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Exposición Artística Templo del Agua: Río Bogotá
Templo del Agua: Río Bogotá. Leonel Vásquez

Escuchar el río y conectar con la vida que está en el agua

En el Templo del Agua: Río Bogotá, el artista Leonel Vásquez transforma el sonido, el silencio y el movimiento del agua en una experiencia que nos invita a reconsiderar nuestra relación con el río Bogotá, uno de los ríos más intervenidos del país. En la Semana Mundial del Agua, su obra hace una pregunta que va más allá de la contaminación: ¿qué cambiaría si aprendemos a escuchar el río antes de declararlo perdido?

Hay lugares del río Bogotá donde el agua parece guardar silencio. Cuando el río Bogotá cruza la Sabana y pasa por zonas densamente pobladas y por años de intervención humana, la superficie del agua se vuelve oscura y da la sensación de un cuerpo cansado, un río sin la energía que tuvo antes. Leonel Vásquez decidió escucharlo

Al sumergir un hidrófono, dispositivo que permite captar sonidos bajo el agua, encontró algo que la mirada no podía revelar. Bajo la superficie ocurrían pequeñas explosiones sonoras, eran manifestaciones de procesos biológicos que continuaban desarrollándose allí. Para el artista, aquello modificó radicalmente una idea repetida durante años: el río está muerto. 

“Pero cuando lo empiezas a escuchar, te das cuenta de que no es así. El río tiene vida. Hay bacterias anaeróbicas que consumen material y realizan procesos de liberación”, dice Vásquez. Los organismos convierten la putrefacción en vida. Cuando el río encuentra piedras y su movimiento aumenta, la experiencia sonora cambia nuevamente, porque “el sonido del río es su propia respiración”. 

Escuchar esa respiración es una de las ideas que atraviesa Templo del Agua: Río Bogotá, una obra en la que Vásquez propone modificar la manera en que nos aproximamos al agua. En lugar de observar como único recurso, el artista construye un espacio para detenerse frente a ella, escucharla y reconocer su capacidad de actuar. La reflexión adquiere una resonancia particular durante la Semana Mundial del Agua, un escenario internacional dedicado a pensar los desafíos sociales, ambientales y económicos relacionados con lo hídrico. 

Para entender por qué Vásquez decidió construir un templo alrededor del agua del río Bogotá, hay que volver al territorio desde el que él observa el mundo. 

Templo del Agua: Río Bogotá

Entre aguas cristalinas y oscuras 

Leonel Vásquez vive en Sibaté, al sur de la Sabana de Bogotá, sus días transcurren entre el páramo de Sumapaz y el embalse del Muña. En pocos kilómetros, el agua que baja de la montaña se junta con un paisaje que la gente ha transformado. Para él habitar esa contradicción terminó construyendo una sensibilidad ecológica, política y artística

Aunque proviene de la escultura, su trabajo ha transitado hacía prácticas en las que objetos, espacios y sonidos se entrelazan. Él las piensa como arquitecturas ceremoniales capaces de provocar posturas críticas y afectivas frente a los cambios que hemos hecho en la naturaleza. 

Cuando habla de su trayectoria, evita situarse solo como artista, “me podría presentar como un hacedor de objetos, creo que más que artista soy un sujeto político”, menciona. Desde allí nace Templo del Agua, no como una obra aislada, sino como el resultado de años de investigación sobre los fenómenos hídricos y de una pregunta constante sobre nuestra relación con los ríos. 

Las aguas presentes en la obra se recogieron en la cuenca alta del río Bogotá, al trasladarlas a un espacio expositivo se buscó generar un encuentro diferente al que muchos habitantes de la Sabana tenían con el río. Ese encuentro, alejado del olor, del color oscuro y de las imágenes de contaminación, cambia la forma en que vemos ese cuerpo hídrico y restaura la relación rota que tenemos con él.

Templo del Agua: Río Bogotá

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Ponerles cuerdas vocales a los ríos

El artista ha desarrollado luthería anfibia: dispositivos y artefactos para aproximarse a la vibración del agua. El término recuerda a la luthería tradicional, el oficio de construir y reparar instrumentos musicales, pero con un factor diferenciador relevante. Los dispositivos no tratan de dominar el agua para crear una pieza ya pensada; es el agua misma, con sus corrientes, movimientos y fluctuaciones, la que configura lo que se escucha. “Es como ponerle las cuerdas vocales a los ríos”, dice Vásquez. 

La metáfora tiene un límite destacable. El objetivo no es antropomorfizar el río ni pensar que necesita una voz humana para hablar; la apuesta es lo contrario, reconocer que hay formas de expresión que no pasan por nuestros códigos

Callar para escuchar 

Escuchar exige renunciar momentáneamente a ocupar todo el espacio. Leonel ha dedicado su trabajo a producir actos de escucha, de ahí que el silencio tenga un papel fundamental en Templo del Agua. No se trata de un vacío ni de la ausencia absoluta de sonidos, sino que se transforma en una forma de ceder. 

También sale a la luz el concepto de desaceleración, cambiar el ritmo para percibir lo que normalmente pasa inadvertido. Además, la obra invita a pensar en nuestra primera experiencia sensorial: “estuvimos en las aguas del vientre materno y escuchamos desde allí”, denotando la relación más directa que tiene lo hídrico con lo vital. 

Templo del Agua: Río Bogotá

Agradecer un vaso de agua 

Vasquez no presenta Templo del Agua como una solución material a la crisis hídrica. Actúa interviniendo en las narrativas, percepciones y sensibilidades desde las que decidimos qué es lo que merece cuidado. 

Por eso, uno de los gestos que sugiere nace desde lo cotidiano: agradecer. Agradecer el agua cuando bebemos un vaso, reconocer los procesos que hicieron que ella llegara hasta allí y dejar de pensar que el agua es ilimitada. Esa dimensión ritual no se separa de la parte política, al contrario, convergen para transformar lo que valoramos. 

En este momento la conversación internacional sobre el agua trata de unir la protección de los ecosistemas con decisiones sociales, económicas y climáticas. La obra de Leonel Vásquez añade una idea más: antes de administrar el recurso hídrico, tal vez sea necesario preguntarnos qué creemos que es el agua y qué lugar tiene en nuestra vida. 

Templo del Agua: Río Bogotá no pretende ocultar las heridas del río ni negar lo que hemos hecho con él; nos invita a preguntarnos si, detrás de esas aguas oscuras, somos capaces de reconocer algo vivo que todavía podemos aprender a escuchar.

Templo del Agua: Río Bogotá
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