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'Flor de Cerezo', la música de gaita vestida de mujer

Un grupo folclórico integrado solo por mujeres se robó las miradas y los aplausos en la edición 31 del Festival Nacional Autóctono de Gaitas de San Jacinto, Bolívar.
Flor de Cerezo ganadoras Gaita Larga Aficionada | San Jacinto
Ferias y fiestas
Foto: Cortesía del Festival Nacional Autóctono de Gaitas de San Jacinto
Edgardo Ochoa

Eran las tres de la mañana y la plaza central de San Jacinto, Bolívar, aún permanecía llena de propios y visitantes que esperaban bajo la brisa fría, que baja del cerro de Maco, el resultado de quienes serían los ganadores de la edición 31 del Festival Nacional Autóctono de Gaitas, que este año regresó a la presencialidad.

Mientras que la presentadora realizaba las típicas menciones de los auspiciadores del evento y preguntaba repetidamente, ¿Dónde están los que les gusta la gaita? Y el público respondía efusivo, “aquí en San Jacinto”, por el costado izquierdo de la inmensa tarima cultural, Armando Tapia Gloria, presidente de la fundación encargada de realizar el evento, llegaba con el sobre amarillo que traía los resultados que todo el mundo esperaba ansioso.

En medio del público, seis mujeres con pinta de no ser de estas tierras, esperaban impacientes y nerviosas los resultados de la categoría Gaita Larga Aficionada. 


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Ellas son las integrantes de la agrupación folclórica ‘Flor de Cerezo’, de Bogotá, un grupo que se formó hace dos años con el fin de tocar la música de gaitas y representar el poder femenino a través de ella.

Una 'Flor de Cerezo' iluminó a San Jacinto

Festival Nacional Autóctono de Gaitas de San Jacinto
Cortesía del Festival Nacional Autóctono de Gaitas de San Jacinto

Erika Peralta, gaitera hembra del grupo de ‘Las Cachacas’ -así las bautizaron en San Jacinto- cuenta cómo nació esta agrupación.

“Hace dos años nos juntamos para cumplir un compromiso y nos dimos cuenta que sonamos bien y decidimos empezar con este proyecto que va mucho más allá de la música, porque queremos ser un referente en un medio que históricamente ha sido dominado por hombres”, asegura la mujer nacida en Socorro, Santander, sin quitarle las manos y la vista a la ‘Ocarina de Oro’, trofeo que obtienen los ganadores de las diferentes categorías del festival de Gaitas de San Jacinto.

A su lado está Vilma Ibargüen Petro, una mujer de tez morena, abundante cabellera rizada y gafas anaranjadas, quien complementa lo que con voz entrecortada está contando Erika:

“En mi caso yo crecí escuchando música, pues en mi casa, mi tío Guillermo Petro practicaba casi que a diario. Aprendí a tocar el llamador, pero estaba enamorada de la tambora, aunque no me dejaban tocarla. Hasta que un día le dije que yo también tenía dos manos como cualquier hombre”, recuerda soltando una enorme risa, propia del cruce entre un chocoano y una cordobesa.

Una santadereana, tres bogotanas, una sanjacintera y una cartagenera, no solo convencieron al jurado que las eligió como las ganadoras de la categoría Gaita larga Aficionada, si no que enamoraron a todo un pueblo por su gracia, compenetración y la forma tan hermosamente correcta con la que interpretaron los aires representativos de la música ancestral de gaitas, que en su vuelta a la plaza se vistió de mujer.

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