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Fernando González: 90 años de un viaje a pie por Colombia

Por: Juan José Macía

La vida no es un sueño, es un viaje: un viaje a pie. Y para viajar hay que estar despierto, ¿no?

Gonzalo Arango

En 1929, el maestro Fernando González publicó su libro “Viaje a pie”. Una especie de crónica filosófica en la que el escritor describe los paisajes que se encuentra en su recorrido desde Envigado hasta Buenaventura, mezclándolos con los pensamientos y reflexiones que llegaban a él durante este recorrido.

José Lubín Torres es geógrafo, profesor de la Universidad Nacional de Colombia – Sede Medellín, presidente de la Organización Caminera de Antioquia y coordinador del proyecto Lectura del “Viaje a pie” desde el camino. Conversamos con él sobre esta iniciativa y lo que representa recorrer los caminos de Fernando González 90 años después de que el filósofo de Envigado emprendiera este viaje.

¿En qué consiste el proyecto Lectura de “Viaje a pie” desde el camino? ¿Cuál es el recorrido que realizan?

José Lubín Torres: Este proyecto está enmarcado dentro de lo que hoy en día llamamos travesías literarias y su objetivo principal es experimentar la ruta de Fernando González Ochoa, la cual hace entre 1928 y 1929 entre Envigado y el Viejo Caldas para llegar finalmente a Buenaventura.

Deseamos en este viaje interpretar las experiencias que nos ofrecen los antiguos caminos seguidos por Fernando González en su ‘Viaje a pie’, adicionalmente hacer una lectura cultural, ambiental y patrimonial de los territorios de acuerdo a las ideas de este filósofo. Allí aprendemos sobre geografía, conflicto armado, historia, economía campesina, sobre el desarrollo rural, el paisaje.

Hemos hecho una investigación de más de 10 años sobre cuáles fueron los caminos antiguos que él siguió. Hay muchos que están conservados, otros han sido alterados. Con el texto en mano vamos siguiendo las paradas que él hace, las fondas donde escribió o lugares donde se hospedó. Hemos logrado hacer un seguimiento muy detallado de lo que se expresa en el libro.

¿Cómo surge la idea?

J.L.T. Esta idea nace de un sueño en común que tenemos varias personas apasionadas por el senderismo, estudiosos de los caminos antiguos, de la historia de los caminos.

Yo traía la idea desde Europa, allá en muchos países realizan este tipo de recorridos literarios, por ejemplo el del Quijote. Le comenté a Julio Hernán Calle, director de las caminatas del Inder y Jesús Antonio Camacho, que es un estudioso de los caminos, e iniciamos con este sueño.

Nos encontramos en este sueño, y ahí es cuando surge un esquema para llevarlo a cabo. Hoy llevamos once años realizando este viaje.

¿Desde qué año se realiza el recorrido del Viaje a Pie y quiénes pueden participar de él?

J.L.T. Hemos realizado once viajes a pie. Desde el 2009 hasta el 2019 lo hemos hecho todos los años de forma ininterrumpida, siempre en el mes de enero.

En el viaje pueden participar personas que tengan la misma intención de integrar muchas dimensiones del territorio mediante una travesía o una caminata. Estas personas que están tocadas por conocer su territorio, por tener una relación directa con él y que deseen aprender de primera mano el lugar donde viven. Ellos son los llamados a hacer este viaje.

Lo que más deseamos es que esto sea un camino como lo es el de Santiago de Compostela en España, pero que este sea el de San Fernando González, quien se convirtió en una especie de apóstol para los jóvenes nadaístas y soñadores literarios en Antioquia, como lo fue Gonzalo Arango.

En el recorrido se hace una lectura del libro Viaje a pie ¿Cómo es la comparación entre los paisajes que describe en su libro Fernando González y los paisajes actuales?

J.L.T. El camino tiene dos dimensiones principales: la dimensión física y la espiritual.

Cuando hablamos de la física nos referimos al camino que hacen las mulas, por ejemplo, ellas hacen un camino concentradas en llevar su carga de mercado. Muchas personas hacen los caminos pensando en mantener su estado físico, hacer una contemplación del paisaje o disfrutar con los amigos; pero no van más allá del momento.

Por otra parte, la dimensión espiritual está relacionada con la conexión entre mente, espíritu y el camino. En esta dimensión reflexionamos sobre nuestra cotidianidad, la vida, la muerte, dios, el lugar donde vivimos, las personas que cohabitan ese espacio, sobre nuestros miedos y alegrías. Nos hace crecer como seres únicos en el universo.

Fernando González en su existencialismo inició el camino buscando una excusa para hablar libremente sobre toda la problemática política que vivía el país en ese entonces y su confrontación con los caciques del gobierno colombiano.

En ese sentido, el camino físico tiene unos cambios muy visibles. Hay mucha deforestación, muchos paisajes que eran cafeteros se han tornado ganaderos, otros han sido urbanizados por la nueva ola de personas que se quieren ir de la ciudad por la contaminación; pero la dimensión espiritual permanece muy igual a como la describió Fernando González hace 90 años, a nivel de la religión, de la política, de los miedos y las confrontaciones personales.

¿Cuáles lugares destaca dentro de este recorrido por su belleza o importancia dentro de la obra de Fernando González?

J.L.T. La fonda del Rio Piedras en La Ceja. Allí Fernando González hace toda una reflexión sobre la ingratitud del pueblo colombiano con Simón Bolívar.

Más adelante hay otra fonda sobre el Río Buey, yendo hacía Abejorral. Allí Fernando golpea con un freno de mula a un míster, un extranjero que estaba hablando mal del pueblo colombiano, lo golpea porque no está de acuerdo con que un extranjero venga a hablar mal de su tierra.

Luego tenemos el Cañón del Río Arma, un lugar donde Fernando González reflexiona sobre lo difícil que es caminar y vencer la ley de la gravedad. Dice que somos unos parásitos pegados a la tierra y de ahí viene ese deseo de volar como ángeles. Ese deseo viene porque somos todo lo contrario.

Otro lugar es Aguadas, Caldas, donde hizo una reflexión sobre la muerte y la lucha bipartidista y fratricida que ha acompañado por siempre a este pueblo, sobre ese cadáver que llevan al cementerio, que es lo más importante en ese ritual funerario.

Posteriormente llega a Aránzazu, quizá el pueblo que más textos tiene en el libro. Allí encontramos el cementerio de Aránzazu, las personas mirando detrás de las cortinas y el diablo. El diablo es uno de los grandes personajes del libro, hay por lo menos 55 o 60 citaciones al diablo. Fernando dice que el gamonal del pueblo antioqueño es el diablo y que a toda hora lo tienen presente.

Finalmente llegamos a Manizales. Ese pueblo que Fernando muestra como una molar de una mandíbula llena de cemento. El maestro González hace unos textos muy hermosos sobre esa morfología andina de Manizales  

¿Hay alguna lectura sobre la transformación de esta ruta desde 1929 hasta nuestros días?

J.L.T. No hay ningún estudio sobre esa transformación de paisaje en estos 90 años. Está por hacerse y nosotros venimos pensando precisamente en eso. No solo con Fernando González, sino también con Tomás Carrasquilla y los caminos de La marquesa de Yolombó, la ruta de islitas por Santa Elena que hace 100 años era la ruta del comercio en Antioquia. Tenemos alrededor de 20 recorridos muy importantes en Antioquia y estamos enfocados en hacer un estudio sobre cómo se han transformado esos paisajes.

¿Hay tiempo de filosofar en este recorrido? ¿Qué conclusiones o aprendizajes ha obtenido en la realización de esta ruta a pie?

J.L.T. A todo momento es lo que queremos inculcar en el viajero, que sea un camino espiritual y de viaje hacía nosotros mismos como lo decían el maestro González y Gonzalo Arango.

Las conclusiones que yo tengo desde hace once años que empezamos a hacer la ruta es que nuestro pueblo necesita opciones para pensarse, para hacerse una autocrítica de sí mismo, para aportar a una construcción colectiva más armónica.

Muchos viajeros que han hecho el recorrido nos han manifestado que este es un camino espiritual para aprender a encontrarnos y a redescubrirnos.

Fernando González nos invita a eso: a analizar todas las problemáticas políticas y territoriales que nos han llevado a enfrentarnos con nuestros hermanos, a que hagamos un autoanálisis colectivo y que sepamos salir adelante con toda esta problemática.

¿Qué momento en todos los recorridos que han hecho describiría como el más revelador? ¿Cuál es ese momento que recuerda con mayor emoción?

J.L.T. Es muy difícil y lo he estado pensando un gran rato, pero no he podido encontrar un momento concreto. Todos los momentos son muy especiales (las salidas, las llegadas, las lecturas).

Alguna vez nos acompañó un filósofo existencialista canadiense, quien escribió un libro sobre Fernando González e hizo este viaje precisamente para completar su libro, también un periodista de El País de Gales que nos acompañó para escribir una historia, es un gran momento ver ese producto de un extranjero sobre El viaje a pie

Marco Mejía, el gran escritor antioqueño, también nos acompaña y tenemos una gran amistad con él. Sus tertulias y relatos de viaje nos hacen vibrar durante el camino. Es una experiencia maravillosa que se hayan compenetrado estas tres personas con el viaje.

¿Qué mensaje le daría a aquellos seguidores del maestro Fernando González que deseen realizar este viaje a píe en 2019?

J.L.T. Hagan una vez en su vida El viaje a pie, pero que no lo hagan desde la dimensión física de conocer el camino, sino que lo hagan desde la dimensión espiritual. Pueden hacerlo solos o con otras personas, pero que lo hagan.

Nosotros aconsejamos nuestro Viaje a pie porque lo hemos explorado y conocemos cuáles son las direcciones o la cartografía más fidedigna del camino que siguió Fernando González.

Hay algo simpático y es que buscando el camino entre El Retiro, La Ceja y Abejorral nos demoramos cuatro o cinco años y nadie conocía por dónde iba el camino antiguo de la colonización. Eso lo conocieron los arrieros hace 50, 60 u 80 años, pero ellos ya se murieron o son muy difícil de encontrar.

Nosotros ayudamos a que el viajero a pie se compenetre con esa dimensión espiritual y hacemos una introducción a lo que es un camino iniciático, que en la edad media era un camino espiritual para auto descubrirnos como seres únicos en el universo. Son algunos de los motivos por los que los invitamos a realizar el viaje a pie.

Tenemos una página que se llama Caminería Colombia, un blog. Ahí tenemos información e imágenes. Nos pueden escribir y a todos les contesto, los motivo y nos reunimos días antes para que se preparen. El próximo Viaje a pie es en enero del 2020, desde ya estamos empezando a dar información y preparando a quienes lo quieran hacer.