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Helado de diabolín, el invento que endulza el paladar de los sucreños

Los responsables de una empresa dedicada a los helados artesanales decidió innovar con ese particular sabor, superando las expectativas.
José David Oquendo

La sede de la heladería Pitufilandia, en Corozal (Sucre) se caracteriza por el vaivén de personas que llegan a degustar el amplio catálogo de sabores que van desde el ajonjolí y el níspero hasta el ñame, el corozo y el mango biche. El paso por allí es obligatorio para todos aquellos que visiten el municipio y quieran relacionarse con la gastronomía local.

Margarita Torres Villalba, una de las responsables de la heladería, divide su tiempo entre la enseñanza del inglés y la microempresa familiar. Para ella, lo inusual sería que cesara la romería de gente por su negocio, aunque reconoce que, desde febrero, cuando se estrenó el sabor a diabolín, la clientela ha ido en aumento.

La también docente le atribuye a su hijo el ‘invento’ de combinar el diabolín (un pasabocas a base de almidón) con cremas dulces para transformarlo en helado.

“Él ya ha innovado con muchos sabores, hasta que me dijo que quería hacer algo autóctono, aunque yo creía que ya no había nada nuevo para experimentar. Así fue como surgió esa bendición”, narra.

Gastronomía en Corozal, Sucre: Helado de diabolín

Dos intentos le bastaron a Leonardo Muleth Torres, hijo de Margarita, para hallar la fórmula definitiva que la sacaría del estadio. Si acaso quedaba un rastro de incredulidad en cuanto al nuevo sabor, este se disipó cuando Regina Villalba (94 años), pionera del negocio, bendijo el resultado final. A partir del estreno, la avalancha de pedidos no se hizo esperar.

“La aceptación ha sido total. Cuando llevaba la cuenta, antes de la avalancha, íbamos por entre 300 y 350 pedidos diarios”. Las ansias del público desbordaron la capacidad de la heladería, así que no quedó más remedio que cerrar por unos días para dedicarse exclusivamente a producir helado de diabolín. Pero a esas alturas el entusiasmo era incontenible.


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Muestra de ello -prosigue Margarita Torres- son un grupo de jóvenes que por aquellos días llegaron en la noche, cuando ya las puertas de la heladería estaban cerradas, procedentes de Magangué (a una hora y media de camino por carretera) y rogando por un poco de helado de diabolín. Incrédula, les dijo que sí había, pero recién hecho y, por tal motivo, blando. “No nos importa”, respondieron. Hasta que un conocido suyo confirmó que el grupo sí venía de donde dijo, pues era amigo de varios de sus integrantes.

Gastronomía en Corozal, Sucre: Helado de diabolín

Los administradores de Pitufilandia no solo le apuntan al paladar, sino a la mente. El nombre del negocio es un guiño para despertar la nostalgia de una generación que creció viendo caricaturas y dibujos animados, y a los niños que mantienen la costumbre. Para los más pequeños, otro de los ‘ganchos’ es incentivar el consumo de frutas típicas en una presentación que les resulta más agradable.

“Otro de los encantos”, explica Margarita Torres, “es que es un helado casero. Eso marca la diferencia. Hay muchos helados ricos, pero se sabe que tienen químicos y son artificiales. Pero la persona que sabe lo que es un producto natural encuentra la diferencia de una. La combinación del dulce del helado con el salado del diabolín es indescriptible”.

Gastronomía en Corozal, Sucre: Helado de diabolín

Del ámbito sucreño, la popularidad del helado de diabolín escaló a las redes sociales y, a partir de allí, el alcance es inatajable. A Pitufilandia empezaron a llegar llamadas desde Canadá, Nueva Zelanda, Australia, España, Noruega, España, Francia, Dinamarca, entre otros países, preguntando sobre la posibilidad de un envío.

La fabricación de los helados se ha optimizado con una máquina de última tecnología adquirida recientemente, la cual refuerza el trabajo de otras dos que, de lo contrario, no habría sido posible abastecer la demanda de las últimas semanas. Sin embargo, para la familia Torres Villalba el proceso continúa siendo artesanal en gran medida y consideran que en ello radica el secreto para lograr un sabor inolvidable.

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