializado en articular la ayuda de múltiples países y evitar duplicidades sobre el terreno.
Los tipos de ayuda y quién los provee
La cooperación internacional en un terremoto no llega de una sola forma. Incluye equipos de búsqueda y rescate urbano (USAR), personal médico y paramédico, insumos humanitarios, y herramientas técnicas como observación satelital para dimensionar los daños. Varios países ofrecieron estos componentes de forma casi inmediata, entre ellos se encuentran El Salvador, Ecuador, México, Estados Unidos, Japón, Turquía, Israel, entre otros.
Asimismo, distintos países han ofrecido el envío de ayuda humanitaria y se encuentran a la espera de aprobación par los grupos de rescatistas.
Hoy llegará a Pereira el primer envío de ayuda humanitaria, desde México, con 19.5 toneladas de despensas, para los damnificados del terremoto. Se esperan vuelos adicionales, en los próximos días. ¡Colombia no está sola! La comunidad internacional está con nosotros.
¡Gracias… pic.twitter.com/gfw1KQKkU7— Cancillería Colombia (@CancilleriaCol) August 12, 2026
A ese componente operativo se suma el financiero. De acuerdo con el Departamento de Estado de Estados Unidos, ese país concretó una de las primeras contribuciones económicas, destinada a refugios de emergencia, alimentación y evaluación de daños.
Los bancos multilaterales de desarrollo entran en una fase distinta, más orientada a la reconstrucción que a la emergencia inmediata. Según indicó Sergio Díaz-Granados, presidente ejecutivo de la CAF, los recursos entregados "hacen parte de una respuesta de solidaridad", y el organismo acompañará al país en los esfuerzos posteriores. Según cifras oficiales, la suma de ofertas de cooperación humanitaria y financiera superaría los 1.300 millones de dólares.
La trazabilidad como eje del sistema
Un elemento que atraviesa todo el proceso es el control sobre cómo se recibe y distribuye lo que llega. En ese sentido, la Cancillería indicó que la coordinación centralizada busca garantizar que las donaciones internacionales entren al país con trazabilidad, sean recibidas por las autoridades competentes y se distribuyan hacia las zonas donde resulten más necesarias. Es, en esencia, el mismo propósito que trazó la Ley 1523 hace más de una década de convertir la solidaridad internacional en apoyo ordenado, medible y dirigido a quienes más lo necesitan.
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