Entre el 16 de junio y el 6 de agosto de 2026 se registraron 438 incendios de cobertura vegetal en 191 municipios de 19 departamentos, según la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD). El balance a la fecha calcula más de 20.000 hectáreas afectadas en el país.
Los departamentos que concentran la emergencia son Cundinamarca, Nariño, Magdalena, Valle del Cauca y Tolima, este último con la situación más crítica: el 14 de agosto, la Gobernación declaró la calamidad pública ante la presencia de 38 incendios activos en 16 municipios.
El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) ha advertido sobre el déficit de precipitaciones y temperaturas elevadas durante la temporada seca. La entidad utiliza variables como la precipitación acumulada y las temperaturas máximas para establecer diariamente la amenaza de incendios.
El tipo de ecosistema determina la recuperación
Las cifras oficiales hablan de cobertura vegetal afectada y no exclusivamente de bosques. La diferencia es importante en un país con una variedad considerable de ecosistemas.
Un incendio puede avanzar sobre bosque seco tropical, bosque andino, vegetación de alta montaña, matorrales, pastizales o terrenos previamente transformados. Las consecuencias y las posibilidades de recuperación son distintas en cada caso. Por ejemplo, el bosque seco tropical tiene una estación seca marcada y muchas de sus especies están adaptadas a periodos prolongados de sequía, mientras que los páramos se desarrollan bajo condiciones de bajas temperaturas y alta humedad; sin embargo, en ambos ecosistemas los incendios recurrentes son preocupantes porque pueden superar su capacidad natural de recuperación.
También intervienen la intensidad del incendio, el tiempo que permanecieron las llamas, el estado previo del ecosistema y la frecuencia con la que se presentan incendios en la misma zona. El suelo es otra de las variables, un incendio de alta intensidad puede afectar sus propiedades y reducir la cobertura que lo protege de la lluvia.
Por eso, la evaluación posterior al incendio resulta necesaria para establecer qué tipo de intervención requiere cada área.
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Regenerar o intervenir
El Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible (MADS) contempla dos grandes caminos dentro de los procesos de restauración ecológica: la restauración pasiva y la activa.
La pasiva aprovecha la capacidad que conserva el ecosistema para recuperarse. Puede aplicarse cuando permanecen semillas, raíces, vegetación cercana y otras condiciones que permiten el establecimiento progresivo de especies. La restauración activa requiere una intervención mayor, puede incluir siembra de especies nativas, enriquecimiento de áreas degradadas y medidas para estabilizar y proteger el suelo.
La elección depende del nivel de afectación y de las características de cada lugar, aunque el llamado es a la prevención.
La recuperación puede tomar décadas
Las primeras lluvias pueden hacer que un área incendiada vuelva a cubrirse de vegetación pero esa cobertura inicial no permite concluir que el ecosistema se haya recuperado.
El MADS define la restauración ecológica como un proceso orientado a recuperar la estructura y las funciones de los ecosistemas degradados y asegura que puede tomar décadas. Esto incluye la vegetación, pero también el suelo, el agua, la fauna y las relaciones ecológicas que permiten su funcionamiento.
El balance de los incendios actuales, por lo tanto, requerirá algo más que establecer el número de hectáreas afectadas. Una vez controladas las emergencias será necesario identificar los ecosistemas alcanzados por el fuego, evaluar su nivel de afectación y determinar, caso por caso, dónde se requiere restauración activa y dónde existen condiciones para favorecer la recuperación natural.