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8 santandereanos que marcaron la historia de Colombia

Por: Heliana Ortiz – Radio Nacional Santander.

Por la estampa de Barichara que logró congelar en su arquitectura de pueblito viejo un tiempo ajeno al nuestro, por las anécdotas de personajes pintorescos como el Conde de Cuchicute (el sangileño excéntrico que compró un título nobiliario en Europa) o por las audaces vidas de héroes inmortalizados en estatuas, gambetas, canciones o billetes, ser santandereano es un honor. 

Nunca será fácil elegir, menos si se trata de resumir en siete protagonistas el legado de esta región a la historia. Este es un listado en el que cabrían muchos más, porque además como dice la frase más famosa de este departamento “el que pisa tierra de Santander, es santandereano”, les presentamos a siete de ellos. 

Yoreli Rincón (1993) 

Foto: Archivo personal Heliana Ortiz.

Yoreli Rincón es la camiseta número 10 de la Selección Colombia Femenina, lo que llena de orgullo a este departamento que la vio crecer en un semillero de Floridablanca, donde ella era la única niña entre más de 200 varones. Ellos se  sorprendían de verla gambetearlos y hacer ‘veintunas’ que llegaba a 400. 

En el 2012, al ser fichada para jugar con Club XV de Piracicaba de Brasil, se convirtió en la primera futbolista considerada profesional del país. Con la sinceridad que caracteriza a los santandereanos fue una de las primeras deportistas que respondió a los señalamientos ofensivos de la Fedefutbol y armó el debate más importante y reciente sobre la discriminación hacia las mujeres en este deporte. 

José A. Morales (1913-1978)

Foto: Archivo personal Heliana Ortiz.

De su más reconocida composición ‘Pueblito viejo’ hay una versión en cada lugar de la Colombia andina, también fue traducida al inglés y francés e interpretada en aire ranchero por Javier Solís, por eso la cuenta de las veces que ha sido cantada es imposible de hacer. Así de grande es ‘El cantor de la patria’. 

Su amor por Santander fue inmortalizado en otras canciones como “Señora Bucaramanga” y “Campesina santandereana” y en al menos 200 más que tienen ese tinte de despecho elegantemente montañero como el alma de esta tierra. Pero nadie se atreve a confesar, sino en voz baja, que posiblemente no nació en este departamento y por eso los documentos que podrían confirmar su origen se guardan con recelo, aunque se reconoció a sí mismo siempre como hijo de El Socorro (Santander). 

Luis A. Calvo (1892-1945)

Foto: Archivo personal Heliana Ortiz.

Fue pionero al llevar el alma de la música andina a un sitio de honor enriquecido por la academia y las formas de composición europea, aunque sean sus intermezzos los que aun recorren el mundo (entre ellos el 2, muy querido y conocido como Lejano Azul). Su vasta obra incluye valses, marchas, danzas, bambucos y torbellinos. 

Nacido en Gambita, fue hijo de la pobreza, pero resultado de su espíritu de superación y talento puro. Para tristeza de sus muchos admiradores de la época, a sus 34 años fue diagnosticado con lepra y recluido en el lazareto de Agua de Dios, donde pasó sus últimos días hasta fallecer componiendo, acompañado del violín y el piano que tocaba con maestría. 

Virginia Gutiérrez de Pineda (1921-1999)

En el campo de las ciencias sociales en Colombia esta mujer tuvo algunos de los estudios más reveladores del siglo XX. Con su producción intelectual esta antropóloga le dio la vuelta a medio mundo y levantó los cimientos para comprender una cuestión básica sobre la que antes nadie había escrito sin prejuicios ¿Cómo es la familia colombiana?, y para responderla con rigor académico visitó, entrevistó y analizó las regiones del país en los años 50 y 60. Sus trabajos tienen aún vigencia y su lucha a favor de las mujeres es referente del feminismo colombiano.

Disciplinada, brillante y sensible, así la recuerdan quienes la conocieron como amiga o maestra. Virginia dedicó uno de sus libros más emblemáticos a “las mujeres que viven el periódico abandono de su hombre o que lloran su muerte. Madres que conciben, gestan y paren en tugurios. Madres todas que ganan el pan, que lo multiplican en la boca de sus hijos hambreados. Para vosotras, mi trabajo y mi fe sin límites”. En 2016, se convirtió en la imagen del billete de $10.000.

Mario Galán Gómez (1910-2000) y Luis Carlos Galán (1943-1989)

Como ‘Un hombre hecho por sí mismo’, así define a este santandereano su biografía. Dedicó varios años de su vida al partido Liberal, y muchos más a la creación y dirección de empresas como Terpel o Monómeros de Colombia. Fue gerente de Ecopetrol y desde allí lideró la reconversión de la refinería de Barrancabermeja a patrimonio nacional cuando se echó para atrás el acuerdo con la Petrol Oil Company de la Concesión de Mares. Por su idea y su gestión se creó la Universidad Industrial de Santander – UIS. 

Es además el padre de Luis Carlos Galán, recordado como el candidato presidencial que se proponía rehacer el pacto entre ética y política, ideal que quedó truncado al ser asesinado el 18 de agosto de 1989. 

Antonia Santos Plata (1782-1819)

Foto: Instituto Municipal de Cultura y Turismo de El Socorro.

Imborrable de la memoria popular santandereana, es una de las pocas mujeres que se ganó el título de heroína en la crónica de los historiadores. Apoyó estratégica y financieramente a las guerrillas anticoloniales organizadas en Cincelada, Riachuelo y Encino, en apoyo a la lucha patriótica liderada por Bolívar, pero encendida en estas tierras desde la Insurrección Comunera, y que a la postre fue el preámbulo de la misma rebeldía y descontento. 

Tras su captura, en abril de 1819, fue llevada a El Socorro, durante el juicio le propusieron un tentador canje: delatar a sus amigos a cambio de su vida. Eligió el patíbulo. Murió a los 37 años, no sin antes amarrarse por decencia las faldas a los tobillos, para evitar que en el holocausto de la muerte se levantaran y despertaran la curiosidad de los morbosos. 

José Antonio Galán (1749-1782)

Foto: Instituto Municipal de Cultura y Turismo de El Socorro.

José Antonio Galán es símbolo de la rebeldía contra la injusticia, protagonista de la Insurrección Comunera que puede ser considerada el primer alzamiento contra la Corona Española en tierras americanas. Aseguran algunos historiadores que, a diferencia de los demás comuneros, sí consideraba este movimiento como una oportunidad plena para la liberación más allá del simple reformismo que se traslucía en la consigna “Viva el rey, y abajo el mal gobierno”, comparable con el inca Tupac Amaruc en sus creencias. 

La sentencia cruel de esparcir su cuerpo descuartizado por varios lugares del país, que incluyó fuera “asolada su casa y sembrada de sal para que de esta manera se dé olvido a su infame nombre”, no consiguió extinguir la llama que encendió su legado.