Danza sin fronteras: el lenguaje universal que, celebra el mundo cada 29 de abril
La danza ha acompañado a la humanidad desde tiempos ancestrales. A través del movimiento corporal, las personas han encontrado una forma de comunicarse, interactuar y representar su realidad, la danza también transforma territorios, conecta historias y mantiene vivas nuestras raíces.
Cada 29 de abril, el mundo conmemora el Día Internacional de la Danza, una fecha dedicada a resaltar el valor de esta expresión artística que trasciende culturas, idiomas y fronteras.
La celebración fue proclamada en 1982 por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), a partir de una iniciativa del Comité Internacional de Danza.
La elección de esta fecha no es casual. Coincide con el natalicio de Jean-Georges Noverre, bailarín y coreógrafo francés considerado el padre del ballet moderno.
Su legado marcó un antes y un después en la historia de la danza, al impulsar una visión en la que el movimiento no solo era técnica, sino también una poderosa forma de expresar emociones, ideas y experiencias humanas.
La danza ha acompañado a la humanidad desde tiempos ancestrales. A través del movimiento corporal, las personas han encontrado una forma de comunicarse, interactuar y representar su realidad.
Ya sea con fines artísticos, culturales, religiosos o de entretenimiento, el baile refleja la esencia de cada sociedad.
En Colombia, la danza también es símbolo de diversidad y mestizaje. Sus raíces combinan influencias indígenas, africanas y europeas, dando lugar a ritmos y movimientos que narran historias de trabajo, naturaleza y tradición.
El bambuco, por ejemplo, representa el espíritu campesino de la región andina y se ha consolidado como una de las expresiones más emblemáticas del país.
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Para quienes han encontrado en este arte un estilo de vida, la danza es mucho más que movimiento, es un lenguaje que une, sana y transforma.
En cada paso se tejen historias, se reconocen identidades y se abren caminos para el encuentro, en contextos donde han existido barreras o conflictos, la danza se convierte en una herramienta poderosa para construir espacios de paz, porque invita al respeto, a la unión, el diálogo y a la empatía.
Darien López, licenciado en danza y folclor, gestor cultural del municipio de Fundación, Magdalena, que hoy dedica su vida a enseñar es un apasionado de la danza, que en cada paso cuenta una historia, indicando que dedicarse a ella no fue una elección, sino un llamado, que ha marcado el ritmo de su vida y hoy se siente orgulloso.
“Mi amor por la danza, nace como una esperanza de desahogo, crecí en un hogar bastante humilde, y en la danza encontré plenitud, me alegraba la vida, descubrir en cada paso tradiciones e historias que se podían narrar con el cuerpo, me interesó mucho y empecé a indagar sobre este bonito arte y cuando quise ver ya estaba liderando coreografías y promoviendo arte en mi municipio, convirtiéndose en lo que me identifica en la vida, porque a donde voy me relacionan y me conocen por lo que hago y eso me hace sentir orgulloso”.
Conversando con Darien, sobre el recorrido que ha marcado su trayectoria y el significado de mantenerse vigente en el mundo de la danza, el artista hace una pausa y reflexiona sobre los aprendizajes que le ha dejado este camino.
Para él, más allá del escenario, la danza representa un lenguaje vivo que conecta historias, territorios y emociones, y cuya permanencia depende del compromiso colectivo por seguirla cultivando.
En sus palabras, la danza deja de ser solo un arte para convertirse en un lenguaje común, capaz de reunir a quienes vienen de contextos distintos, de tender puentes donde antes había distancia.
Es ahí donde su testimonio cobra fuerza: no se trata únicamente de pasos coreografiados, sino de historias que se entrelazan, de identidades que se reconocen y de comunidades que, a través del ritmo, descubren nuevas maneras de convivir.
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La Danza en el Magdalena: Expresión viva de los pueblos
La danza en el Magdalena es mucho más que movimiento, es memoria, identidad y resistencia cultural.
En cada paso, giro y ritmo se narran historias que han atravesado generaciones, desde las raíces indígenas y africanas hasta las influencias coloniales que han moldeado la riqueza cultural del territorio, es una expresión viva de los pueblos, que permite reconocer su diversidad, sus luchas y sus formas de celebrar la vida.
En el departamento del Magdalena, ritmos como la cumbia ocupan un lugar central, este género, declarado en 2022 como Patrimonio Cultural de la Nación, representa una de las expresiones más emblemáticas del Caribe colombiano.
Su origen se remonta a la época colonial y es el resultado de un encuentro triétnico entre comunidades indígenas, afrodescendientes y europeas, que fusionaron sus tradiciones musicales, corporales y simbólicas.
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En ese contexto, el municipio de El Banco, se ha consolidado como el epicentro de la cumbia en el Magdalena y en Colombia. Cada año, el Festival Nacional de la Cumbia exalta esta tradición que dialoga con el río Magdalena en la piragua de
Guillermo Cubillos y que ha logrado proyectarse a nivel internacional como símbolo del folclor del país.
De acuerdo con investigaciones del sociólogo Edgar Rey Sinning, el origen de la cumbia se remonta a las prácticas rituales de las comunidades nativas Pocabuyanas.
“La cumbia nació de ceremonias funerarias en las que se despedía a los caciques, danzando en sentido contrario a las manecillas del reloj”, explica el investigador, una tradición que con el tiempo dio lugar a la expresión cultural que hoy identifica a toda una región.
Así, la danza en el Magdalena no solo se baila, se siente, se vive y se comparte como una manifestación profunda del alma colectiva de sus pueblos, que sigue latiendo con fuerza en cada repique de tambor, en el viento que se siente con los giros de cada pollera y en cada historia que se cuenta con el cuerpo.
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