Cuando escuchamos las palabras reactor nuclear es fácil que la imaginación se vaya a una enorme central eléctrica, a las imágenes de una explosión atómica o, para quienes crecieron viendo Los Simpson, a Homero frente al tablero de controles de la planta nuclear de Springfield, pero en Bogotá hay un reactor nuclear y su historia es bastante distinta.
Se llama IAN-R1, está ubicado en la sede CAN del Servicio Geológico Colombiano (SGC) y es el único que existe en el país. Entró en funcionamiento en 1965 y llegó a Colombia como una donación de Estados Unidos durante el gobierno de Guillermo León Valencia, en el marco del programa Átomos para la Paz, que promovía los usos pacíficos de la energía atómica.
Desde entonces, su propósito ha estado ligado a la investigación. Hoy es operado por la Dirección Técnica de Asuntos Nucleares del SGC y se utiliza para realizar estudios que aportan al conocimiento geocientífico del país, además de prestar servicios de irradiación de muestras laboratorios autorizados y participar en proyectos de investigación y cooperación técnica con entidades académicas y con el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA).
Un reactor al servicio de la ciencia
Para entender qué hace el IAN-R1 hay que empezar por aclarar algo: no todos los reactores nucleares tienen la misma función. Dentro de un reactor ocurre una reacción nuclear en cadena de manera controlada. Esa reacción puede aprovecharse con diferentes propósitos. Hay reactores diseñados para producir energía eléctrica y otros, como el colombiano, construidos principalmente para la investigación.
El SGC explica que el IAN-R1 tiene una potencia de 30 kilovatios térmicos y que esa baja potencia, sumada a su diseño para fines científicos y académicos, hace que no sea utilizado para generar electricidad; su energía se aprovecha de otra manera: como una herramienta para estudiar materiales y obtener información que ayuda a los científicos a conocer mejor aquello que tenemos bajo los pies.

Lo que una roca puede contar
Una de las capacidades asociadas al reactor es la activación neutrónica, esta técnica permite identificar los elementos que componen una muestra geológica mediante un proceso en el que el material captura neutrones y posteriormente se mide la radiactividad inducida; en otras palabras, permite acercarse a la composición química de un material con enorme detalle.
Según el Laboratorio de Análisis por Activación Neutrónica de la entidad, esta práctica tiene aplicaciones en la caracterización de materiales, la determinación del origen de las rocas y de los procesos mediante los cuales se formaron, el estudio de contaminantes presentes en el aire y la evaluación de recursos minerales.
Una piedra puede contener información sobre los procesos que han transformado nuestro territorio, es ahí cuando aparece la geocronología. Esta disciplina busca determinar la edad de los materiales geológicos, permite comprender la evolución de un paisaje y reconstruir la historia de formación de las cadenas montañosas.
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Un lugar para hacer ciencia y aprender a hacerla
Además de trabajar en proyectos de investigación y cooperación técnica con el sector académico, sus instalaciones pueden ser visitadas con reserva previa y bajo condiciones de seguridad, por instituciones educativas, organizaciones, entidades y otros grupos interesados en conocer las capacidades científicas y tecnológicas que Colombia ha desarrollado alrededor de las aplicaciones nucleares y radiactivas.
Ese componente pedagógico es especialmente importante cuando se habla de energía nuclear, un campo rodeado de ideas preconcebidas, temores y referencias que muchas veces vienen del cine, la televisión o de algunos de los episodios más dolorosos de la historia contemporánea.
Cada 29 de agosto, Naciones Unidas conmemora el Día Internacional contra los Ensayos Nucleares. La fecha fue establecida por la Asamblea General de la ONU en 2009 para promover la conciencia sobre los efectos de estas pruebas y la necesidad de ponerles fin.
Recordar esa historia no significa equiparar un reactor de investigación con un arma nuclear. Al contrario, permite entender que hablar de ciencia nuclear es hablar de tecnologías y conocimientos que pueden tener propósitos profundamente diferentes. En Colombia, el IAN-R1 ofrece un ejemplo cercano de uno de esos caminos.
Quizá por eso, en una fecha dedicada a recordar las consecuencias de los ensayos nucleares, también vale la pena mirar hacia este pequeño reactor instalado en Bogotá, para recordar que la ciencia nuclear también puede utilizarse para investigar, aprender y comprender mejor el lugar que habitamos.