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Fracking en Colombia: la amenaza que pone en riesgo el agua y la biodiversidad del país

Colombia es el segundo país más biodiverso del planeta y tiene la mitad de los páramos del mundo, los ríos más caudalosos de América del Sur y una riqueza hídrica que, en sí misma, es una forma de soberanía infinita. Te contamos por qué perforar la tierra con fracking no es una opción técnica sino una apuesta catastrófica que ningún barril de petróleo justifica.
Radio Nacional de Colombia

La discusión sobre el fracking en Colombia lleva más de una década sin cerrarse. ´Hoy por hoy, algunos insisten en extraer los recursos naturales del país de cualquier forma, para así garantizar una supuesta "soberanía económica" que a futuro puede ser catastrófica en países megadiversos como Colombia. Entender qué es el fracking, qué hace con el agua, el suelo y los ecosistemas, y por qué hacerlo sería devastador para un territorio tan frágil como el colombiano, ya no es opcional: es urgente.

¿Qué es el fracking y en qué consiste?

La fracturación hidráulica, conocida como fracking, es una técnica de extracción de hidrocarburos que consiste en inyectar agua mezclada con arena y compuestos químicos a altísima presión en el subsuelo para fracturar rocas impermeables y liberar así petróleo o gas natural atrapado en yacimientos no convencionales (YNC).

El proceso requiere la perforación de pozos verticales que luego se desvían horizontalmente, atravesando kilómetros de roca. Para realizar el fracking, una enorme cantidad de agua se mezcla con diversos compuestos químicos tóxicos para crear el fluido de fractura, que luego queda contaminado con metales pesados y elementos radioactivos presentes de forma natural en la roca. Solo en la región del Marcellus Shale, en Estados Unidos, se necesitan entre 2 y 10 millones de galones de agua cada vez que se fractura un pozo.

Las sustancias tóxicas en el agua pueden dejar sin el recurso vital al país para siempre.


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Las desventajas del fracking: lo que la ciencia ya sabe

Los efectos ambientales del fracking no son especulativos: son documentados, medibles e irreversibles. Estudios han detectado químicos tóxicos en aguas subterráneas tras operaciones de fracturación hidráulica, incluyendo metales pesados y compuestos orgánicos volátiles. El metano, un potente gas de efecto invernadero, se filtra a la atmósfera.

Los terrenos utilizados presentan erosión y contaminación residual que afectan su fertilidad a largo plazo, con impactos que persisten décadas después de cesar la actividad.

En cuanto a la salud pública, se ha reportado que el 73% de los productos químicos utilizados en el fracking tienen efectos negativos para la salud humana, con evidencia de contaminación de mantos acuíferos, consumo excesivo de recursos hídricos, emisión de contaminantes al aire y contaminación acústica.

Las comunidades cercanas a zonas de explotación reportan enfermedades cutáneas en niños, malformaciones en el ganado y pérdida de calidad en los productos agrícolas. A eso se suma el riesgo sísmico: la fracturación hidráulica puede inducir actividad sísmica, incrementando el riesgo de terremotos que ponen en peligro las infraestructuras locales y la integridad de los mismos pozos.

Desde el punto de vista económico, los yacimientos no convencionales son riesgosos y poco rentables debido a los altos costos de extracción y la rápida declinación de los pozos, además de generar un mayor gasto energético que incrementa su impacto ambiental.

¿Fracking: es bueno o malo? Una pregunta con respuesta obvia

La respuesta es obvia: el fracking produce muchos más desastres que beneficios para los países, especialmente aquellos cuyos recursos naturales son más grandes.

Además, los riesgos y beneficios no se distribuyen homogéneamente: quienes obtienen los mayores beneficios no son quienes corren los mayores riesgos. Las empresas extraen, las comunidades locales padecen la contaminación, la sismicidad y la pérdida de sus fuentes de agua.

Diversos estudios indican que el fracking agota recursos hídricos y daña ecosistemas y hábitats de vida silvestre. No es ideología: es evidencia acumulada durante décadas.


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Por qué la gente protesta por el fracking: el cuerpo antes que el capital

Las protestas contra el fracking en Colombia no son fenómenos espontáneos ni irracionales, sino la respuesta organizada de comunidades que ven amenazada su agua, su tierra y su salud.

La disputa territorial también se traduce en un aumento de la vulnerabilidad y la amenaza a líderes y defensores ambientales, una situación ya crítica en Colombia.

El extractivismo es la causa de la alteración del ciclo hidrológico en Colombia, que unas veces se expresa como sequía y otras como inundación, y cada vez es más urgente abandonar los sistemas productivos que vienen afectando gravemente los ecosistemas nacionales desde hace varias décadas.

La biodiversidad de Colombia vale más que extraer combustibles fósiles

Antes de hablar de reservas de petróleo, hay que hablar de lo que Colombia ya tiene y que ningún yacimiento de gas puede reemplazar.

Colombia ocupa menos del 0,7% de la superficie terrestre del planeta, pero alberga casi el 20% de todas las especies de aves del mundo, el 14% de los anfibios, el 10% de los mamíferos, el 7% de los reptiles y entre el 10% y el 15% de todas las especies de plantas.

Es el primer país del planeta en aves y orquídeas y el segundo en plantas, anfibios, mariposas y peces de agua dulce.


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Los páramos, el tesoro estratégico del país

La mitad de los páramos identificados en el mundo están en Colombia, cubren un área cercana a los 3 millones de hectáreas y son ecosistemas esenciales para el suministro de agua.

Aunque representan apenas el 1,7% del territorio colombiano, aportan agua al 70% de la población.

El páramo más grande del mundo es el Páramo de Sumapaz. Dañar ese sistema es dañar el grifo de agua de millones de personas.

La naturaleza no espera, los páramos no tienen plan B y el agua subterránea no tiene tecla de deshacer. Colombia tiene la oportunidad histórica de elegir un modelo de desarrollo que no destruya lo que la hace única en el mundo y esa elección se llama transición energética; por eso, el primer paso es decir no al fracking, con nombre, con ley y sin excepciones.

 
 
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